Camboya, otra vez
Durante años me había resistido a volver a Camboya, pero la reciente visita de unos amigos cambió mi decisión. Los viajeros no conocían Phnom Penh e insistían en incluir la ciudad en un itinerario turístico que yo había limitado al sur de Vietnam. Me escudaba en que ellos ya conocían Siem Reap y el cercano Angkor y, con eso, habían visto todo lo que merece la pena verse en el país. No era verdad y yo lo sabía; mi contumacia se debía a que yo no quería volver allí. Pero Saigón está a tiro de piedra de la capital de Camboya y hay autobuses prácticamente a todas las horas del día. Sólo tardan un poco más que el avión y permiten hacerse una idea del paisaje camboyano. Fue la mía una resistencia inicialmente firme pero, a la postre, vencida, porque me sentía incapaz de dar una explicación razonable a mi empecinamiento; así que, por no sentar plaza de cabezota, me vi subido al autobús y resignado a trastear de nuevo con Phnom Penh, más una obligada extensión a Siem Reap.







