Karaoke
Otra vez. Estos estudiantes chinos me agasajan sin parar. Seguramente piensan que no tengo nada que hacer en los fines de semana y me llevan y me traen como a un zarandillo para que no me aburra. Banquete de bienvenida, sarao el Día del Profesor, cena de los adioses. Cada vez que vengo a dar unos cursos, me caen además un par de recitales de bel canto. No saben mis estudiantes, ni yo me atrevo a decírselo, que pocas cosas aborrezco tanto como los estropicios canoros perpetrados en la clandestinidad de un karaoke. Hace varios años no sólo me hicieron cantar Macarena, por aquello de mi nacionalidad, sino que, mientras yo peinaba arpegios, las chicas de la clase se marcaban una rumbita sincronizada al compás.






