Julio Aramberri

Café Batavia

Uno de los pocos edificios coloniales que se conservan en buen estado en Batavia, al norte de la inmensamente más grande Yakarta de hoy, es un café con el mismo nombre de la antigua capital colonial holandesa. El café se presenta como un resto venerable de aquellos tiempos, pero eso es verdad sólo en parte. El edificio que lo alberga data, efectivamente, de comienzos del siglo XIX, pero en la era colonial cobijaba un almacén de abarrotes, destinados a salir hacia la metrópoli desde el puerto cercano. El café actual es una creación reciente en busca de nueva identidad en la nostalgia. Nostalgia no de la colonia en sí misma, porque esto sería anatema para los clientes que hoy lo frecuentan, en su mayoría turistas extranjeros. Por el aspecto de los que yo he podido ver, muchos de ellos se abstendrían de pisarlo si fuera ésa la razón de su existencia. La nostalgia que efluye del Café Batavia es otra.

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Lacan con grelos

Hubiera continuado en mi apacible e indocta ignorancia de Slavoj Žižek de no haber leído una crítica de sus últimos libros escrita por John Gray para The New York Review of Books. Vaya por delante que tengo a Gray por un snob; la expresión española petimetre o lechuguino sería más adecuada, pero prefiero dejarlo en inglés, que da un aire más académico. Gray está siempre atento a las novedades antes que a las ideas, e igual convierte a Saint-Simon en el pensador clave de los tiempos modernos que caza talentos –como el de Žižek– en los que pocos habían reparado antes. Con elogios de media boca (con la otra media da a entender alguna disconformidad no bien explayada), Gray confirmaba una vez más su prodigioso talento para convertirse en la comadrona de cualquier parto de los montes que se tercie. Pero el personaje de Žižek me intrigó.

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Marionetas

Las colonias holandesas llevan fama de haber sido las más devastadas por la rapacidad de sus ocupantes extranjeros. Al menos así lo cuentan en Indonesia. Tal vez sea cierto, aunque también recuerdan allí la rapiña y la brutalidad de la ocupación japonesa, por más que fuera mucho más corta. El 8 de diciembre de 1941, tras el ataque a Pearl Harbour, junto con Estados Unidos y Gran Bretaña, la reina Guillermina de Holanda y su Gobierno, en el exilio de Londres desde la invasión alemana del mayo anterior, declararon la guerra a Japón. En los primeros meses de 1942, las tropas japonesas ocuparon lo que los holandeses llamaban sus Indias Orientales (Oost-Indië) y permanecieron en ellas hasta la rendición del Mikado en agosto de 1945. Un informe posterior de Naciones Unidas cifraba en cuatro millones las bajas entre la población local de resultas de la ocupación.

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Vietnam para los vietnamitas

El 30 de abril, Vietnam celebra lo que aquí en Saigón se define piadosamente como el Día de la Reunificación Nacional. Las calles se engalanan con banderas, gallardetes y luces de colores y la imagen del tío H? te mira desde todos los lados. Durante el día hay numerosos actos patrióticos y se inauguran obras públicas. En 2013 se organizó también un concurrido maratón popular. Por la noche, los saigoneses se echan a la calle en mayor número de lo habitual para reunirse en grupos y cenar juntos. Como el día siguiente, 1 de mayo, es también festivo, se acuestan tarde aprovechando una larga vacación que no suele ser frecuente en el país. Los vietnamitas, según el calendario laboral, trabajan, con perdón, como chinos.

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Hun Sen

El próximo mes de julio se celebrarán elecciones en Camboya y todo el mundo sabe que va a ganarlas el partido del primer ministro. Lo que saben muchos menos es cómo se llama su partido y quién es ese primer ministro. Refresquemos la memoria para salir de una disculpable ignorancia. Son, respectivamente, CPP (por las siglas en inglés de Cambodia People’s Party) y Hun Sen.

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BKK 1

«Phnom Penh es mucho más cosmopolita que Saigón», me decía un amigo que vive en la primera ciudad durante una reciente visita mía. Lo hacía con un tonillo desafiante, como si, por vivir en Saigón, yo tuviera obligación de sacar la cara por mi ciudad. Nada tan lejos de mi intención, porque en general comparto la opinión de mi colega. Pero en todo hay matices.

Si se comparan los centros modernos de ambas ciudades, el Distrito 1 de Saigón y el de Boeung Keng Kang en Phnom Penh (BKK-1, en la jerga local, es el espacio delimitado por la avenida Sihanouk al norte, la de Mao Tse-tung al sur, y las de Monivong y Norodom al oeste y este), no hay discusión. A pesar de una notable diferencia entre sus poblaciones (alrededor de ocho millones en Saigón y tan solo dos millones en Phnom Penh) y entre sus flujos turísticos (Saigón tiene muchos más visitantes extranjeros que Phnom Penh), en BKK-1 se respira un aire más cosmopolita.

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Una novela negra como el carbón

El 7 de febrero de 2012, en una tarde fría y ventosa, entraba Wang Liyun por la puerta del consulado de Estados Unidos en Chengdu, la capital de la provincia china de Sichuan. Wang no era un chino cualquiera, sino el recién destituido jefe de la policía de Chongqing y todavía gobernador adjunto de ese distrito de más de treinta millones de habitantes. No iba a solicitar un visado, sino a pedir asilo político. No se sabe con certeza qué sucedió en las pocas horas que permaneció en el consulado (lo abandonó por propia voluntad al día siguiente), pero parece que, con su intento, Wang buscaba escapar de un supuesto o real plan de asesinato ordenado por Bo Xilai, el gobernador de la gran urbe y aún su jefe político. El incidente, que envolvía a un Estado extranjero, no podía mantenerse oculto al público chino que, atónito y en tiempo real, asistía a un complicadísimo thriller (wu da pian en pinyin). Pocos meses después, de resultas del lance, Wang Lijun sería condenado a quince años de cárcel, Bo Xilai perdería su brillante carrera política y a Gu Kailai, su mujer, le iba a caer una condena a muerte, suspendida, por el asesinato de Neil Heywood, un ciudadano británico.

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Singapureces

Si usted nació en Singapur, puede considerarse una persona afortunada. Según el almanaque de la CIA estadounidense, en 2012 la renta per cápita del país en términos de poder adquisitivo (Purchasing Power Parity, o PPP en la jerga de los economistas) se estimaba en 60.900 dólares estadounidenses. Si vive en una familia de cuatro personas que esté en la mitad de la distribución de la riqueza local, usted se quedaría justo por debajo del tipo impositivo que el presidente Obama quiere para los estadounidenses más ricos. Si su familia se encuentra en el primer decil estadístico de renta, los del 99% le considerarán uno de sus peores y más codiciosos enemigos. Si ha sido favorecido por el sistema de cuotas étnicas, perdón, multiculturales, de la ciudad-estado, es posible que haya tenido oportunidades de labrarse una carrera prestigiosa en un discreto segundo plano de la elite, acumulando honores amén de riquezas. Si, además, es usted un poco pretencioso, como parece serlo Kishore Mahbubani, es muy posible que le vengan a la cabeza e incluso publique unas cuantas singapureces.

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¿Y por qué no Singapur?

«Así que este adefesio es el famoso sireleón (Merlion). ¿Y los de aquí piensan que esto pueda rivalizar con el Colleoni de Verrocchio o la estatua ecuestre de Enrique IV en el Pont Neuf? Ya, ya sé que el corazón de las masas tiene razones que la razón desconoce y que soy un elitista, pero, con todos los respetos, esto es un bodrio insuperable». Los respetos van dirigidos a un colega israelí que me acompaña en el paseo y se ha convertido en guía turístico de ocasión durante mi corta estancia. Me ha invitado a dar un seminario en la Universidad Nacional, en la que está acabando su tesis doctoral, y por eso estoy en Singapur y en su compañía. El seminario tuvo muy poca audiencia, pero no creo que fuera eso lo que me decepcionó en la Ciudad del León (que eso significa Singapura en sánscrito). Mi piel sabe resistir la falta de atención. Bueno, un poco.

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Ciudad de ángeles (III)

Hace unos años. 

Salgo de mi hotel y me dispongo a tomar un taxi para ir a la avenida Yaowarat con la esquina del soi (calle lateral) Texas. Pasan varios de diferentes colores. Uno rosa que va despacio, buscando carga, me mira de arriba abajo y acelera. Mala suerte, no le he gustado. Otro azul para y, cuando le enseño la tarjeta que me han escrito en tai en el hotel, empieza a hacer gestos de confusión y me impide subir, arranca y se da de naja. ¿Habrán escrito una mentada de madre? «No», me aclaran más tarde en recepción, «muchos taxistas están recién llegados del campo y no saben leer. O se niegan a cogerle sin más». Dejo pasar a un taxi verde y amarillo, porque ésos son los peores. Finalmente, en otro rosa, el taxista se aviene a llevarme y me deja subir, en un gesto de gran señor. Habla algo de inglés y cuando le comento lo difícil que es ser aceptado por sus colegas, me lo explica. «Su destino está muy lejos de aquí y, para llegar, hay que cruzar toda la zona central. A estas horas, la circulación está imposible, con unos tapones inigualables. Para llegar a Yaowarat me va a hacer falta una hora, la mayor parte estaré parado.

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Ciudad de ángeles (II)

«Y a ti, ¿no te daría corte que te viesen conmigo tus amigos? La gente que nos rodea, ¿no te tomará por lo que no eres?», le pregunto a una amiga tai, antigua estudiante mía, con la que estoy cenando esa noche. «Somos como tantas parejas de ésas que pasean por Sukhumvit, un farang entrado en años con una chica que podría ser su hija pequeña, si no su nieta. ¿Acaso la gente no pensará que lo único que nos une es la pasta que quieres sacarme y que te dedicas al amor venal?», le digo en broma.

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Ciudad de ángeles (I)

De vuelta a Saigón tras un rápido e inesperado fin de semana en Bangkok. Me pasa con Bangkok lo que pasaba con París cuando vivía de joven en Madrid, y con Buenos Aires años más tarde siempre que llegaba allí desde Santiago de Chile. Piso Bangkok y me siento, por fin, en la capital. No comparto el entusiasmo ecologista por la Pacha Mama porque la naturaleza rebosa hormigas, mosquitos y otros bichos desagradables, y la sabiduría campesina me aburre. Me gustan las megalópolis, cuanto más grandes y modernas, mejor. Lamentablemente, aún no he podido llegarme a Chongqing, que, con sus cerca de treinta millones de habitantes, promete. Pero todo se andará. En la capital siempre hay aire acondicionado e Internet inalámbrico y mucha gente con sus millones de historias. Será por eso que, en cuanto puede, la gente del campo lía el petate y se manda mudar. O no. Me es igual. Lo que a mí me gusta es estar en la capital. Y Bangkok, en estos días, está estupenda, entre otras cosas, porque la economía de Tailandia es la que mejor funciona en el sudeste asiático.

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Recordamos a nuestros suscriptores que, con ocasión del regreso al papel de Revista de Libros, el día 10 de diciembre, a las 19.00h., en la Fundación Ramón Areces, la escritora Elvira Navarro, el periodista cultural Jesús García Calero y el filósofo Javier Moscoso dialogarán sobre cómo se transforman los géneros literarios y cambian los lectores; sobre cómo, en nuestros tiempos, las ficciones conviven con realidades, ya sea en la historia o en la literatura, o cómo el formato, ya sea digital o material, determina nuestra relación con los libros y sus críticos.

El mundo del libro, ese maravilloso invento que nos acompaña desde hace milenios, sufre en la actualidad transformaciones en su diseño, en su público y en sus propósitos. Así que, mientras aprendemos a leer en diagonal en los formatos digitales, seguimos pasando páginas, cuestionando premios y jurados, formando comunidades y asociaciones, y anunciando una y otra vez la muerte del papel que, afortunadamente, nunca llega a producirse.

Elvira Navarro es escritora de fama internacional. Su última obra publicada es La sangre está cayendo al patio.

Jesús García Calero es periodista, director de ABC Cultural.

Javier Moscoso, profesor de investigación del CSIC, es director de Revista de Libros.

Premio a la mejor contribución, reseña o ensayo, para menores de 35 años.

Con objeto de fomentar y poner en valor la escritura y la lectura crítica entre jóvenes talentos, y con la colaboración de la Fundació Banc Sabadell, Revista de Libros convoca el premio «Nuevas voces» destinado a reconocer reseñas y breves ensayos publicados en nuestras páginas. El premio, de carácter anual, tendrá una dotación económica de 1.000 euros, que se entregarán en un acto institucional en octubre de este año.