Del 11 al 17 de abril, la revista descansa por Semana Santa

Unos tipos (des)compuestos

Nunca, desde que, en nuestra tierna juventud, nos enseñaron la «fórmula del carrete», habíamos asistido a la confusión algebraica que se observa hoy en el seno de la opinión pública, ¿no, hermano? Tal regla nos ayudaba entonces a memorizar y recordar las, para nosotros, diabólicas fórmulas del interés simple y compuesto. La fórmula del interés simple es, sin embargo, muy sencilla y explica, como recordarán, que el rendimiento (no lo confundan con la rentabilidad obtenido en un periodo dado de tiempo de una inversión es el producto del montante de dicha inversión (el capital, «ca») por el tipo de interés en tanto por uno (rédito, «rre») y por el tiempo (en unidades coherentes con las del tipo de interés, «te»). Sencilla, pero inasequible para los jóvenes infantes que éramos entonces y que si algo no entendíamos era aquello de que el tiempo y el rédito debían entrar en la fórmula en unidades coherentes. ¡Toma!

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#FinLit

El alfabetismo financiero (financial literacy es la expresión en inglés, cada vez más visible en las redes como #FinLit) es de una gran importancia para los individuos, para las familias y para la sociedad. Podemos definirlo como la capacidad para entender conceptos financieros y para realizar operaciones algebraicas simples relacionadas con dichos conceptos, todo ello al servicio de una mejor gestión de las finanzas personales. Entran en esta categoría la gestión de ingresos y gastos, ahorros e inversiones durante la fase de acumulación (para la mayoría de nosotros, coincidiendo con la duración de la vida laboral), así como decisiones sobre la disponibilidad, durante la fase de des-acumulación, de los activos acumulados, incluidas decisiones sobre qué activos dejar en herencia.

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Las (buenas) pensiones

¡Qué raro… los Herce escribiendo de pensiones! A ver, o dicen algo nuevo o dejamos de leerlos. My goodness!

Hay gente que tiene un infatigable espíritu de ir a la contra, aunque viole sus propios principios. Lo bueno de la gente que carece de principios es que puede violarlos sin incurrir en contradicciones mientras contradice a los demás. Dicho esto, nos es casi imposible seguir escribiendo esta entrada (a ver cómo lo arreglamos).

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La productividad, la bolsa Y la vida

La (buena) educación, de la que hablamos en nuestra anterior entrada, es uno de los pilares de una buena sociedad y se manifiesta en muchas de sus dimensiones. Una de estas dimensiones, que contiene tras su aséptico nombre muchas de las claves del bienestar material, es la productividad.

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La (buena) educación

España tiene un grave problema educativo. Frecuentemente, en los debates y opiniones en medios y redes sociales, se alude a una serie de hechos incontrovertibles como los de que «cada gobierno (o legislatura) aplica una nueva reforma educativa», «los resultados del Informe PISA son malos y apenas mejoran» o «tenemos una de las mayores tasas de abandono escolar de nuestro entorno». También se vuelcan opiniones (más controvertibles) como la de que tenemos «las generaciones mejor preparadas de nuestra historia» o que «la calidad de la educación se mide por el enorme desempleo juvenil que tenemos».



[1] Paradójicamente, según el Barómetro del CIS del 1 de julio pasado, la educación figuraba en el lugar decimosegundo (indicador sintético) entre los problemas que tiene la sociedad española con solo el 0,2% de los encuestados situándolo en primer lugar, un 1,3% en segundo lugar y un 2,8% en tercer lugar (http://www.cis.es/cis/export/sites/default/-Archivos/Marginales/3280_3299/3288/es3288mar.pdf, página 7).

[2] En los últimos cincuenta años España ha tenido siete reformas educativas (de la LGE a la LOMCE), pasando por una reforma que no llegó a aplicarse (la LOCE) (https://www.lainformacion.com/asuntos-sociales/de-la-lge-a-la-lomce-el-drama-educativo-en-espana_r9FOwgl4C62KIS3Iva8Kg3/#:~:text=Desde%201970%2C%20Espa%C3%B1a%20ha%20sufrido,de%20la%20educaci%C3%B3n%20en%20Espa%C3%B1a.). En la actualidad, rige todavía la reforma del PP (LOMCE, 2013) a la LOE del PSOE de 2006 En estos momentos se encuentra en trámite, como proyecto de Ley aprobado por el gobierno, la LOMLOE (https://elpais.com/sociedad/2020-03-03/el-gobierno-aprueba-por-segunda-vez-el-anteproyecto-de-la-nueva-ley-de-educacion.html). De estas nueve iniciativas, la LGE se promulgó en el tardofranquismo y fue asumida por la UCD. El PSOE promulgó seis reformas, el PP solo promovió una que nunca llego a aplicarse y la vigente LOMCE.

[3] En los informes PISA, desde 2000 a 2018, España, en las capacidades de lectura», «matemáticas» y «ciencia», sobre una escala de 0 a 1000 (fuente) alcanza una graduación media (categorías y periodo) de 485. En ninguna categoría ni año particular, la marca de cada cruce (año-categoría, diecisiete en total) supera los 500/1000. En la oleada de 2006, en la categoría de «lectura», se encuentra la marca más baja del conjunto, 460,8 (una desviación de -24,59 respecto a la media), mientras que en la oleada de 2012, para la categoría de «ciencia» se alcanza un máximo de 496,4 (una desviación de +11,02). Estos datos reflejan el estancamiento del desempeño competencial básico de los escolares españoles, que además se sitúa en niveles medios de una amplia lista de países de todo rango económico (https://pisadataexplorer.oecd.org/ide/idepisa/report.aspx).

[4] La tasa de abandono temprano de la educación en España se situaba en 2019 en el 21,4% para los jóvenes de 18 a 24 años (hombres) y en el 13,0% para las mujeres. En 2014, esas mismas tasas eran del 25,6% y el 18,1%, respectivamente. En muchos casos casi el doble que la tasa media en la UE (https://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INESeccion_C&cid=1259925480602&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayout¶m1=PYSDetalle¶m3=1259924822888).

 

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El tipo de interés biológico (II)

Iniciamos el nuevo curso con el mismo tema con que concluimos el anterior: la mejora de la esperanza de vida que en promedio viene a ser hoy, en España, de unas 3,8 horas por día, según explicamos en la entrada precedente. Un tema de mucho «interés» y con multitud de dimensiones, algunas ya expuestas en dicha entrada y algunas otras que expondremos a continuación.

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El tipo de interés biológico (I)

La ciencia demográfica, tal como la entiende el común de los mortales, tiene un problema. En sus orígenes modernos la demografía empezó por contar almas. Como esto no era fácil, porque había (y sigue habiendo) mucho desalmado, en tiempos posteriores (y turbulentos) pasó a contar brazos (manque de bras, para motivar políticas natalistas) y, hoy, se ocupa sobre todo de contar cabezas (headcount).

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Aranceles y otras malas ideas para enfrentarse a China

El temor y la sospecha frente al resurgir económico y militar de China están muy extendidos entre gobernantes, burócratas, expertos y ciudadanos en muchos pases occidentales, al tiempo que se admira la capacidad de su capitalismo de estado para dirigir inversiones masivas hacia sectores de futuro como las energías alternativas o la educación (incluida la capacidad de crear millones de jóvenes violinistas que tanto impresiona a los sinófilos en las izquierdas europeas). El vertiginoso crecimiento de la economía china tras el establecimiento de la primera zona económica especial en la ciudad de Shenzhen en 1980 y, especialmente, tras la masacre de Tiananmén en 1989, ha convertido hoy a China en la segunda economía del mundo en términos absolutos, con un PIB en 2019 de 14,3 billones de dólares USA, representando un 66,9% del PIB estadounidense de 21,4 billones de dólares (en 1990, el PIB chino fue de 360,9 millardos de dólares, un 6,1% del PIB estadounidense de 5,96 billones de dólares).

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Filantropía, o la caridad bien entendida

Sabemos que «la caridad bien entendida empieza por uno mismo». Nos lo han dicho muchas veces (ya tenemos una cierta edad) y hasta nosotros lo hemos dicho en más de una ocasión. Puede que hartos todos por los abusos de los «amigos del sable». Pero esto es todo lo que diremos sobre la caridad en esta entrada. Porque, de lo que queremos hablar es del amor a la humanidad. Entiéndasenos, amor desinteresado a nuestros semejantes, sin contrapartida, incluso en detrimento de uno mismo. Queremos hablar de la filantropía.

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Mala deuda nunca muere

¿No crees, admirado hermano, que llevamos algunas semanas escribiendo de instituciones sociales (la Riqueza o la Deuda) que, de haberse manifestado siempre con todas las virtudes con que las adornamos, habrían contribuido a un melódico, si no modélico, concierto de naciones? Ya sé que nos curamos en salud con advertencias sobre el mal uso de dichas instituciones y que alertamos sobre lo frecuentemente caro que perseguir lo barato nos resulta. Pero nunca está de más avisar cuando nos acercamos a una piedra en la que los humanos venimos tropezando una y otra vez. Por eso, hoy nos vamos a entretener en una constante histórica que no cesa de causar estragos: la mala deuda.

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Riqueza, una odisea en el tiempo

No hace falta remontarse al Paleolítico para hablar de la riqueza, pero lo vamos a hacer, ¿no, hermano?

Hasta hace aproximadamente 9.000 años, cuando la domesticación de plantas y animales se generaliza en el Creciente Fértil, la humanidad vivía en asentamientos, generalmente nómadas, en grupos reducidos a «familias» de unos 25 miembros agrupadas en tribus de unas 20 familias, en las que había escasos excedentes y una muy primaria acumulación de riqueza (útiles de piedra, pieles y enseres básicos). La organización social de estos grupos humanos servía fundamentalmente a la consecución de los recursos en una economía de cazadores-recolectores y también se practicaba una división del trabajo, generalmente basada en el género.

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Lo barato es caro

Nuestra madre, que por mor de su profesión de modista antes de casarse (algún día hablaremos de los aspectos económicos de «la conciliación»), sabía apreciar la calidad de ciertas telas y lo basto de ciertas otras, solía decirnos a todos los hermanos que «lo barato es caro», una expresión que resultará familiar a muchos de nuestros lectores cuya niñez precedió al Régimen del 78. Y, como no nadábamos en la abundancia, precisamente por eso, nuestra madre predicaba con el ejemplo siempre que podía: un par de los legendarios y afamados zapatos del «sello verde», en los años sesenta del pasado siglo, duraban más del doble que dos pares de imitación; además de ser más bonitos y de traer de regalo una estupenda pelota de goma, muy apreciada entre la chiquillería.

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