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En 1950 nacieron en España más de 565 mil niños y niñas (el corrector se empeña en que ponga solo «niños», ¿qué hago, incomparable gemelo?), número que, por cierto, venía cayendo en los dos años precedentes desde los 642 mil nacimientos de 1948. Frente a los 360 de 2019, cualquiera diría que aquello era maná. En 1958, el número de nacimientos alcanzó por primera vez los 650 mil… ¡desde 1933! Volumen de nacimientos que se había superado quince veces entre 1901 y 1933. Una vez recuperada la cota de los 650 mil nacimientos en el citado 1958, esta ya no se abandonaría hasta veinte años más tarde. Es decir, entre 1958 y 1977 los nacimientos en España superaron los 650 mil (1957 se quedó muy cerca, con casi 647 mil, así que lo incluiremos más adelante). En concreto, en esos veinte años nacieron en nuestro país 13,4 millones de niños. En las dos décadas comprendidas entre 1978 y 1997 «solo» hubo 9 millones de nacimientos y otros 8,8 millones entre 1998 y 2017El INE ofrece abundantes datos demográficos, incluidos datos históricos que se retrotraen al siglo XIX. Para los datos contemporáneos desde 1971 y proyecciones de población hasta 2070 véase https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/categoria.htm?c=Estadistica_P&cid=1254734710984. Para datos históricos, véanse los Anuarios Estadísticos de los siglos XIX y XX en https://www.ine.es/inebaseweb/25687.do#.. ¡Toma!

Señoras y señores (y dale, maldito corrector, ¡haz algo hermano!), ¡qué datos más bonitos y elocuentes! ¿Cuántas veces se habrá dicho que las cohortes del baby boom eran las más numerosas de nuestra historia demográfica? Pues no, tan numerosas como estas eran las del primer tercio del siglo XX, desde luego, como mucho más numerosas eran las de la segunda mitad del siglo XIX. Como bien sabemos, sin embargo, la mortandad infantil a mediados del siglo XIX era monstruosa, y tampoco era reducida a edades posteriores. Hasta el punto de que, en 1900, en España, solo llegaba a los 65 años el 26,2% de los nacidos, mientras que en la actualidad llega más del 90%, según el INE. Nuestra cohorte, hermano, la de los nacidos en 1951, tuvo 650.659 nacimientos. Hoy quedamos una 450 mil personas nacidas en aquel año, cifra estimada que incluye el saldo migratorio actual de esta cohorte.

Nos da la impresión de que, mortandad específica de cada cohorte histórica aparte (lo cual no es un asunto menor, ojo), llevamos siglo y medio de nacimientos masivos en España que solo han empezado a reducirse de forma drástica, digamos por debajo de los 400 mil, desde 1991. Si bien, desde este año hasta 2019, se han registrado dieciséis años en los que los nacimientos superaron los 400 mil. En 2008, concretamente, hubo unos 520 mil nacimientos. Diríase que hay más baby boomers de los que parece.

Si has aguantado hasta aquí, paciente lectora (el gran Forges a menudo dibujaba a las chicas leyendo y a ellos de aquella manera), te preguntarás a qué viene tanta cifra y de qué sirve decir que todos somos baby boomers.

Hasta hace unas pocas décadas, los demógrafos españoles consideraban que las cohortes del baby boom eran las nacidas entre la primera mitad de los sesenta y la segunda mitad de los setenta del siglo pasado. Si se adoptan los límites 1957 a 1977, periodo marcado por más de 650 mil nacimientos, en la meseta que puede apreciarse en el gráfico siguiente, a simple vista, puede encontrarse una clara justificación para esta forma de ver el fenómeno demográfico al que hemos denominado baby boom. Pero también apreciamos inmediatamente que los nacimientos masivos de este periodo solo son algo mayores que los que se registraron en el primer tercio del siglo XX, muy anterior a las dos décadas del desarrollismo español, causa frecuentemente esgrimida como detonante del aumento de los nacimientos.

Resulta ahora, a raíz de unas declaraciones recientes del ministro de Seguridad Social, que el fenómeno del baby boom español ha perdido sus límites temporales y arrecian en las redes sociales los debates sobre su inicio y su finalEl pasado lunes 28 de junio los medios se hicieron eco del acuerdo alcanzado por la Mesa del Diálogo Social sobre una serie de medidas en materia de pensiones (https://www.europapress.es/economia/laboral-00346/noticia-gobierno-agentes-sociales-alcanzan-principio-acuerdo-reforma-pensiones-20210628134423.html). El jueves 1 de julio se procedía a la firma oficial del acuerdo social en el Palacio de la Moncloa (https://www.europapress.es/economia/laboral-00346/noticia-gobierno-agentes-sociales-firman-acuerdo-pensiones-garantizara-revalorizacion-conforme-ipc-20210701130054.html) y ese mismo día, en declaraciones a TVE, el ministro aludía al ajuste de las pensiones de los baby boomers, medida que no había formado parte del acuerdo social mencionado (https://www.europapress.es/economia/laboral-00346/noticia-pension-baby-boomers-sufrira-ajuste-moderado-nuevo-mecanismo-equidad-escriva-20210701101755.html). Inmediatamente se desató el interés de todos los medios porque nadie esperaba este tipo de debate el mismo día en que se celebraba el acuerdo social que no lo contemplaba. Al día siguiente, el ministro Escrivá matizó sus declaraciones de la víspera (https://www.bolsamania.com/noticias/economia/escriva-rectifica-ajuste-pension-baby-boomers-esta-por-definir–8026139.html). En esta rectificación, se aludió a los nacidos entre 1950 y 1970 como los baby boomers, lo que levantó la polémica sobre este fenómeno. Con los datos y el análisis del texto principal, se trata justamente de desarmar el debate sobre los límites temporales del fenómeno. Queda claro que al inicio de la década de los cincuenta se empezaba a recuperar la natalidad vigorosa del primer tercio del siglo XX y que este vigor, que alcanzó su cumbre en 1965-1975, comenzó a declinar en picado después de 1978. Como ilustra nuestro análisis, es en buena medida irrelevante, a efectos del futuro de las pensiones, cuando empieza y termina el baby boom. Llevamos varios años en los que las altas de jubilación son elevadas, vamos a asistir a un aumento apreciable del número de trabajadores que se jubila cada año que durará hasta 2050 aproximadamente, pero pasado este hito seguirán jubilándose cada año cientos de miles de trabajadores y si sus pensiones son entonces tan desequilibradas, actuarialmente hablando, como lo son ahora, seguiremos teniendo problemas de sostenibilidad.. Pues bien, la verdadera importancia de este fenómeno radica en que las cohortes de los baby boomers se acercan a su jubilación. Y nos echamos las manos (de los unos) a las cabezas (de los otros) a ver quien da más fuerte. No tenemos remedio.

Este fenómeno viene tensionando los sistemas del bienestar español desde los años sesenta y diríase que muchos no se han dado cuenta. A los nacidos en el primer tercio del siglo XX, entre que muchos fallecían antes de cumplir los cinco años, cuando, además, no se escolarizaba a los niños, los acompañó toda su vida una carencia sistémica de educación, sanidad, trabajo y pensiones en una España convulsa primero, dictatorial después y autárquica y mísera durante algunas décadas. Pero, a partir de los años sesenta, los nacidos en 1957 y años posteriores comenzaron a tensionar primero el sistema educativo, luego el sanitario, el laboral en los años ochenta, ya en plena transición, han sufrido, además, cuatro recesiones o crisis severas y, justo en estos momentos, se encuentran a las puertas de la jubilación.

Mas no conviene confundirse. Los nacidos en la segunda mitad de los años cincuenta (el inicio «oficial» del baby boom) se están jubilando ya, pero los nacidos en la segunda mitad de los años setenta (el fin «oficial» del baby boom) lo harán en 2047, contando con que la edad legal sean los 67 años que ahora figuran en el calendario oficial.

Si yo (o tú, incomparable gemelo) tuviese previsto jubilarme en 2047, aun siendo baby boomer, no me consideraría de la misma especie que la de los que se están jubilando ahora mismo. Porque, para empezar, tendría un cuarto de siglo para prepararme para esa jubilación. La pertinaz identificación de los nacidos en el periodo de marras como si fueran un bloque monolítico de ciudadanos con la misma mochila de valores y estilos de vida, que se jubilan todos de golpe, es una grosera simplificación que nubla la vista de la opinión pública, el criterio de los tertulianos (si es que estos lo tuvieran) y hasta el discernimiento de los decisores institucionales.

Atribuir los problemas de las pensiones a la jubilación de los baby boomers es un grave error. Porque, la verdad, baby boomers somos todos. Solo por eso, en realidad. No se crean que no hay problemas con las pensiones, porque los hay.

Por eso, la carrera en las redes para clarificar el fenómeno de los baby boomers es tan absurda como improductiva. Si el Sr. ministro de la cosa ha dicho que el fenómeno arranca en 1950, ¿creen Vds. que tienen más razón los que opinan que arranca mucho antes o mucho después? No, pero el caso es meterse con el Sr. ministro. Podemos ponernos muy finos, y no tendremos más razón que cualquiera otro porque la demografía es un fenómeno continuo y lento, predecible en buena medida, hasta que deja de serlo y que se expresa a veces muy sorpresivamente. Miren el caso de la Covid-19. La esperanza de vida en 2020, tal y como suele calcularse, habrá caído casi dos años en España. Pero su tendencia se va a recuperar tan rápidamente como se recuperó tras la gripe española de 1918.

El baby boomer medio, y nos da igual dónde se sitúe la franja de años, va a vivir ocho años más que sus padres. Pero es que estos vivieron todavía bastantes más de esos ocho años que los suyos. Y los hijos de los baby boomers vivirán, que sepamos, otros seis o siete años más que sus padres, a punto de jubilarse ahora. Eso, contando con que no se cumple el vaticinio de Aubrey de Grey, quien opina que la persona que ha de vivir mil años ha nacido yaAubrey de Grey es un conocido biomédico y gerontólogo angloamericano nacido en 1963 (https://es.wikipedia.org/wiki/Aubrey_de_Grey) que en España sería considerado un baby boomer. Puede leerse su opinión sobre la longevidad en esta entrevista que le hizo El País en octubre de 2016 con motivo de su participación en una conferencia sobre la longevidad y las pensiones organizada en Madrid por Analistas Financieros Internacionales: https://elpais.com/elpais/2016/10/13/ciencia/1476353983_661713.html..

Si cada año vivimos unos meses más, ¿qué hacemos jubilándonos hoy todavía ente los 63 y los 66 años si la edad de jubilación de nuestros padres (y la de sus padres) era la misma? ¿No les parece que esto es un contrasentido y que el «grave» problema de dónde empieza y termina el baby boom es una cuestión puramente escolástica? Si no se lo parece, debiera parecérselo, porque lo es. Pasará el baby boom, en 2050 o cuando el Sr. ministro de turno lo diga, y el problema seguirá existiendo y puede que acrecentado, porque nadie va a querer detener el avance de la esperanza de vida, aunque haya muchos que se opongan al aumento de la edad de jubilación.

Por lo tanto, a los baby boomers, y a todos los demás, desde ahora mismo, se les advierte que, como dice el Sr. ministro de la Seguridad Social, si quieren seguir cobrando pensiones durante cada vez más años tienen que hacer una de estas dos cosas: (i) aceptar un recorte «insignificante» de su paga mensual si no desean retrasar su jubilación, o (ii), retrasar su jubilación, aunque no lo deseen, manteniendo su paga mensual. No se olviden, de paso, aunque esto les parezca una contradicción con el punto (ii) anterior, que si demoran su jubilación les pueden dar, a elegir, hasta un 4% de su paga mensual, de por vida (cada vez más larga) o un cheque de hasta 12.060 euros por cada año de demora. Todo esto dicho en diferentes ocasiones por la oficialidad pensionaria.

Por cierto, les recomendamos que hagan algunos cálculos en una servilleta de cafetería (o in the back of an evelope) antes de leer la nota al pie que cierra este párrafo. Comparen esos 12 mil euros con el bono del 4% de 2.707 euros percibido catorce veces al año durante 20 años. No se preocupen por los tipos de interés ni la inflación, supongan que ambos son ceroAdoptemos esas mismas hipótesis de cálculo: (i) cheche de 12.060 euros, (ii) bonus del 4% de la pensión máxima en 2021 de 2.707 euros mensuales (14 pagas) y (iii) 20 años de esperanza de vida a los 67 años una vez demorada la jubilación un año (edad legal de 66 años en 2021). Se puede prescindir de la hipótesis de inflación suponiendo que las pensiones van a estar exactamente indiciadas con la misma (lo que no sucederá, en general) y arrancamos el cálculo a tipos de descuento presente 0, es decir calculamos en Valor Presente (hoy) Esperado (a esperanza de vida media) del bonus del 4%. Es decir, VPE = 0,04 x 2.707 x 14 x 20 = 30.318. Que compara muy mal con los 12.060 del cheque. Claro que uno puede morirse al año de cobrar el cheque y de haber cobrado el cheque y lo habrá disfrutado mucho, mientras que de haber optado por el 4% no habría visto nada. Pero por cada uno que fallece al año hay otro que vive 20 años más de su esperanza de vida y ese duplica el valor esperado del bonus. Si se hace el cálculo con un tipo de descuento del 3%, que muchos juzgarían elevado, el VPE del bonus sería de 22.553 euros, todavía casi el doble. Para que el cheque y el bonus fuesen equivalentes, el tipo de descuento debería ser del… ¡11%! Para pensiones inferiores a la mínima, los datos del gobierno indican que el cheque comparará algo mejor que el bonus, pero a tasas de descuento del 3% seguirá siendo muy inferior el primero..

Los jóvenes insisten en creer que no cobrarán pensiones. Debatimos con ellos en las redes sociales y no hay manera de convencerles de lo contrario. También lo expresan con machacona regularidad en las encuestas. Imposible entrar en su caparazón perceptivo que no sabemos qué fuerzas ocultas (o ausencia de fuerzas creativas) han modelado a prueba de bombas argumentativas. Y, como no somos conspiranoide ninguno de los dos, pues pensamos que este lamentable resultado es fruto de dos fuerzas muy explícitas y, a la vez, poderosas: la pésima comunicación de las pensiones en las últimas décadas, lo que quiere decir desde siempre, por una parte, y, por otra, la no menos abominable carencia de alfabetización previsional de la población. El remedio parece fácil, pero todavía no hemos encontrado la manera de resolver estos dos fallos, resultando todo ello en un sistema de pensiones que no va a poder asegurar el pago de las promesas que hace cada día a los trabajadores si no es mediante un aumento de la presión fiscal, la deuda pública, el menoscabo de otros grandes programas de bienestar (educación, sanidad, cuidados de larga duración, otros servicios sociales o desempleo) o una mezcla nada saludable de los anteriores.

Solo hay una medida que nos resistimos a tomar y que logra a la vez la sostenibilidad y la suficiencia de las pensiones (la equidad, en el sentid que se define más abajo, también mejora, por cierto). Esta es la indexación de la edad de jubilación con la esperanza de vida. Solo esa, no crean que la productividad, aunque ayuda, es la panaceaUn aumento de la productividad implica un aumento de los salarios y esto último un aumento de las pensiones ya que estas están ligadas a los salarios y estos a la productividad. Luego las pensiones serán mejores, más suficientes. Pero si antes del aumento de la productividad las pensiones ya eran muy superiores a los salarios, en términos actuariales y el sistema era insostenible, después del aumento de la productividad sucederá lo mismo, pero exacerbado por el hecho de que la base de cálculo del desequilibrio actuarial del sistema, la masa salarial, será mayor. La fórmula española de las pensiones es tal que no todo el aumento de la productividad y el salario se trasladaría a la pensión, por lo que el sistema se haría gradualmente más sostenible. Pero esto tiene trampa, ya que la relación pensión/salario descendería que es lo que también lograba el IRP ya derogado. No obstante, una economía más productiva con salarios mayores puede permitirse más margen para la solidaridad, buenas pensiones, aunque menos que proporcionalmente respecto a los salarios (tasas de sustitución más bajas difícilmente aceptables con salarios reducidos), y mejores condiciones de jubilación anticipada para trabajadores con ocupaciones más onerosas para la salud.. Fuera de la «autosuficiencia financiera» (extreme early retirement) o el no jubilarse nunca (#NeverRetire)El escepticismo de muchos jóvenes, no los baby boomers, obviamente se está canalizando en movimientos muy interesantes, como los F.I.R.E. (Financial Independence Retire Early), que aceptan el sistema convencional, pero buscan ante todo la independencia financiera mediante estilos de vida muy frugales y trabajos muy remuneradores para los que se preparan a conciencia, con el objeto de dejar de trabajar a los cuarenta años y vivir de sus ahorros y trabajos ocasionales bien remunerados. Véase https://www.bbva.com/es/movimiento-fire-como-retirarse-joven-y-no-morir-en-el-intento/https://trabajarporelmundo.org/movimiento-fire-independencia-financiera/ y https://lahormigacapitalista.com..

Entre la extensión de la vida laboral y el aumento de la productividad se encuentra la madre de todos los remedios. Pero el marco actual es tan estrecho que no hay remedio bueno, bonito ni barato que pueda aplicarse, las discusiones y enfrentamientos son inevitables e interminables, los agravios de quienes trabajan en trabajos onerosos se generalizarían si no entendemos la situación de estos trabajadores y la exigencia populista de que «paguen los ricos» (que también puede implementarse con un poco de sentido común) llenará los titulares.

La clamorosa ausencia de comunicación y educación sobre las pensiones va a hacer muy difícil que la sociedad admita que todos hemos contribuido a crear un sistema de una generosidad excesiva y sin fundamentos lógicos, algo que lo está abocando hacia un esquema casi piramidal que pide cada año más trabajadores, vengan de la natalidad o de la inmigración, sin límite. Un sistema «perfecto» con los pies de barro.

Dejen de hablar de los baby boomers, por favor, y empiecen a hablar de todos los trabajadores. Los llamados baby boomers vivirán bastante más que sus padres, han recibido mejor educación y sanidad que ellos, sus pensiones mensuales hoy ya son bastante mejores que las que, mutatis mutandis, sus padres cobraban cuando empezaron a jubilarse a finales de los años ochenta del siglo pasado. Sus padres no tuvieron seguro de desempleo digno de tal nombre, vivieron una guerra civil, una pesante dictadura cuyos dirigentes económicos exaltaban, entre otras cosas, la autarquía económica y financiera, empobreciendo a las clases populares y medias durante dos décadas. Al menos hasta los años del desarrollismo, justamente cuando aquellas esforzadas cohortes, convencidas de que sus hijos ya podían tener un futuro mejor, acrecentaron su tasa de reproducción. Lo que sus hijos y nietos no estamos haciendo por multitud de razones, no todas igualmente sólidasLa defensa de las políticas natalistas para pagar las pensiones nos parece muy rechazable. Las parejas deben tener los hijos que deseen y no los que dicten los gobiernos, por benevolentes dictadores que sean. Además, traer más niños o inmigrantes solo para que nos permitan seguir con nuestras egoístas fórmulas de las pensiones y nos eviten vidas laborales más largas (no incluimos a los mineros, profesores de secundaria ni camareros) es increíblemente cínico dado que esas almas que se sumen a la sociedad y pagan las cotizaciones que se les exigen, van a acabar reclamando su pensión que no desearán sea menor que la de sus padres. Y entonces nos daremos cuenta de que casi hemos montado un esquema piramidal, salvo que la superpoblación acabe antes con el planeta. Piensen también en el futuro del trabajo. Este es muy malo, pero el trabajo del futuro puede ser muy bueno, y no es un juego de palabras, aunque lo parezca. Tanto que, quizá, los trabajos del futuro sean tan remuneradores y divertidos que nadie desee jubilarse. En ese caso, tendríamos que abolir las pensiones de todo tipo. Creemos que esta sería una verdadera gran proeza de la humanidad..

Cuando hablan de equidad entre generaciones, ¿a qué generaciones se refieren, exactamente? Explíquenlo bien, por favor, porque, si se refieren a las que están a punto de jubilarse y posteriores, no lo vemos. El Sr. ministro de la Seguridad Social debería ser más explícito, aunque le cueste el puesto. No ya los baby boomers, sino todos los trabajadores actuales y futuros, van a tener que aceptar recortes sustanciosos de su paga mensual si se niegan a jubilarse más tarde y, si lo aceptan, no se les debería premiar por ello. Estarán haciendo lo que deben hacer. Es, si nos apuran, una obligación moral cuando se vive cada vez más y mejor.

La equidad, en sentido amplio, hacia los mal llamados baby boomers está cumplida con creces porque sus padres han trabajado duro para que aquellos tuvieran más y mejor escolarización y sanidad, mejores prestaciones por desempleo y, por ahora, las mejores pensiones en toda la historia de la Seguridad Social española, aunque no las podamos pagar.

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