Del 11 al 17 de abril, la revista descansa por Semana Santa

Jugando con el (hiper) realismo americano

Algunas impresiones se imponen nada más abrir los libros de David Foster Wallace, ya sea el de (¿cómo llamarlos?) ensayos (Algo supuestamente…), ya el de relatos (Entrevistas breves…), ya la novela descomunal (La broma infinita): y es el de un verdadero empeño en encontrar nuevos ángulos de mirada, además de temas, y un evidente deseo que llega a ser casi vanguardista en la renovación de los géneros clásicos, hasta difuminarlos. Y casi vanguardista, en los escritos diferentes a la novela, porque la mayor parte de los textos se han publicado antes en lujosas revistas mensuales de Estados Unidos, lugares que aceptan la vanguardia… siempre, claro está, que sea digerible por sus lectores. Esas mismas revistas son las que, generosas hasta

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Desesperar para vivir

Lo más perturbador de ciertos libros de prisión y torturas, por mucha etiqueta de novela que se les ponga, es lo poco novelescos que resultan. Uno de los diagnósticos más desoladores sobre el siglo XX es que las obras de Solzhenitsin y Primo Levi, de Semprún y Shalamov –y que pese a su aparente ascetismo estilístico perdurarán sin duda entre la mejor literatura del siglo–, no son propiamente obras de creación sino Historia. Testimonio. A esta categoría pertenece el último libro del marroquí Tahar Ben Jelloun, con la peculiaridad de que aquí la carga simbólica que suele configurar la armazón del subgénero se refuerza hasta proponer la fusión entre el símbolo y su significado: pues la prisión a la que

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El desafío del mestizaje

Las obras de la veterana Anita Desai y el joven Amit Chaudhuri ilustran dos de las posibles respuestas en uno de los desafíos más sugerentes –y difíciles– de la literatura en nuestros días: la escritura del mestizaje, o si se prefiere, la escritura de una cultura desde otra. Un género con tradición donde los haya –qué otra cosa son las españolas Crónicas de Indias, sin ir más lejos–, hasta el punto de que quién sabe si, como pensaba Camus, la extranjeridad, en un sentido muy amplio, no es la condición misma de la literatura. Resulta evidente que la escritura del mestizaje se produce de una forma estrechamente política, y en particular en los idiomas colonizadores que han logrado mantener su

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Cosmopolita en el destierro

Stefan Zweig nos muestra hasta qué punto hemos cambiado en la percepción de la literatura. Porque para la primera mitad del siglo Zweig fue gran escritor de éxito, un verdadero best-seller, mayor incluso, por proyección, que los que inundan las tiendas de los aeropuertos de todo el mundo, aunque él temía convertirse en el autor preferido de las señoritas alemanas. Cuesta imaginar que un escritor de éxito pueda temer algo así en nuestros días, además de hacerse famoso con novelas cortas, por excelentes que sean, y menos aún con ensayos biográficos sobre personajes literarios como Hölderlin, Kleist, Stendhal o Montaigne, o históricos del tipo de Fouché (el «genio tenebroso») o María Antonieta. Hoy, me consta, ni siquiera los universitarios de

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La escritura como consecuencia

Qué difícil es vislumbrar a Saint-Éxupéry: cuanto más se acerca uno, más se escurre él entre los dedos, como arena. Tentaría pensar que escribe con equívocos, pero ni siquiera: si hay algo claro es la escritura de Saint-Éxupéry, reconocible hasta por su música, pues se cuenta entre los privilegiados escritores que han conseguido crear un tono, un sonido, y además inconfundible. Lo que ocurre es que su escritura abarca también su vida, como lo sugiere la respuesta que le dio a un periodista que le preguntó qué era en realidad: piloto o escritor: «No veo la diferencia», dijo SaintÉxupéry, y no se trataba de una boutade. En realidad él era alérgico a las boutades, y tenía la personalidad contraria a

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El caso del novelista profesor (o viceversa)

Todos los escritores deberían escribir ensayo, o reflexión, para permitir a sus lectores comprenderles mucho mejor. Al menos los escritores literarios. O al menos los buenos escritores literarios (los demás, por favor abstenerse: no quiero ni pensar en lo que serían las reflexiones de según quién sobre la ansiedad de la influencia). O por lo menos deberían escribirlos para facilitar las lecturas críticas, como ésta. Pues si existe un autor que resulta más engañoso que la niebla en Londres –cuánto más que ya casi la han exterminado–, ese es David Lodge. Igual que el teatro o el césped británicos, en apariencia sencillos pero de una calidad que sólo se consigue con siglos de mimo, lluvia y exigencia, bajo el disfraz

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Mujeres con acento

En el mundo de Richard Ford no hay ganadores o perdedores, de acuerdo con uno de los esquemas más simples de los importados de Estados Unidos, aunque –y digo esto como quien tararea para dar el tono de una canción-según un miope se trataría de perdedores. Lo que viene a ser un modo resumido de decir seres humanos. Quizá sea ese su principal atractivo: no que se trate o no de ganadores o perdedores, sino el intento precisamente de salirse de esa maldición maniquea, cada vez más impuesta por la lógica de la publicidad y el mercado, que en literatura suele querer decir: posibilidades de ser resumida o no en un guión cinematográfico. Al igual que otros escritores norteamericanos más

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Alegría de escribir, y de vivir

Lo desconcertante de un escritor como Albert Cohen (1895-1981) es que, a la vez que en cada ocasión sabemos qué vamos a leer –más aún, conocemos incluso el escenario y los personajes–, siempre nos sorprende: privilegios de una escritura a caballo de la libertad y la alegría. Quizá sea lo mismo. Ese es el caso de Los esforzados (libre pero admisible traducción de Les valeureux [1972], algo así como Los valiontes, a medias entre valiosos y valientes), en el que vuelven a aparecer Pinhas Solal, alias Comeclavos, y Sultán de los tosedores, y Bey de los Mentirosos y Capitán de los Vientos (entre otros muchos nombres), junto con sus cofrades y primos Mattathias Solal, alias Capitán de los Avaros, el

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Retrato de siglo con señora

No es una anécdota el que, hacia el final del libro, Laura Díaz se convierta en una célebre fotógrafa de la no menos famosa agencia Magnum: todo el libro tiene vocación de foto, no sólo en su calidad de testimonio –este es quizá con La región más transparente el libro más cronista de Fuentes– como por su amplio marco. Parece claro que el autor se ha propuesto incluir en su mural a todo aquel que haya tenido que ver, incluso a distancia, en el siglo mexicano, un siglo ni sencillo ni tranquilo, y con una vocación totalizadora de historiador y también de intérprete. Un empeño a la altura de La muerte de Artemio Cruz (1962; por cierto que Cruz reaparece

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Borges contrabandista

Triste y glacial inmortalidad la que otorgan las efemérides, los diccionarios y las estatuas; íntima y cálida la de quienes perduran en las memorias, en el comercio humano, protagonistas de anécdotas cariñosas y de frases felices. BORGES , prólogo a Retorno a Don Quijote, de Alberto Gerchunoff. El 24 de diciembre de 1938, Borges subía las escaleras de un edificio de Buenos Aires con la intención de recoger a una amiga para ir a comer cuando, en un descansillo, se golpeó con una ventana en la cabeza. Recién pintada, la ventana estaba seguramente abierta para secarse en el húmedo verano de Buenos Aires. Llegado al piso al que se dirigía, Borges se pasó la mano por el pelo y la

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