
Flaubert a la carta
De Gustave Flaubert puede decirse, como de Víctor Hugo —en España, de Benito Pérez Galdós y de Pío Baroja— que fue fundador de algo parecido a una religión, con sus devotos y, por supuesto, sus sacerdotes (y sus herejes, sin los que no hay religión que se precie).

















