Que siga el espectáculo
La otra noche, mientras me enteraba por televisión de los resultados de la jornada electoral y me preguntaba si no estaría asistiendo a lo que, en el futuro, los historiadores señalarían como uno de los hitos que habrían jalonado el camino de una Euskal Herría independiente, me sobrevino una de esas inexplicables melancolías cuya frecuencia e intensidad han ido aumentando con los años. En los últimos tiempos casi no hay día en que no me asalte una, y lo cierto es que no me resulta fácil explicarme acerca de su naturaleza y síntomas. Como le ocurría a la compositora y performance artist Laurie Lee, cuando llegan no puedo evitar interrogarme acerca de si estoy realmente aquí, o vivo inmerso en






