En mis años de estudiante universitario algunos sedicentes expertos distinguían entre maestros del cine y artesanos del cine, siendo normalmente estos últimos los que hacían mejores películas, de modo que, pasado el tiempo, algunos de aquellos maestros han quedado viejos y gastados, mientras que los artesanos han alcanzado categoría de clásicos. A primera vista estos hermanos Coen –Ethan, productor, Joel, director, y ambos guionistas– tienen por fuerza que ser artesanos, porque dudo mucho que a maestro alguno se le ocurra compartir la autoría de una película, como según se dice que ellos hacen. Compartir siempre ha sido cosa menestral, algo privativo de gentes de taller. Y éste debe de ser el caso. Los Coen son unos artesanos, bien que espléndidos,