
¿Podemos vivir sin dios?
¿Sentimos nostalgia de Dios, o nos hemos acostumbrado a su ausencia? ¿Podemos vivir sin el horizonte de un «reino de los fines» que anticipe la justicia sobrenatural? ¿Se ha terminado la posibilidad de una imagen del mundo como totalidad moral? En un tiempo de crisis política y económica, ¿podemos subsistir sin la expectativa de un más allá?










