
Buscando la esperanza
La noche en que Francisco Umbral llegó al Café Gijón, el panorama literario español aparecía ante sus ojos un tanto sombrío: «heredero todavía de la mitología noventayochista, metido aún en la batalla perdida del realismo social o socialista, triste siempre de imposibilidad franquista, herido por la censura y la pobreza». Que la del realismo social era una batalla perdida lo demuestra el hecho de que, en todas sus novelas más representativas, el protagonista –siempre colectivo– asistía impávido a su derrota y a la sumisión impuesta por la clase dominante.










