Heil rock!
En el libro de Andrés Barba del que les hablé el otro día, La risa caníbal. Humor, pensamiento cínico y poder (Barcelona, Alpha Decay, 2016), se plantea en varias ocasiones el siempre controvertido tema de si podemos reírnos de la desgracia ajena, de los atentados terroristas, de las catástrofes: del mal, por decirlo en una palabra. Dejaré por ahora los acontecimientos más impactantes, como el del 11-S y la destrucción de las Torres Gemelas (a los que se dedica todo un capítulo, con el expresivo título de «Prohibir la risa») y me limitaré a transcribir un incidente más nimio, pero no por ello menos representativo del problema de los límites del humor.









