La comunidad imposible
En una entrevista publicada el pasado fin de semana, el dirigente de Podemos, Íñigo Errejón, reconocía –en un reseñable ejercicio de honestidad intelectual– que entre su partido y el Frente Nacional de Marine Le Pen existen algunas concomitancias, principalmente el deseo de reconstruir una comunidad a la que los ciudadanos puedan sentirse vinculados sentimentalmente. Esto es, un cuerpo colectivo que constituye el recurrente sueño del pensamiento político moderno, empeñado en encontrar un reemplazo para el vacío dejado por el gradual ocaso de las religiones mayoritarias; vacío que, va siendo hora de admitirlo, la razón ilustrada se ha demostrado hasta ahora incapaz de llenar.









