Más cumplido que un portugués
En su garrula Defensa de la carta misiva y de la correspondencia epistolar (¡ya ese título!), Pedro Salinas logra un efecto paradójicamente contrario al que sin duda se proponía. El lector termina diciéndose, a las pocas páginas, que por más que el autor defienda la carta, a uno no le gustaría recibirlas de una persona que escribe de ese modo. Lo bueno es que, por dicha, sabemos que las cartas de Salinas son sumamente legibles, así es que ya estamos en la primera de las aproximaciones al tema de la literatura epistolar: las cartas no se escriben como literatura, ni siquiera por los profesionales de la escritura. Valgan las excepciones de rigor, de las que no quiero ocuparme, porque quien






