Bendito sea el reciclado
No sé si se ha reparado lo bastante en el hecho de que entre las narrativas latinoamericanas la colombiana es, salvando a García Márquez, definitivamente minoritaria en la recepción y el aprecio por parte de los españoles. De modo proporcional es muchísimo más lo que conocemos de la narrativa de los países «grandes» de América Latina. El fenómeno incluso puede parecer paradójico al recordar que los primeros Premios Nadal a escritores de allende el Atlántico, algo antes del boom, fueron justamente a manos de dos colombianos, Manuel Mejía Vallejo y Eduardo Caballero Calderón. Pero así es, y no hay vuelta que darle: se recibe y se aprecia menos la literatura de allí que las de, p. ej., México, Chile y






