Libros recientes.

Iris antes de todo

Algunos episodios de la vida de Wittgenstein habrían servido para dar vida a los personajes extraviados, extravagantes y extemporáneos que solemos encontrar en las novelas de Iris Murdoch. Ludwig Wittgenstein, gran exponente de la filosofía analítica, desconfiaba del conocimiento como herramienta para la felicidad. Él mismo encontrará en un amor con una persona casi cuarenta años más joven que él, en el estudiante de medicina Ben Richards, la solución a un problema hasta entonces irresoluble: la única doctrina que hace innecesario el pensamiento es el amor. El filósofo intratable, como así lo recuerda Murdoch en las dos veces que estuvo con él cuando daba sus últimas clases, adoraba los chistes absurdos y buscó, en su segunda vida, en el segundo Wittgenstein, un contacto más humano con sus semejantes. Ese podía ser el personaje.

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Guerra y revolución en tiempos de «victimismo»

Cuando todavía estaba vigente la dictadura del general Franco y quedaban algunos años para averiguar el cuándo y el cómo de la transición a la democracia, Stanley G. Payne publicó The Spanish Revolution. Corría el año 1970 y el historiador norteamericano, doctor en Historia por la Universidad de Columbia, llevaba dos años como profesor de la Universidad de Wisconsin, donde llegaría a ocupar la cátedra Hilldale-Jaume Vicens Vives. Era, además, autor de un relevante estudio sobre el partido fascista español (Falange. A History of Spanish Fascism) que le valdría, junto con otros trabajos posteriores, el reconocimiento de la comunidad científica internacional como un relevante fascistólogo.

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Derechos digitales

Si me hubieran pedido poner título a este libro sin recurrir a términos de probable gancho comercial, me habría decantado por Propiedad injusta. Los derechos de autor como expresión del modelo socioeconómico occidental, mercantil e individualista. Y es que el entorno digital e Internet tienen en la obra un papel vicario, como testigos que habrían hecho visible aquello de lo que se nos quiere persuadir a lo largo del texto: que el sistema de propiedad intelectual reposa sobre graves debilidades e incongruencias internas.

Según la tesis principal del libro, la propiedad intelectual no sirve para alcanzar los objetivos a que supuestamente se endereza, no resultando ni mucho menos imprescindible para la creación artística y cultural. El entramado jurídico que envuelve la propiedad intelectual no presta atención a las necesidades de los creadores, y erige barreras a la accesibilidad de las obras por parte del público.

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Pequeño gran París

Después de veinte años de auge sostenido, creo que ya puede afirmarse que la aceptación de la actual novela negra no es sólo una cuestión de modas, de circunstancias sociales o de corrientes de opinión. Como el siglo, el género ha alcanzado su mayoría de edad y ha ido ganándose el respeto de la comunidad lectora y de una crítica literaria que, hasta hace poco, lo consideraba un subgénero. Ya han quedado atrás los tiempos en que la palabra «policíaca» caía a plomo sobre una novela, la desprestigiaba automáticamente y concitaba el abucheo general.

La actual novela negra despierta un interés generalizado y ha llevado a reflexionar sobre él a filósofos como Slavoj Žižek, quien en La permanencia en lo negativo se pregunta: «¿El noir es un género en sí mismo o un tipo de distorsión anamórfica que influye sobre diferentes géneros? Desde el principio, el noir no se ha limitado a las historias de detectives rudos: pueden identificarse fácilmente repercusiones de temas noir en comedias, westerns, dramas políticos y sociales, etc.» Žižek no da una respuesta a su propia pregunta, pero el hecho mismo de plantearla ya indica la importancia que le otorga.

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Democracias en la niebla

Una asociación de residentes turcos en Suiza quiso construir un minarete de seis metros de altura sobre el tejado de su centro comunitario. Denegado el permiso para hacerlo por la fuerte oposición de los vecinos, el asunto, convertido en áspera polémica nacional, llegó hasta el Tribunal Supremo del país. En su sentencia, los jueces autorizaron la erección del minarete, al entender que prohibirlo contravenía la libertad de culto consagrada por la Constitución federal. El modesto alminar de la discordia se pudo, por fin, construir. Sin embargo, los partidos opositores se tomaron la revancha. El 29 de noviembre de 2009, el pueblo suizo decidió en referéndum, con un 58% de los votos, cortar por lo sano: no más minaretes llamando al rezo. Desde entonces el artículo correspondiente de la Constitución suiza dice: «Se garantiza la libertad de religión y conciencia […]. Se prohíbe la construcción de minaretes».

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Viento del Este, viento del Oeste

China vive tiempos interesantes. No es que no haya pasado antes por otros. Desde el movimiento del 4 de mayo de 1919 ha tenido tal vez demasiados: guerra con Japón, guerra civil, Gran Salto Adelante, Gran Revolución Cultural Proletaria, Tiananmén 1989. De hecho, la única etapa pacífica de los últimos cien años parecen haber sido los últimos cuarenta. Han sido los años del despegue económico de China del que todo el mundo se hace lenguas.

Para George Magnus, con Xi Jinping se ha abierto un nuevo ciclo de turbulencias. Magnus es un economista británico independiente entre cuyos méritos se cuenta haber apuntado en 2006 que el sistema financiero internacional estaba a punto de entrar en un momento Minsky, es decir, en una fase de brusco desplome de sus activos financieros. Antes de este libro había escrito otro que le ganó merecido respeto como demógrafo (The Age of Aging. How Demographics are Changing the Global Economy and Our World, Nueva York, John Wiley & Sons, 2008), pero actualmente es China el asunto en el que prefiere centrarse.

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Cristianismo contracultural

El autor, que afirma haber pasado por tres confesiones cristianas –la metodista, la católica y la ortodoxa oriental–, recibe inspiración filosófica de Alasdair MacIntyre e influencia teológica de Joseph Ratzinger, el papa emérito Benedicto XVI. En su obra Tras la virtud, MacIntyre, un filósofo católico, considera fracasado el proyecto ilustrado de fundamentación racional de la vida moral, lo que desembocó en el emotivismo y el relativismo moral de la sociedad contemporánea, acorde con el subjetivismo o politeísmo axiológico de Max Weber. Su propuesta neoconservadora y preilustrada consiste en regresar a la ética de las virtudes de la tradición aristotélico-tomista. Frente al individualismo abstracto del liberalismo, intenta recuperar el comunitarismo aristotélico, que integra al individuo en su comunidad. Al final de su obra afirma que esperamos la llegada de un nuevo san Benito, aunque obviamente muy diferente del primero, y propone «la construcción de nuevas formas de comunidad» para dar continuidad a la vida moral en épocas de barbarie y oscuridad, como la que vivimos actualmente, en opinión del autor. También el papa conservador Benedicto XVI pensaba en el futuro de una Iglesia organizada en pequeñas comunidades de fieles, que vivieran su fe en contraste con la sociedad secularizada.

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Le Brun contra la multiplicación de lo anodino

Hay dos claras corrientes de pensamiento diferenciadas sobre los resultados de la globalización económica de los últimos cincuenta años. Está quien destaca cómo han prosperado sociedades subdesarrolladas, véase China, hasta alcanzar salarios industriales similares a los de varios países europeos, y están quienes creen que sólo ha servido para enriquecer a unos pocos a costa de la explotación salvaje de todos los trabajadores del mundo, en particular los de esos países menos desarrollados. No son del todo excluyentes ambas valoraciones, pero Annie Le Brun está alineada firmemente con la segunda. No en vano, proviene del movimiento surrealista, que, si por algo se caracterizó, fue por su enmienda a la totalidad del mundo.

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Un crítico amable

Contra todo pronóstico, E. M. Forster dio por terminada su carrera de novelista a los cuarenta y cinco años, con Pasaje a la India (1924), en opinión de muchos su obra maestra y, sin duda, la novela más popular de las cinco que publicó en vida. Dejó una sexta, de tema homosexual, en el cajón, y al parecer pasó a otras cosas sin grandes pesares. En los cuatro largos decenios adicionales que duró su vida, llevó a la imprenta cuentos, una biografía, crónicas de viaje, un libreto, teatro, conferencias y muchísima crítica literaria. Su fama, de hecho, no hizo sino crecer después de las novelas. Y, en los años de posguerra, Forster se consolidó como una versión muy británica del intelectual público: el literato amable, mezcla de asceta y activista, sabio y diletante, crítico y comunicador.

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Johnny Cash: la voz de América

Si la música estadounidense de los últimos cincuenta años tuvo un patriarca, ese fue el Hombre de Negro. Es un fenómeno difícil de explicar, pero su importancia trascendía la propia música. Se producía una conexión afectiva, casi íntima, entre Johnny Cash y sus seguidores. Un vínculo diferente de la habitual admiración del espectador hacia el artista. Johnny Cash era como un padre.

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Contra el parlamento

Europa está padeciendo hoy el temporal de los populismos, de movimientos cuyos dirigentes son personas que, penosamente, están quitándose las legañas de la ignorancia, pero que creen haber descubierto los arcana imperii. Gozan, aunque no sean creyentes, de la gracia de Dios tal como la explican los afortunados que la viven: como un resplandor repentino que, al abatir las tinieblas, permite la entrada a chorros de la ideología creadora y liberadora. Liberadora de los saberes heredados, de la tradición, de todo aquello que nos ha legado el pasado como piedras preciosas nacidas de la sedimentación del tiempo, estuche de enigmas.

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Macrodatos y mentiras masivas

Nuestro cerebro es la caja negra de un avión accidentado en la zona más profunda de un océano freudiano. Incluso para nosotros mismos. O, al menos, lo era hasta ahora. Porque los macrodatos (el big data, en su traducción anglosajona más sofisticada) constituyen una visión sin precedentes de la psique humana que ya habría querido para sí un psicoanalista vienés. El poder de los datos masivos puede asistirnos en cada vez más tareas pero, sobre todo, puede revelar qué pasa por nuestra cabeza, incluso si lo hace de forma inconsciente para nosotros mismos. Y en ese último punto es en el que se centra Seth Stephens-Davidowitz, excientífico de datos de Google y profesor de The Wharton School, en el libro objeto de esta reseña.

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El sexo, entre el cielo y la tierra

Hace algún tiempo me senté en una cena al lado de una joven noruega. Se había mudado a Londres y su padre estaba horrorizado con la elección de su nuevo lugar de residencia. «¿Cómo puedes soportar vivir –le preguntó antes de trasladarse– en un país tan fascista que hay clubes en los que no se admite la entrada de mujeres como socias?» «¿Y cómo puede tu padre soportar vivir –repliqué yo– en un país tan fascista que no se permite a los hombres formar clubes en los que no se admite la entrada de mujeres como socias?»

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La búsqueda del estilo

Su cuidada melena, amplia y vigorosa, ya encanecida, resaltaba en la penumbra de las primeras filas en aquel salón del palacio ducal veneciano. El acto inaugural iba a empezar en breve. Por unos momentos pensé que estaba ante un Casanova reencarnado. Hacía poco que Steven Pinker, cuya cabellera «ha sido objeto de admiración, y envidia, e intenso estudio», había sido elegido por aclamación como primer miembro del «Club del pelo fluyente y lujuriante para científicos» . Lo he fabulado en esta misma revista. Durante los tres días de convivencia que compartimos en el convento-isla de San Giorgio Maggiore, el último gran monumento palladiano, adquirí el convencimiento de que Pinker era un hombre a la captura de un estilo. En la estela de su último libro hasta aquel momento, La tabla rasa, el título de su conferencia era El nicho cognitivo: «Las palabras de su texto van apareciendo en pantalla según se pronuncian, como si un artificio electrónico conectara por vía umbilical al orador con el proyector o como si este aparato capturara sincrónicamente las ondas sonoras para transformarlas en escritura proyectable». Había algo en el rígido dispositivo de comunicación y en la muy cuidada indumentaria de Pinker que dejaba traslucir su esfuerzo y, hasta cierto punto, su fracaso en la perpetua búsqueda de un gran estilo.

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