Libros recientes.

Novelas y universidades

Estas dos novelas corresponden al género denominado novela de campus, bastante extendido en Estados Unidos desde hace muchos años. Uno recuerda cómo, tiempo ha, la editorial Lumen tuvo la estupenda idea de traducir una buena novela (Una nueva vida, 1966) de un buen escritor, Bernard Malamud, que, más que novela de campus, es una que se desarrolla en un campus. Y Alianza publicó, en muy buena traducción de Juan Benet, Este lado del paraíso (1971), de F. Scott Fitzgerald. En España, sin ser exhaustivos, podemos recordar que, antes del gran éxito de Soldados de Salamina, Javier Cercas publicó dos novelas de este tipo, El inquilino (1989), que se desarrolla en Estados Unidos, y El vientre de la ballena (1997). También, a propósito, Todas las almas (1989), de Javier Marías, esta de ambiente inglés, y Un momento de descanso (2011), de Antonio Orejudo. Y, ya que en una de las nuestras hay un muerto, La muerte del decano (1992), libro no muy conocido de Gonzalo Torrente Ballester. Y acaba de publicarse la versión castellana de Las hijas de otros hombres (2019), de Richard Stern.

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Biología de la violencia

La agresividad está presente en todos los animales y su manifestación puede alcanzar diversos grados de violencia. Suele admitirse que ciertos niveles de agresividad facilitan la supervivencia del individuo y del grupo social, pero, ¿cómo se genera en el cerebro un acto violento? Si conociéramos los mecanismos, quizá podríamos intervenir para modificarlos y, al menos, reducir las páginas de sucesos en los diarios de noticias. El libro es una exposición, profunda y didáctica, del conocimiento actual sobre esos mecanismos. Su autor, Robert Sapolsky, es un endocrinólogo que ha investigado el estrés y la agresividad en grupos de monos en Kenia, imparte docencia en la Universidad de Stanford y mantiene una intensa actividad de divulgación. Como prueba de honestidad, Sapolsky comienza reconociendo la inspiración recibida de su mentor, el antropólogo Melvin Konner, y su libro sobre el comportamiento social humano. Sapolsky aborda muchos comportamientos, pero la agresividad es el tema dominante: por eso me centraré aquí en ella.

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Una historia arriesgada que siempre se repite

El libro que ahora se reseña tuvo que sortear algún obstáculo serio antes de su publicación, habida cuenta de su extensión (trescientas sesenta mil palabras). Al final, Historia de los productos financieros ha aparecido bajo el sello de la editorial Kindle, propiedad de Amazon, para la cual la extensión no supone problema alguno.

Dicho esto, y por si algún lector pudiera desconfiar de la capacidad del autor para enfrentarse a tan enciclopédico empeño, permítaseme una presentación muy escueta de su experiencia y cualificaciones académicas contrastadas: ¡en estos tiempos, toda precaución en este punto es poca! Miguel Córdoba trabajó durante treinta y cuatro años en uno de los mayores bancos españoles y recorrió los departamentos de Operaciones, Banca de Inversiones, Bolsa y Dirección Financiera, simultaneando ese quehacer profesional con la docencia en dos centros universitarios madrileños: como profesor de Matemáticas y Teoría de la Decisión, así como de Modelos para Análisis Financiero, en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad CEU-San Pablo, y de Gestión Bancaria en la Universidad Carlos III. 

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En tierra hostil

Con El director, de David Jiménez (Barcelona, 1971), me han venido a la memoria las palabras de Emmanuel Carrère en noviembre de 2017, durante su discurso de recepción del premio de Literatura en Lenguas Romances de la Feria del Libro de Guadalajara (México): «Un escritor que habla de sí mismo detiene la experiencia cuando quiere y, aunque sea muy sincero, muy audaz, muy exhibicionista, en el fondo no se arriesga demasiado». La frase del escritor francés, tan dotado él para el relato basado en hechos reales, sirve como advertencia para los lectores de El director, crónica del año en que David Jiménez estuvo capitaneando el periódico El Mundo, entre 2015 y 2016, antes de su fulminante destitución. Como venía a apuntar Carrère, un relato autobiográfico es un testimonio de parte, un monólogo en el que toda objeción al autor es ficticia. Es más, los protagonistas y los sucesos del relato no tienen por qué ser completamente veraces (puede haber medias verdades, tergiversaciones y hasta falsedades), por mucho que la credibilidad del texto –es decir, su capacidad persuasiva– adopte para su éxito el disfraz de lo verdadero.

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«¿Por qué nadie lo vio venir?» Los economistas y la recesión

La crisis económica conocida como «La Gran Recesión» o «La gran crisis del siglo xxi» ha hecho correr ríos de tinta sobre montañas de papel y llenado con kilómetros de escritura las pantallas electrónicas; y es de suponer que seguirá haciéndolo. En realidad, la crisis financiera a que se refiere el libro de Antonio Torrero fue sólo el detonante de un proceso recesivo que se prolongó, según los países y los sectores, hasta 2015 aproximadamente. El fenómeno alcanzó tales dimensiones que pronto se lo comparó con la Gran Depresión del siglo XX. Esta se extendió durante todo el decenio 1929-1939 y sacudió e hizo temblar los cimientos de las sociedades de aquel tiempo. Las repercusiones políticas de la Gran Depresión fueron terribles: en Alemania dieron el poder a Hitler y, de manera y por medios muy diferentes, en España a Franco. Contribuyeron a polarizar a los electorados del mundo entero y dieron una apariencia de respetabilidad a los regímenes políticos totalitarios que proliferaron por entonces, al tiempo que desprestigiaban y comprometían gravemente el modelo de liberalismo socialdemócrata que había empezado a generalizarse en la Europa de entreguerras. No cabe duda de que la Gran Depresión fue, a través de sus terribles secuelas sociales y políticas, el factor más importante en el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

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El equilibro de Gerald Brenan

Gerald Brenan pisó España por primera vez en 1919 en busca de luz y una vida cómoda ajustada a sus ingresos, como parece haber sido norma entre sus compatriotas durante esas décadas. Como tantos otros de su generación, había estado en el frente durante la Gran Guerra. Se enroló primero en el 5º Batallón del Regimiento Gloucester para pasar más tarde a la 48ª Compañía Ciclista Divisional. Fue herido en combate y, tras regresar de nuevo a las trincheras, terminó licenciado como capitán. Se dedicó a buscar un rincón mediterráneo lo suficientemente barato como para permitirle una larga estancia. Europa había quedado hecha jirones tras la guerra, no era más que un carnuz ensangrentado, y el único país que podía ofrecerle lo que Brenan buscaba era España. Era el lugar idóneo para sus intereses vitales e intelectuales.

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Espectáculo e incertidumbre

Subtitulados en inglés como «Una crónica de arquitectura», los dos volúmenes de Años alejandrinos reúnen los artículos publicados por Luis Fernández-Galiano en El País, con un primer tomo dedicado a los años 1993-1999, llamado La edad del espectáculo y un segundo para el período 2000-2006, que cambia al más sombrío Tiempo de incertidumbre. La obra comunica su género en pragmático inglés, mientras cada tomo refleja el diferente carácter de su septenio en un preciso español: en enero de 2000 termina una «edad» y comienza un «tiempo» sin anuncio de final, que se anticipa como indeterminado.

Cabe preguntarse por qué el autor, Catedrático de Proyectos en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid y reputado crítico internacional, organizador de los principales concursos internacionales o miembro principal de sus jurados, ha titulado esta recopilación de escritos como crónica y no como crítica, cuando su opinión es respetada y valorada en todo el mundo por toda la profesión. Su trayectoria académica y su trabajo como fundador y editor de tres respetadas revistas internacionales de arquitectura permiten aventurar una primera explicación.

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Las dos caras de Le Corbusier

Italo Calvino definió lo clásico como aquello que no acaba nunca de decirlo todo, aquello que cada generación exprime para sacarle un jugo diferente. La cita vale en general para todas las disciplinas artísticas y, en particular, para Charles-Édouard Jeanneret-Gris, Le Corbusier, homme de lettres, pintor y gran clásico de la arquitectura del siglo XX.

Le Corbusier es un clásico porque el imaginario común ha llegado a asociar su imagen de hombre escurridizo con gafas redondas –«objeto móvil bajo un bombín», según lo definió en su día Fernand Léger– a la arquitectura moderna, y esto es de por sí el mayor de los triunfos para un arquitecto al que siempre le importó la opinión del público. Pero, sobre todo, Le Corbusier es un clásico porque su obra sigue estando abierta, como lo están, a su manera, la Ilíada, Guerra y paz o, sobre todo, el Quijote, el libro de cabecera que el arquitecto encuadernó con la piel de su perro preferido. A diferencia de la de otros artífices olvidados o, como mucho, cristalizados en la gloria parcial de los manuales, la obra de Le Corbusier aún importa y, si sigue importando, es porque, en lugar de agotarse en una única interpretación, se ha desplegado por los meandros que en su discurrir van dejando los contradictorios ríos de la historia.

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Iris antes de todo

Algunos episodios de la vida de Wittgenstein habrían servido para dar vida a los personajes extraviados, extravagantes y extemporáneos que solemos encontrar en las novelas de Iris Murdoch. Ludwig Wittgenstein, gran exponente de la filosofía analítica, desconfiaba del conocimiento como herramienta para la felicidad. Él mismo encontrará en un amor con una persona casi cuarenta años más joven que él, en el estudiante de medicina Ben Richards, la solución a un problema hasta entonces irresoluble: la única doctrina que hace innecesario el pensamiento es el amor. El filósofo intratable, como así lo recuerda Murdoch en las dos veces que estuvo con él cuando daba sus últimas clases, adoraba los chistes absurdos y buscó, en su segunda vida, en el segundo Wittgenstein, un contacto más humano con sus semejantes. Ese podía ser el personaje.

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Guerra y revolución en tiempos de «victimismo»

Cuando todavía estaba vigente la dictadura del general Franco y quedaban algunos años para averiguar el cuándo y el cómo de la transición a la democracia, Stanley G. Payne publicó The Spanish Revolution. Corría el año 1970 y el historiador norteamericano, doctor en Historia por la Universidad de Columbia, llevaba dos años como profesor de la Universidad de Wisconsin, donde llegaría a ocupar la cátedra Hilldale-Jaume Vicens Vives. Era, además, autor de un relevante estudio sobre el partido fascista español (Falange. A History of Spanish Fascism) que le valdría, junto con otros trabajos posteriores, el reconocimiento de la comunidad científica internacional como un relevante fascistólogo.

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Derechos digitales

Si me hubieran pedido poner título a este libro sin recurrir a términos de probable gancho comercial, me habría decantado por Propiedad injusta. Los derechos de autor como expresión del modelo socioeconómico occidental, mercantil e individualista. Y es que el entorno digital e Internet tienen en la obra un papel vicario, como testigos que habrían hecho visible aquello de lo que se nos quiere persuadir a lo largo del texto: que el sistema de propiedad intelectual reposa sobre graves debilidades e incongruencias internas.

Según la tesis principal del libro, la propiedad intelectual no sirve para alcanzar los objetivos a que supuestamente se endereza, no resultando ni mucho menos imprescindible para la creación artística y cultural. El entramado jurídico que envuelve la propiedad intelectual no presta atención a las necesidades de los creadores, y erige barreras a la accesibilidad de las obras por parte del público.

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Pequeño gran París

Después de veinte años de auge sostenido, creo que ya puede afirmarse que la aceptación de la actual novela negra no es sólo una cuestión de modas, de circunstancias sociales o de corrientes de opinión. Como el siglo, el género ha alcanzado su mayoría de edad y ha ido ganándose el respeto de la comunidad lectora y de una crítica literaria que, hasta hace poco, lo consideraba un subgénero. Ya han quedado atrás los tiempos en que la palabra «policíaca» caía a plomo sobre una novela, la desprestigiaba automáticamente y concitaba el abucheo general.

La actual novela negra despierta un interés generalizado y ha llevado a reflexionar sobre él a filósofos como Slavoj Žižek, quien en La permanencia en lo negativo se pregunta: «¿El noir es un género en sí mismo o un tipo de distorsión anamórfica que influye sobre diferentes géneros? Desde el principio, el noir no se ha limitado a las historias de detectives rudos: pueden identificarse fácilmente repercusiones de temas noir en comedias, westerns, dramas políticos y sociales, etc.» Žižek no da una respuesta a su propia pregunta, pero el hecho mismo de plantearla ya indica la importancia que le otorga.

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Democracias en la niebla

Una asociación de residentes turcos en Suiza quiso construir un minarete de seis metros de altura sobre el tejado de su centro comunitario. Denegado el permiso para hacerlo por la fuerte oposición de los vecinos, el asunto, convertido en áspera polémica nacional, llegó hasta el Tribunal Supremo del país. En su sentencia, los jueces autorizaron la erección del minarete, al entender que prohibirlo contravenía la libertad de culto consagrada por la Constitución federal. El modesto alminar de la discordia se pudo, por fin, construir. Sin embargo, los partidos opositores se tomaron la revancha. El 29 de noviembre de 2009, el pueblo suizo decidió en referéndum, con un 58% de los votos, cortar por lo sano: no más minaretes llamando al rezo. Desde entonces el artículo correspondiente de la Constitución suiza dice: «Se garantiza la libertad de religión y conciencia […]. Se prohíbe la construcción de minaretes».

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Viento del Este, viento del Oeste

China vive tiempos interesantes. No es que no haya pasado antes por otros. Desde el movimiento del 4 de mayo de 1919 ha tenido tal vez demasiados: guerra con Japón, guerra civil, Gran Salto Adelante, Gran Revolución Cultural Proletaria, Tiananmén 1989. De hecho, la única etapa pacífica de los últimos cien años parecen haber sido los últimos cuarenta. Han sido los años del despegue económico de China del que todo el mundo se hace lenguas.

Para George Magnus, con Xi Jinping se ha abierto un nuevo ciclo de turbulencias. Magnus es un economista británico independiente entre cuyos méritos se cuenta haber apuntado en 2006 que el sistema financiero internacional estaba a punto de entrar en un momento Minsky, es decir, en una fase de brusco desplome de sus activos financieros. Antes de este libro había escrito otro que le ganó merecido respeto como demógrafo (The Age of Aging. How Demographics are Changing the Global Economy and Our World, Nueva York, John Wiley & Sons, 2008), pero actualmente es China el asunto en el que prefiere centrarse.

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