
El dictador benévolo
Miguel Pita, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid especializado en citogenética molecular y genética del comportamiento, acaba de publicar un libro cuyo hilo conductor está compuesto por un relato de las andanzas de Ale y su perro Canelo interpretadas en clave genética. La acción transcurre a lo largo de un día, desde el amanecer, cuando, al mirarse al espejo, el primero se reconoce como un conjunto de células interconectadas, hasta que a la noche llega el previsto encuentro con su pareja para comunicarle una meditada decisión de ruptura, que sólo consigue expresarse mediante un torpe balbuceo, acaso debido a la intervención incontrolada de algún travieso neurotransmisor. Las múltiples ocurrencias que proporciona el quehacer diario al ejecutivo de una empresa multinacional sirven para establecer la influencia que sobre su comportamiento y el de sus congéneres ejerce la dotación hereditaria, el llamado ADN dictador moldeado por la operación de las fuerzas evolutivas a lo largo del tiempo, frente a la capacidad personal de decisión, que proporciona los medios para contrarrestar ese influjo en determinadas circunstancias, pero no en otras. La historia, de acuerdo con la receta tradicional popularizada por los hermanos Grimm, concluye felizmente con la reconciliación de la pareja y el posterior nacimiento de una hija, asegurando así la supervivencia de sus respectivos ADN y, con ello, la perpetuación del acervo genético de la especie.









