Paul Celan, herido de realidad
Paul Antschel nació en 1920 en Czernowitz (Bucovina), cuando la región pertenecía al imperio austrohúngaro. Judío de nacimiento, soportó el totalitarismo soviético, que deshizo la ensoñación socialista de su juventud, y el totalitarismo nazi, que diezmó a su familia. Se suicidó en París en 1970, agotado por una depresión que le hizo perder transitoriamente la razón. Cuando se arrojó al Sena desde un puente, huía de un creciente malestar interior, alimentado por dolorosas pérdidas (sus padres no lograron sobrevivir a la deportación al Lager) e irresolubles paradojas (escribía su poesía en alemán, la lengua de los verdugos). Fidel Martínez ha recreado una vida marcada por la crueldad del poder totalitario, cuyo fin último es destruir al individuo, convertirlo en masa y procesarlo como un objeto, invocando la necesidad de crear un «hombre nuevo», presunta llave de un paraíso que pondrá fin a las imperfecciones y turbulencias del devenir histórico.











