Antología del cuento triste
Parece que el propósito de hacer esta antología nació de un estado de ánimo, que no es el que el lector pudiera en principio imaginar. Así lo cuentan los antólogos en el prólogo con una fórmula expresiva ocurrente, pues firmándolo los dos, Jacobs y Monterroso, unas veces es éste el que habla –dice, por ejemplo, Bárbara y yo–, y otras es ella. Cuentan, digo, que en una mañana soleada de Nueva York en que paseaban por la Madison Avenue un transeúnte les paró para decirles lo bueno que era para él ver gente alegre. Curiosamente, y por esa atracción mutua que tienen los opuestos, en el autobús que les llevaba al aeropuerto, Monterroso evocó libros que son de una tristeza






