Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 5 de Septiembre. ¡Feliz Verano!

Categorías mudadizas y mitos pertinaces

Así, pero sin signos de interrogación, se titulaba un artículo de Umberto Eco publicado hace camino de cuarenta años en una revista de actualidad«Entramos en la Edad Media», Triunfo, núm. 492, 4 de marzo de 1972.. El título no era tan sorprendente como pudiera parecer, porque Eco seguía lo que comenzaba ya a ser una moda tras la convulsión sesentaochista…

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La capital insegura

Madrid no se hizo de la noche a la mañana. Como capital, se entiende. A lo largo de bastantes décadas no fue sino «capital fallida e insegura sobre su destino final». Así nos la presenta la autora de esta atractiva obra que desborda con creces los marcos de la historiografía convencional. Establecida la corte en la villa en la primavera de 1561 por Felipe II, perdió durante un tiempo su estatus cuando su hijo trasladó la corte a Valladolid a principios del siglo XVII . Además, ciudades marítimas como La Coruña o Lisboa parecían en aquellos años sedes mucho mejores de una monarquía que todavía controlaba los océanosFernando Bouza, Imagen y propaganda. Capítulos de historia cultural del reinado de Felipe

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La bestialidad de la guerra

Este es un libro apasionado sobre las pasiones que suscita la guerra en quienes, al parecer inevitablemente, se ven envueltos en ella. Sin lugar a dudas, no es fácil escribir de manera aséptica acerca de un tema como este. Pasión y alta carga de emotividad las hay a raudales en la amplia literatura sobre la guerra, como también suele haberla en el planteamiento de cuestiones irresolubles en torno a qué lleva a enfrentarse así a los seres humanos. ¿Es la guerra producto de la agresividad innata de la especie o, al contrario, la auténtica y devastadora agresividad sólo es la secuela de enfrentamientos bélicos producidos por una amplia constelación de factores psicológicos, culturales, sociales, económicos…? Ehrenreich roza o alude a

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Tender puentes, abrir ventanas

Jack Goody pertenece a la generación y al elenco de quienes consolidaron el importante cambio de rumbo que se había producido en el ámbito antropológico británico entre las dos guerras mundiales. Su figura carece del halo que rodea a la de los pioneros (Malinowski y RadcliffeBrown) e incluso a sus inmediatos discípulos (entre ellos está Meyer Fortes, maestro a su vez de Goody). Desventaja, si lo es, ampliamente compensada con una obra más rigurosa y densa que la de los iniciadores y con unos planteamientos mucho más críticos y autocríticos. La generación de Goody abandonó las mayúsculas decimonónicas al estilo de Hombre y Cultura (Malinowski) y renunció a elaborar una Ciencia Natural de la Sociedad (Radcliffe-Brown). Pero, por fortuna, conservó

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