ARTÍCULO

Saltos temerarios

Anagrama, Barcelona
208 pp. 15 €
Grabaciones Necesarias, Madrid
144 pp. 20 €
 

Existen escritores que parecen intimidarse ante situaciones comprometidas, es decir, ante tabúes, prejuicios y demás recovecos oscuros de su sociedad: llegados al punto crítico en que han de enfrentarse cara a cara con esos delicados asuntos, bajan la mirada, toman un desvío o simplemente se acogen a los más sobados estereotipos. Por suerte, de cuando en cuando surge un narrador, un poeta, un ensayista, capaz de mantener la vista fija e ir un poco más allá en el escrutinio de los males y dudas que aquejan al ser humano. Entonces se habla de «autores valientes» o «arriesgados». Andrés Barba no tiene más que treinta y un años de edad, pero ya cuenta en su haber con tres novelas, un libro de nouvelles y un volumen tan peculiar como el Libro de las caídas, al que nos referiremos en un momento. Con Versiones de Teresa logró alzarse con el XVI Premio de Narrativa Torrente Ballester, cuatro años después de quedar como finalista en el Premio Herralde con La hermana de Katia. Poco antes, Ahora tocad música de baile lo había consolidado como nombre de referencia, y hoy en día ya puede considerarse un escritor plenamente maduro, con una voz y un mundo tan definidos y personales que casi estremecen. Sólo un autor de tales características se habría atrevido a adentrarse en un asunto tan delicado y pantanoso como el que nos plantea su novela más reciente. En Versiones de Teresa somos testigos de una relación de gran predicamento en el mundo de la literatura: el triángulo amoroso. Manuel y Verónica, los dos narradores, son dos personas solitarias y con una ínfima autoestima cuyas vidas se cruzan por mediación de la hermana de aquélla,Teresa. Las complejas relaciones que se establecen entre los tres darán lugar a la trama, que no fluirá por los cauces esperados y que incluirá elementos que, para más de uno, resultarían poco menos que intolerables: y es que Teresa, la persona hacia la que los otros dos se sienten atraídos, es una deficiente mental de catorce años. Ahora bien, quien se acerque a este libro pensando que va a encontrarse con una fuente de morbo y/o depravación, que vaya quitándose esas ideas de la cabeza. Porque, en realidad, de lo que trata la novela es de la fascinación que Manuel y Verónica sienten hacia un ser que creen más débil que ellos, pero que, según avanza la historia, se revela firme, inescrutable y todo menos desvalido. Tanto uno como otro proyectan en la pequeña Teresa sus anhelos, sus frustraciones, sus miedos más inconfesables, pero no aciertan a desentrañar qué está pasando por la cabeza de ella, qué es lo que de verdad piensa o siente. Casi podríamos decir que Teresa no es más que una excusa para hablarnos de Manuel y Verónica, dos personas apocadas que han decidido rendirse antes de tiempo, enfrentadas a sendas situaciones límite y entre las que se establece una relación de amor-odio de la que no podrá salir más que un vencedor. La maestría con que Barba traza las complejísimas ideas y sensaciones que cruzan las mentes de estos dos personajes, ese estilo sutil y desnudo, que en ocasiones corta como afiliado estilete y da lugar a tipos tan entrañables como Teresa o situaciones tan memorables como la muerte del padre de Manuel, hacen de este libro una experiencia no sólo recomendable, sino incluso necesaria. En verdad, pocas veces se había tratado un asunto tan peliagudo de una manera tan acertada y subyugante. El Libro de las caídas, la última aportación de Barba a su particular universo literario, no viene sino a confirmar esa pericia. El Libro de las caídas es un singular experimento a caballo entre la narrativa, la lírica y las artes plásticas. Andrés Barba y Pablo Angulo ponen sus respectivas artes al servicio de una misma imagen: sesenta seres saltando de un trampolín. El motivo es siempre el mismo: el salto, la caída, la muerte. La pluma de Barba rezuma poesía a raudales, y a pesar de ocuparse de una cuestión tan trillada, tan recurrente y dada al estereotipo, es capaz de darle una vuelta de tuerca en cada página y plantear la «postrera sombra» desde un prisma diferente. Del Libro de las caídas podría decirse que es una obra concebida por seres vivientes pero destinada a los que, día tras día, abandonan este mundo. Cada una de las sesenta entradas se dirige directamente a los saltadores, los tutea, y refiere el momento de su caída. La muerte se identifica con el desvalimiento, el olvido, la nada, pero también con la liberación, con el acceso a un estado de conciencia superior. Barba y Angulo juegan a captar el momento en que todo ello confluye, logrando un libro bellísimo, de una prosa muy cuidada en el caso del primero, y un violento patetismo en el del segundo: una obra que, como la anterior, sorprende por su intensidad y su personalísima factura.

 

01/11/2006

 
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