Reflexiones de un intelectual


Memoria de un inconformista
GONZALO TORRENTE BALLESTER
Alianza, Madrid, 1997
482 págs.

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Quienes alguna vez han querido animar a Gonzalo Torrente Ballester a que escribiera sus memorias podrán encontrar en las casi quinientas bien nutridas páginas de este libro algunas de las respuestas que el autor ferrolano podría ofrecer ante tales invitaciones. Torrente ha escrito y publicado en diarios y revistas miles de páginas memoriales, sin contar, además, con que sus novelas recogen no pocos aspectos de su biografía. Así se desprende de la lectura de Dafne y ensueños (1982), algunas de cuyas páginas pueden compararse con el «Prólogo a la Obra Completa» –sólo se publicó el tomo I– redactado en abril de 1974. A estas memorias de infancia rememorada en plena madurez creadora, a modo de autobiografía entreverada de fantasía, hay que añadir un copioso corpus de textos, publicados primero en periódicos y reunidos después en libros, por los cuales este escritor gallego merece un estudio particular por su fundamental contribución al género de las memorias, diarios y demás literaturas del yo. Sus Cuadernos de La Romana (1975), Nuevos cuadernos de La Romana (1976), Torre del Aire (1992) y Cotufas en el golfo (1986) constituyen una asombrosa muestra de las más diversas inquietudes que atraen la curiosidad de este intelectual escritor de novelas, quien, además, ha revelado el proceso de gestación de algunas en Los cuadernos de un vate vago (1982).

Torrente Ballester combinó con mucha frecuencia su trabajo de profesor, la creación literaria y el periodismo, ejercido éste en la crítica teatral y en artículos de opinión. Muchos de sus textos periodísticos están reunidos en los volúmenes antes citados. Pero faltaban los que precisamente habían constituido su primera colaboración habitual en la prensa escrita. En 1962, por haber firmado el célebre manifiesto de los intelectuales encabezado por Menéndez Pidal, Torrente fue apartado de su labor docente en la Escuela de Guerra Naval de Madrid. También se le retiraron sus colaboraciones como crítico teatral en el diario Arriba y en Radio Nacional. Reincorporado a su cátedra de instituto, ejercerá su labor en Pontevedra, donde, a partir de 1964, dará comienzo a su colaboración periodística en el Faro de Vigo, dirigido entonces por Manuel Cerezales y más tarde por Álvaro Cunqueiro. La colaboración de Torrente tenía por título genérico el de «A modo» y se mantuvo hasta 1968, pero en los dos últimos años con menos regularidad, pues en 1966 el escritor se había trasladado a la Universidad neoyorquina de Albany, invitado como profesor de literatura española.

Aquellos textos periodísticos son los ahora reunidos en el volumen de Memoria de un inconformista, cuya edición se debe a César Antonio Molina, autor asimismo del atinado prólogo y buen conocedor de la obra periodística de Torrente (véase su documentado trabajo sobre «La obra periodística y viajera de Torrente Ballester», en Nostalgia de la nada perdida. Ensayo sobre narrativa contemporánea, Endymión, Barcelona, 1996, págs. 421-441). En estos 169 artículos volvemos a encontrarnos con el mejor Torrente, el intelectual que piensa con lucidez y razona con rigor, el novelista consagrado ya con Los gozos y las sombras (1957-1962) y Don Juan (1963), dueño de un estilo cuyas armas se afilaban en la ironía y el humor. Sus temas son múltiples. Proceden de noticias de variada naturaleza que los medios de comunicación o los libros llevaban hasta aquel reducto provincial, que no provinciano, pues Torrente nunca lo fue. Sobre el asunto tratado en la noticia el intelectual reflexiona, elabora su pensamiento –siempre inconformista, crítico y libre– y después escribe sobre lo divino y lo humano, desde Galilea hasta las Rías Bajas. Aborda sus temas con agudeza e ingenio, con valentía, honradez y sinceridad, poniendo el alma en cuanto inquietaba por entonces su espíritu, que aún no había desembocado en el excepticismo del autor de La saga/fuga de J. B. (1972).

Cuestiones religiosas, problemas de índole política y social, temas literarios, de crítica teatral y también de cultura general; defensa de la enseñanza pública, fomento de la imaginación y la fantasía; atención a la ciencia y la investigación, a la arquitectura y al urbanismo, al cine, a la juventud…, son las preocupaciones más recurrentes en esta lúcida conciencia crítica empeñada en «espolear voluntades adormecidas» y en favor de la justicia, la igualdad y la cultura. Sólo se puede reprochar que no se hayan incluido todos los artículos de aquella serie. No son muchos los suprimidos, sin duda por razones de peso editorial (el volumen se alargaría demasiado) y para evitar reiteraciones. Todo lo demás constituye un acierto. Porque los artículos de Torrente aquí reunidos, como también otros suyos, esconden una auténtica fiesta intelectual por su pensamiento y una impagable lección de periodismo y literatura en el estilo.

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