Grafomaquia
MIQUEL DE PALOL
Anagrama, Barcelona
176 págs. 1.827 ptas.


Nombra y tendrás Antología bilingüe
MIQUEL DE PALOL
Visor, Madrid
219 págs. 1.800 ptas.

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Miquel de Palol es, sin duda, uno de los escritores más interesantes, por su ambición, de los que pululan en nuestro panorama literario. Los lectores de su obra narrativa que, acaso, desconocían su previa (y simultánea, luego) labor como poeta en lengua catalana tienen ahora la oportunidad de acceder a esta antología bilingüe, Nombra y tendrás, elaborada por su propio autor (y traducida, entre otros, por Benítez Reyes, Carlos Marzal o Paulina Fariza), que sintetiza casi veinte años de dedicación original y con voz propia a la lírica. Verá el lector de estos poemas que hay muchos puentes de unión con su obra narrativa: la desmitificación posmoderna, el interés y oblicuo uso de la mitología (griega, fundamentalmente), una cierta escatología cuasi pornográfica, la contemplación del mundo en torno, urbano, desalmado, mediocre, que se tiñe a trancos de tonalidades apocalípticas o, en otras ocasiones, de reflexión sobre la muerte, la nada y el sentido –¿lúdico, sarcástico, patético?– final de nuestra instalación en el Tiempo…, con la sospecha de que al cabo, desde la fusión del amor que por momentos todo le atempera, la carcajada bárbara y la mirada melancólica se identifican, se confunden en una actitud descreída y vacía que roza momentos «iluminativos» con estertores groseros sin solución de continuidad. Una antología, en fin, que recoge poemas tan lejanos y tiernos como los de aquel primer libro Quan?, de 1979, escritos casi un lustro antes, pasando por, sin duda, su más interesante poemario, El porxo de les mirades (1983), para recalar en sus más recientes creaciones, entre las que se incluyen un inédito, Nocturno, en el que podemos leer versos como estos que, en mi opinión, resumen bastante bien el talante poético de Palol: «Reímos y cual si nada hablara de otras cosas, / comienza ahora a inquietarme una gran duda: / si son uno y lo mismo la varvajada bárbara, / mal chiste de ocasión / –aunque real del todo, no lo dudes–, / de la peor brutalidad parida / y esta ternura mía algo impostada, / y un algo melancólica, / que todavía intenta convencerte».

Una antología, en fin, que nos ofrece un somero pero significativo recorrido por la proteica producción lírica de un escritor «distinto», original en su ambición, que merece la pena conocer. Muchos fuimos ya los sorprendidos por su titánico esfuerzo en forma de novela decamerónica y milenarista, El jardín de los siete crepúsculos. Un libro de cuentos de menor fortuna y ambición, Entre las hélices, preparaba el desembarco de uno de los libros más interesantes que ha producido la narrativa peninsular contemporánea, esa novela de caballerías posmoderna, Igur Neblí, verdadera «prueba del laberinto» narrativo y filosófico de su autor, una novela sumamente importante (y tibiamente acogida) en la que se disecciona con la frialdad del estilete como en pocos sitios el resorte más profundo de la ambición y el poder en nuestras sociedades, todo ello tejido en una fábula «homérica» que bordea el esoterismo, la mística, la pornografía y el pop-art. Por desgracia, una empresa «desmedida» y a contracorriente como aquélla sólo tuvo el reconocimiento de una inmensa minoría lectora y crítica, pero no pudo o supo dar el salto al «gran público»: una novela tamaña, en el panorama digerible y facilón de la actual narrativa, supone poco menos que una provocación; Igur Neblí, frente a quienes creen y escriben que la novela ha muerto, recupera para el género su aliento mítico y holístico, junto con la «desmedida» ambición de inventar el universo. Tal empeño la hace, cuando menos, acreedora a una lectura desprejuiciada y abierta: sirvan, en cualquier caso, estas líneas para llamar la atención sobre un texto que pasó «demasiado» inadvertido hace unos años.

Dos entregas más se sucedieron casi a la par, El legislador, nuevo análisis del héroe ante las perplejidades y subterfugios del poder, novela «casi menor», en comparación con las dos anteriores, que analiza individual y colectivamente nuestra reacción ante un fin próximo del mundo. Y, publicada en 1995 en catalán y dos años después en castellano, El Ángel de Hora en Hora, una suerte de divertimento, que guarda una profunda relación con esta incalificable Grafomaquia, cuaderno de bitácora, zibaldone, espacio lúdico de la invención en estado puro, libro aparecido en catalán en 1993, es decir, en la época de escritura o elaboración de sus tres últimas novelas; por eso la solapa advierte de que se trata de un libro «central» en la obra de Miquel de Palol.

En efecto, aparte de dar la impresión de que todos los textos citados han sido escritos prácticamente «a la vez», es indudable la estrecha relación que guardan todos ellos con este juego de contrapuntos, variaciones y fugas, divertimento narrativo y poético que está en la base de la novela El Ángel de Hora en Hora. En el apéndice de ésta se podría haber incluido toda esta serie de argumentos paradójicos, ya apuntada en uno de los mejores momentos de El jardín de los siete crepúsculos: la historia de quien estaba condenado a repetir siempre el mismo día de su vida al haber sido absorbido por una suerte de bucle espaciotemporal: lo que comenzaba como una broma posmoderna, se transformaba paulatinamente en un brillante ejercicio de terror metafísico y reflexión sobre el tiempo y la existencia.

Por desgracia, estas breves composiciones, no exactamente «poemas» ni «relatos», no están a la altura de aquellas «logomaquias». Bajo la forma del anillo de Moebius o el arte escheriano del trampantojo visual, el autor pretende convertir su materia literaria en una cinta de movimiento continuo virtualmente infinito. Palol echa mano también de las paradojas lógicas (la mentira del cretense), la perplejidad del soñador que sueña o la poesía tridimensional de infinitas variaciones y repeticiones.

Un libro peculiar, raro, lúdico, un mero juego de arquitectura verbal con que el autor «se divierte» y descansa en el fragor de la redacción de sus novelas.

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