Gobernar la Cataluña de Franco


Gobernadores. Barcelona en la España franquista (1939-1977)
Javier Tébar, Manel Risques, Martí Marín y Pau Casanellas
Granada, Comares, 2015
376 pp. 28 €

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La dictadura de Franco tiene en el análisis de sus poderes locales y regionales una fabulosa herramienta para el conocimiento de su implantación, desarrollo y límites. No es esta una tendencia de poco recorrido. Hace ya años que la historiografía española viene planteando, no con demasiado debate teórico ni interés comparativo, pero sí con una muy precisa capacidad descriptiva, la importancia del conocimiento institucional sobre cómo desde lo local y lo regional se construyó la dictadura. Y viceversa, cómo la dictadura y sus lógicas se reflejaron y proyectaron sobre, como se dice hoy, el territorio y sus dinámicas. Es, pues, un tema sobre el que no puede achacarse a la historiografía española deficiencias, lagunas o grandes desconocimientos. Es más: el de la construcción local de la dictadura, sobre todo precisamente en sus fases seminales –la guerra pero, sobre todo, el largo período de posguerra que institucionalmente puede datarse en torno a 1949 como fecha límite–, es, posiblemente junto con el de su construcción cultural e identitaria, uno de los grandes temas sobre el que los internacionalmente conocidos como Fascist studies deberían volver la mirada, fijándose en lo que se ha producido y se produce en y sobre España.

Y deberían hacerlo, entre otras cuestiones, para constatar las complejidades de la fascistización y la desfascistización a escala local y regional, o para analizar cómo evoluciona el fascismo (pues, como tal, nadie dudaría en denominar la España de Franco si los aliados hubiesen acabado con su poder) y sus culturas en un contexto ajeno al habitual encapsulado de 1922-1945. Aunque es igualmente cierto que la mayoría de estudios disponibles lo son sobre determinadas provincias o regiones durante el franquismo y no, como propone este libro, en el franquismo. El cambio del adverbio por la preposición es tan acertado cuanto lo es, también, el análisis planteado no desde la escala provincial, sino desde la de un poder específico desde cuya atalaya es posible observar el territorio circundante. Por ese camino, que no eleva la frontera geográfica o política a vector primero y definitorio del proceso histórico, transitan algunos de los mejores análisis disponibles sobre la implantación del fascismo en Italia, en Alemania o en Croacia. Este libro se emparenta, pues, con un modo de narrar los regímenes políticos desde dentro de sus instituciones sin hacer bandera del exclusivismo y abriendo los horizontes a la comparatividad.

Gobernadores propone una panorámica de la dictadura de Franco en la provincia de Barcelona (aunque, me parece, se hable abundantemente más, salvo excepciones como en las páginas 142 y ss., de la ciudad que de la provincia) a través del análisis de las figuras de sus gobernadores civiles y, sobre todo, de sus políticas y contextos. Se trata, por tanto, de un tema de máxima relevancia, con mucha literatura de referencia disponible. De hecho, los mismos autores de este volumen tienen, tres sobre cuatro, obra publicada al respecto, siendo el cuarto un excelente conocedor del contexto del último franquismo, sobre el que desarrolla aquí sus análisis. Así pues, y a poco que los autores no se limitasen a reproponer cuestiones ya abordadas en sus anteriores publicaciones, un volumen como este tiene suficientes garantías de partida para funcionar como un trabajo de referencia sobre la implantación del poder dictatorial a partir de una unidad y un poder capitales para el franquismo: la provincia y el gobernador. Este libro tiene todos los mimbres para convertirse en una referencia en lo metodológico. En ese sentido, resulta un claro acierto también del editor, que en los últimos años de jibarización empresarial y espectacularización de las propuestas editoriales, está convirtiéndose en un reducto de calidad en el que publicar los resultados de las investigaciones de una historiografía, la española, a la que está obligándose a marchas forzadas a renunciar a la monografía en aras del paper.

Los autores de este volumen parten de una serie de hipótesis que, a mi entender, podrían haber sido incluso más ambiciosas. La obra lo merecería. Ellos plantean una revisión en clave biográfica y contextual de las figuras de los gobernadores de la dictadura, y la insertan en un doble debate: el de la administración de la dictadura (los «hombres del Régimen»), por un lado, y por otro, aunque con mucho menos relieve, el del problema del orden público en el franquismo. Sin embargo, la obra habla de mucho más. Habla de las continuidades y discontinuidades en el poder provincial. De la centralidad o no del fascismo como sistema de poder y encuadramiento a través del partido único. De las especificidades de una provincia como la barcelonesa durante el franquismo. De las oposiciones a la dictadura, de sus diferentes componentes, de sus límites y sus resultados. De la gestión, en suma, de la gobernanza dictatorial en su larga duración. Para abordar tan diversas cuestiones, la obra se divide en cuatro grandes bloques, correspondientes a los cuatro autores y a sus especializaciones cronológicas, independientemente del número de gobiernos civiles estudiados. Son doce en total los que se asoman por las páginas de este libro y los que son contextualizados en sus propios marcos históricos y biográficos, aunque no resulten todos igualmente importantes y, en consecuencia, no todos los perfiles biográficos sean igualmente extensos. Alguno, como en los casos de Felipe Acedo, de Antonio Ibáñez Freire, de Garicano Goñi o de Rodolfo Martín Villa, es capital para entender el tipo de personal del que se valió la dictadura en provincias potencialmente conflictivas. Sin duda, entre ellas estuvo de manera destacada una Barcelona que hasta hacía cuatro días tenía por capital la «Moscú del Mediterráneo», que cuando el primero aterrizó en el gobierno civil acababa de pasar por la reaparición de la conflictividad obrera en 1951 y que fue el escenario de la confluencia de conflictos laborales, estudiantiles, religiosos y nacionales.

Lo primero que se subrayan, y resultan llamativas, son las similitudes entre los perfiles de los gobernadores. Resulta interesante que muchos proviniesen de la «columna jurídica» de la Guerra Civil. En realidad, todos, los doce, eran miembros de la comunidad del 18 de Julio. Eran vencedores, de profesión (salvo los últimos) militar, adscripción política entusiasta al partido único y desembarcados en la administración civil. Todos, acumuladores de méritos patrióticos, cargos en la Administración o en la empresa pública y privada, leales a su Caudillo. Que el de gobernador civil fue un cargo para nada menor en el organigrama administrativo y político del régimen lo atestigua el hecho de que muchos de quienes pasaron por el de Barcelona repitieron en otras provincias. Los doce gobernadores estudiados fueron nombrados veintidós veces para el cargo. De igual modo, el hecho de que fuera un cargo de adscripción homogénea a lo largo de las cuatro décadas de dictadura. La pertenencia de todos ellos al partido único fundado en 1937, Falange Española Tradicionalista y de las JONS, no hace sino subrayar, a mi juicio, la centralidad del partido único fascista como vehículo vertebrador de la vida política y del orden público en España.

Uno de los grandes méritos de este volumen es el de ofrecer el despliegue cronológico completo del objeto estudiado y, por ende, analizar las continuidades y discontinuidades en las formas y naturalezas del poder de los gobernadores civiles en la Barcelona franquista. Y hacerlo, curiosamente, sin un entramado interpretativo prefijado, como apreciará cualquier lector (en el sentido de que lo percibirá, pero también que lo agradecerá). Pese a que aquí se muestre muy pronto un partido milagrosamente desfascistizado por José Luis Arrese desde 1941 (p. 51) y 1939-1945 como una fase de «tensiones entre Estado y FET-JONS», donde las formas «racionales y burocráticas» del primero se «impondrían a Falange» (p. 1, desarrollado luego en pp. 50 y ss.), es interesante observar que los cuatro autores no están de acuerdo: véanse las páginas 126, 261 y sobre todo, 224. La del «fracaso» de la unificación, el eclipse del «proyecto fascista de Falange» y la de la neutralización del fascismo por parte de Franco y de su eminencia gris (más gris que eminencia) Luis Carrero Blanco, que no la de la desfascistización del régimen, es una interpretación de muy largo recorrido en la historiografía sobre el franquismo. Sin embargo, está lejos de ser la única interpretación existente, como el propio libro se encarga de demostrar. Desde el análisis comparado de los procesos de fascistización europeos hay pocas dudas en identificar a Falange Española Tradicionalista como el gran partido nacional fascista. Ese Partido Único como creador y consolidador de carreras políticas, en el que el hecho fundacional de 1937 nacía de un estado de guerra de expulsión de la anti-España, fue el centro gravitacional del poder provincial. Como bien se señala y aparece reiteratamente indicado en las biografías de los gobernadores, la dinámica fundacional del 18 de julio operó como gran mecanismo identificador de la cultura política del franquismo. En consecuencia, al menos en lo administrativo, cabe dudar de si el régimen fue por entero desfascistizado en provincias. La historia que aquí se cuenta dista de ser, a mi juicio, la de la «neutralización» del fascismo, ni la de la sumisión de unos gobernadores falangistas a las lógicas frías de un Estado que, no se olvide, ellos mismos decían haber conquistado con la victoria en la Guerra Civil.

Pese a su carácter seminal, o precisamente por él, el libro no deja de arrastrar algún problema. Como tal, supone una apuesta compleja y arriesgada, ya que, como los mismos autores señalan, este no es un libro colectivo en el que un autor ejerce también de editor, sino más bien un trabajo a ocho manos. Y lo cierto es que, a mi juicio, la presencia de un coordinador general de la obra habría sido útil. Pese al preciosismo de la edición, el libro se resiente de una más que evidente falta de revisión del original en algunas de sus secciones. Ese es, de hecho, su gran problema. El texto, en algunas partes, contiene excesivas erratas, catalanismos, errores tipográficos y, lo que es peor, de sintaxis, hasta el punto de dificultar su lectura en algunos pasajes. Además de esa ulterior revisión, el libro queda algo necesitado de comparatividad (con otras provincias y otros contextos dictatoriales) y teorización. Con todo, se trata posiblemente de la apuesta más completa y detallada por el análisis de los mecanismos del poder dictatorial en una sola provincia de cuantas se hayan producido en la historiografía nacional. Un gran acierto en lo metodológico, en lo editorial y en lo historiográfico que a buen seguro satisfará a los interesados en el despliegue de la dictadura. En fin de cuentas, por Barcelona pasó en no pocas fases de la dictadura de Franco, como ocurriera en 1909, en 1923 o en 1936, el relato central de la historia de España.

Javier Rodrigo es profesor de Historia Contemporánea en la Universitat Autònoma de Barcelona. Sus últimos libros son Políticas de la violencia. Europa, siglo XX (Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2014), y La guerra fascista. Italia en la Guerra Civil española, 1936-1939 (Madrid, Alianza, 2016). Ha editado, con Francisco Morente, Tierras de nadie. La Primera Guerra Mundial y sus consecuencias (Granada, Comares, 2014).

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