Ensayos RdL

Mucho más que unos apuntes

Por fortuna están de nuevo en las librerías las crónicas parlamentarias de Víctor Márquez Reviriego en Triunfo. Se salva así –ahora en un solo volumen– la mejor expresión de nuestro periodismo parlamentario, crónica general también de la clase política en los primeros años de la democracia. Siguiendo la inteligente consigna de Monterroso, Víctor Márquez escribió sus crónicas no sólo para el presente, como es obligado en un periodista, sino también para el futuro; sorprende su vigencia casi dos décadas después. El paso del tiempo no ha rebajado el interés de los textos sino que les ha comunicado ese morbo intelectual de lo certero, de lo presentido y cumplido. El tiempo ha dado la razón a las ironías de Márquez sobe

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La inercia de la angustia fría

Baudelaire enseñó que el poeta podía hacerlo todo por sí mismo, sin guías ni intermediarios. Y, como muy bien vio Alberto Savinio, con esta enseñanza Baudelaire mandó a paseo a Apolo, las musas se resecaron y disolvieron su coro, la corte del Parnaso se fue a la quiebra. Todavía hoy en día hay quien se resiste a aceptar que la poesía universal ha pasado de las manos de Dios a las del hombre. Me viene ahora a la memoria la historia del origen del título de un libro de poemas, cuya reciente lectura me ha dejado literalmente fascinado: Ciudad del hombre: Nueva York. El título de este libro se le ocurrió a su autor, a José María Fonollosa, un día

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Efectos (de escritura) especiales

Nos tiene acostumbrados Baudrillard en sus textos a ir forzando las hipótesis hasta el paroxismo, a radicalizar los conceptos hasta su disolución en una especie de movimiento browniano cuyo sentido es isotrópico, a promover un pensamiento distinto del pensamiento crítico que se va ocupando cada vez más de los fenómenos extremos. En su discurso se reconocen figuras que ha ido utilizando en toda su obra: anamorfosis, banda de Moëbius o la confusión, tantas veces citada, entre el mapa y el territorio según «los cartógrafos del imperio» de Borges. Como él mismo dice, para pensar los fenómenos extremos el pensamiento tiene que convertirse en fenómeno extremo, debe abandonar cualquier pretensión crítica, cualquier ilusión dialéctica, cualquier esperanza racional y entrar a su

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Ana Castillo

La literatura denominada «chicana» –y Tan lejos de Dios de Ana Castillo reivindica con orgullo esa denominación– nos coloca ante una paradoja dolorosa. Rozamos aquí una materia mítica que inflamó –«inspiró» sería una palabra demasiado débil– a Artaud y a los surrealistas; no anda muy lejos el salvajismo, que es una de las fuentes de las vanguardias artísticas en el siglo XX , detrás de Picasso, Bataille, Leiris, Burroughs. O, más cerca, de Diego Rivera, Juan Rulfo o Gabriel García Márquez (ejemplos, como se ve, dispares, y no todos esteticistas). ¿Por qué entonces una obra por la que desfilan los mitos chicanos de la Llorona, o Cihuacoatl, de Tsichtinako, de Aztlan y la Virgen de Guadalupe, de los santeros, es

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