CUENTOS INVEROSÍMILES
José López Rubio
Menoscuatro, Palencia
232 pp. 15 €

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Pese a su longeva vida y vasta producción, poco suena en los últimos tiempos el nombre de José López Rubio (1903-1996), acaso porque de su polifacética obra hayan prevalecido, sobre todo, dos parcelas especialmente vulnerables al paso del tiempo: el guión cinematográfico y otras piezas teatrales (algunas escritas en colaboración con otros «humoristas» del 27 como Edgar Neville y Jardiel Poncela) de los años treinta, y después, en la década de los cincuenta, la comedia de costumbres burguesas, con éxitos como Celos del aire (1950) y La otra orilla (1954). Un éxito que López Rubio renovó en 1970 con Al filo de lo imposible, piezas escritas para televisión y luego recogidas y ampliadas en volumen (Madrid, Guadarrama, 1971).
Sin embargo, más difusos quedaron los inicios del escritor. La novela de 1928 que le granjeó, entre otros, el aprecio y la estima de Lorca, Roque Six (donde se narran las seis sorprendentes reencarnaciones sucesivas del oscuro funcionario Roque Fernández), sólo la reeditó por vez primera Seix Barral en 1986. Pues bien, es este López Rubio más desconocido el que se rescata en estos Cuentos inverosímiles, de 1924, y que se sitúan en la órbita de la narración breve (no son cuentos al modo convencional) característica de las vanguardias, polimorfa y heterogénea, además de mestiza y porosa a todo ingrediente que contribuyera a la renovación y el cambio del canon genérico. Siguiendo el ejemplo del gran maestro de todos ellos, Ramón Gómez de la Serna, López Rubio cultiva en estos relatos un humor fruto del general aire de la época, con su tendencia a aligerar y desenfocar la vida apelando al juego. Estaba de moda lo funambulesco, el ritmo ágil, lo efervescente y un cierto escamoteo de la realidad. De ahí que este humor se emparente con cierta poética del absurdo, de mundo al revés, de mundo donde las situaciones se tensan hasta casi romperse en el límite de lo inverosímil. Y también este humor está impregnado del lirismo de los «tontos» del cine norteamericano, y de otros personajes ingenuos, como los medios seres de Alberti o, de nuevo, el doctor inverosímil, de Ramón.

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