Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 5 de Septiembre. ¡Feliz Verano!

Regreso a Sciascia

Cuando Leonardo Sciascia (Racalmuto, 1921-Palermo, 1989) ofreció una selección de sus cuentos en Il mare colore del vino, aludió a otros textos excluidos de esa «especie de resumen de mi actividad hasta ahora» (1973). Paolo Squillacioti recopiló en 2010 veinticinco cuentos más del autor siciliano, todos, salvo dos inéditos, aparecidos en publicaciones periódicas y en otros formatos, y escritos entre 1947 y 1975. Si el volumen reunido por Squillacioti se llamó en Italia Il fuoco nel mare, en España se publica como Una comedia siciliana. En los dos casos se recurre al título de uno de los cuentos de la colección. Hablo de «cuentos», pero la mayoría de los textos de Una comedia siciliana también podrían describirse como eso que los italianos denominan elzeviro, es decir, «artículo de argumento artístico, histórico, literario, e incluso recensión o relato que publica un periódico para abrir la página de opinión» (traduzco la definición del diccionario de Nicola Zingarelli).

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Los generales políticos de Isabel II

El estudio de los generales del siglo XIX es imprescindible en una época surcada tristemente por guerras civiles, pero que ha estado muy abandonada. Es cierto que los archivos disponibles no dan para mucho, salvo quizás en el caso de Narváez, y que la biografía de un militar metido a político precisa de un conocimiento al menos suficiente de áreas afines, como la historia política y de las ideas. Aun así, la sensación de que aquellos militares de relumbrón era el parapeto de un proyecto civil más o menos construido, los ha convertido en accesorios o secundarios.

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Furia y diversión contra los franceses

La primera edición de Contra los franceses apareció en marzo de 1980 y fue publicada de forma anónima, conforme a la tradición secular de los libelos. Concebidos con intenciones vejatorias y difamatorias, el autor había de guardarse las espaldas de quienes recibían su burla o su ira, y, en cualquier caso, de su venganza, de ahí que normalmente ocultaran su nombre a la vista del público. Los libelos pueden entenderse como «literatura de acción» debido a su capacidad de movilizar a las masas en el caso de los libelos políticos, o a predisponerlas intelectualmente en contra de un movimiento, un régimen o alguien en concreto. Quizá sea la característica definitoria de este tipo de panfletos la exageración y la deformación, envoltorios que, por otro lado, guardan una crítica seria y tenaz. 

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