
Prólogo en forma de epílogo y viceversa
Acababa de sobrevolar la bahía de Sídney. Allí abajo estaba ese seductor edificio. A pesar de haber apreciado en su interior, atrapado cómodamente en una de las butacas, la proyección del largometraje de Milos Forman Amadeus en versión concierto en directo, nada se comparaba a su observación desde un despejado cielo bajo el algo ensordecedor pero ronroneante y placentero ruido de las aspas del helicóptero. Algo así tendría que hacerse en la bahía de Málaga y que su figura se convirtiera en tan icónica que resultara seña inequívoca de identidad, incluso si ello provocara que el monumento superara a la ciudad. Un Bilbao con el Guggenheim. Pero no cualquier cosa, pues esas son decisiones de un solo disparo.

















