El irresistible atractivo de la maldad

Detrás del cielo

Manuel Rivas

Madrid, Alfaguara, 2024. Premio Nacional de las Letras Españolas 2024

En un mundo arrasado por la tranquilidad de la rutina, devastado por el monótono sobrevivir, lo sórdido se ha convertido en un excitante entretenimiento. En las escasas horas de ocio que nos permite una vida entregada a obligaciones tristes, contemplar las costuras de un sistema en permanente estertor, recrearnos en las postrimerías de una sociedad herida de muerte, es un pasatiempo trepidante con el que quemar las horas hasta que suene el siguiente despertador. Contemplar y recrearnos, pero sin atrevernos nunca a saltar de una vez esas malditas costuras.

El género negro, con sus infinitas derivadas, tiene tanto éxito porque nos muestra lo que no nos atrevemos a mirar, haciéndonos soñar con la posibilidad de que germine la esperanza en medio del caos y la decrepitud. Y el que se atreve a hacernos soñar, el que con palabras construye la espita de la esperanza, tiene un mérito gigante. Mérito que se le ha de reconocer a Manuel Rivas.

Desde los mullidos palcos de nuestros cuartos de estar, asistimos obnubilados a la crudeza del true crime, género que copa buena parte de la oferta de las plataformas de entretenimiento. No tratamos de entender la psiqué de las mentes de los criminales y de las complejas realidades en las que se mueven, sino que las consideramos un divertido pasatiempo. La literatura también se ha subido a ese carro y, bajo la etiqueta de la no ficción, nos propone zambullirnos en la cara b de nuestra sociedad bajo la incontestable apariencia de la realidad, de lo objetivo. El irresistible atractivo que tienen el mal o el odio merece un debate sosegado sobre a dónde se han dirigido nuestros valores, un debate que no se soluciona cancelando la publicación de determinado libro.

Sin embargo, la novela negra presume de una vocación que va más allá del mero entretenimiento. En medio de la vorágine de producción y publicación de este género, a menudo olvidamos que su ambición es la de señalar que el conflicto y el crimen son resultado de un sistema salvaje e injusto, que expulsa a los que no son capaces de soportar sus frenéticas dinámicas. En las cunetas de la sociedad germina la delincuencia, abonada por la frustración, la injusticia y la desigualdad. Manuel Rivas lo sabe y de hecho eligió como preludio para Después del cielo una reveladora frase de Paco Ignacio Taibo II. «Una buena novela negra investiga algo más que quién mató o quién cometió el delito, investiga a la sociedad en la que los hechos se producen. Empieza contando un crimen, y termina contando cómo es esa sociedad».

La obra de Rivas huye tanto como él mismo de los clichés literarios. En el afán contemporáneo de etiquetar cualquier fenómeno cultural, ha surgido con cierta popularidad lo que se ha dado a llamar como galician noir. Lo cierto es que la situación del medio rural gallego se podría clasificar inexorablemente como negra. Los modos de vida tradicionales se ven devorados por los rigores de un capitalismo feroz que impone una ganadería y agricultura intensiva. La emigración vuelve a cebarse con una tierra que bien sabe lo que es abandonar el hogar para labrarse una vida digna, horadando aún más en la despoblación y el abandono institucional. No son pocos los que intentan hacer fortuna ante la desgracia y la desesperación. Y todo ello en un entorno mágico en el que la naturaleza cobra un papel protagónico, un personaje que sabe revolverse contra los que le hacen daño.

Manuel Rivas sabe hilvanar todos esos elementos dibujando con maestría un crudo relato sobre la realidad de su tierra. En Detrás del cielo colisionan las contradicciones de un lugar salvaje con tal violencia que la obra se convierte en una ordenada sinfonía de personajes y situaciones capaz de mostrarnos los límites de la humanidad y de la naturaleza. Tragedias como la violencia machista, la trata de blancas, la corrupción urbanística o la inmigración precaria se enfrentan con la generosidad de la naturaleza, la lucha feminista o la solidaridad. Una novela negra atravesada por la luz.

La historia comienza con la batida por el Solitario, un legendario jabalí imbuido de una fama criminal y una inteligencia superlativa. El grupo de cazadores está compuesto por un catálogo de extravagantes personajes, cada uno con su historia de luces y sombras, cada uno con su lucha interior entre sus egos y sus complejos. La caza es una alegoría de la pasión primitiva por el poder y el sometimiento. Pero la pugna con la mítica bestia no deja de ser un macguffin que nos zambulle en la trama de mano de Dombodán, un narrador diferente, que va dando tumbos desde la sagacidad y la bondad hasta la enajenación y la estupidez. Una mente distinta que ofrece una visión distinta, empática en ocasiones, atroz en otras. Pero una visión profundamente enraizada en su entorno, en la naturaleza. Es entonces cuando su visión se torna privilegiada.

En Tras do Ceo, la comarca bucólica donde transcurre la historia, poblada tanto por una bucólica neblina como de la más voraz e insensible codicia, el epicentro de la depravación se llama Edén. Todas las oscuras pasiones del ser humano se dan cita en un enorme burdel, grotesco y obsceno, como todas las abominaciones que la especulación inmobiliaria y la corrupción desalmada ha esparcido por toda España. Sin embargo, hasta en el mismo club Edén es capaz de latir con alegría el corazón de las mujeres sometidas. Con alegría, rebeldía y ternura son capaces de hacer frente al dominio patriarcal y violento que les aprisiona. Porque el Edén es una alegoría de nuestros días, tiempos de testosterona embriagada de poder, de bravuconadas, de golpe en pecho, puñetazo en la mesa y «no hay huevos». En nuestros días, combatirlo es un acto revolucionario. Y el Edén está a punto de estallar.

En Detrás del cielo, el mundo está colapsando, quizá del mismo modo que ya lo hace mientras yo escribo estas líneas y usted las lee. La amalgama de personajes que moran estas páginas permanecen circunspectos para devorar las ruinas de Tras de Ceo. Son muchas y muy pingües las ventajas que ofrece un medio rural herido de despoblación cuando se carece de escrúpulos. Y bajo el manido mantra del desarrollo un mundo muere y otro nace. La agricultura y la ganadería tradicionales que tanto hicieron enorgullecer a un país entero ha de dar paso a promociones y desarrollos, términos vacíos, auténtico oxímoron de lo que realmente dejan en tierras fértiles y generosas. En esa obra, el menos animal resulta ser el Solitario.

Porque la Naturaleza se esconde en cada palabra de Rivas, se agazapa tras las líneas, conspira contra los seres humanos, los menos humanos de los seres que moran estas páginas. Abraza con su musgo cada rincón de los pueblos abandonados, observando silente los actos salvajes del hombre, apuntando los agravios en su memoria para cobrarse una venganza completa, para devorar la maldad con sus fauces hasta caer satisfecha.

Detrás del cielo se encuentra el infierno. Son caras de la misma moneda. No es una novela de buenos y malos en sentido estricto, sino de personajes arrasados por las circunstancias. Y son en esas circunstancias cuando pueden decidir brillar o ser engullidos por la oscuridad. Igual que usted y yo. Porque todos somos habitantes de Tras do Ceo y todos, con nuestros actos, con nuestro comportamiento, podemos convertir ese lugar amado en un infierno o un paraíso. Porque en Detrás del cielo también está la redención de la humanidad.

Por eso estas páginas de Rivas son tan actuales y por desgracia, todo apunta a que lo seguirán siendo. Nos han tocado vivir tiempos negros en los que la maldad atrae, genera seguidores y adeptos. El corrupto, el prevaricador, el dueño de infames lugares como el Edén son héroes, hombres hechos a sí mismos, ejemplos. Benditos sean los libros que nos enseñan a reconocer a los canallas y a señalarlos. Lean, lean mucho, antes de que no queden más cielos que los de nuestros recuerdos.

Ignacio Marín es escritor y periodista, y director de Vallekas Negra, el primer festival de novela negra y social de Vallecas. En 2022 publicó su primera novela, Edificio España, su último trabajo es Nadie corre más que el plomo (2024).

Monte Ventoso, Ferrol. Imagen de Valeriano G.
Monte Ventoso, Ferrol. Imagen de Valeriano G.

Ficha técnica

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