La cuestión catalana
José Ortega y Gasset apoyó el Estatuto de Autonomía Cataluña de 1932, pero apuntó que el independentismo catalán, lejos de ser un sentimiento responsable, se inspiraba en planteamientos utópicos. No era una observación irrelevante, sino una advertencia trágica: «La utopía es mortal, porque la vida es hallarse inexorablemente en una circunstancia determinada, en un sitio y en un lugar, y la palabra utopía significa, en cambio, no hallarse en parte alguna, lo que puede servir muy bien para definir la muerte». Las utopías no prosperan sin la confrontación con un enemigo real o imaginario. No es posible crear una nación o sostener una ideología sin un espíritu de beligerancia contra algo. ¿Cuál es el «enemigo» de Cataluña? España, lo español, el centralismo castellano, imperialista, despótico y vetusto. Para los independentistas catalanes, España es sinónimo de opresión, intolerancia, represión, atraso. España no es un país democrático, sino un vástago de la Santa Inquisición y la monarquía absoluta. España es Torquemada, Fernando VII y el general Franco.









