Un réquiem europeo
Mauricio Wiesenthal llegó al mundo en 1943; hacía un año del suicidio de Stefan Zweig y la Segunda Guerra Mundial iba a dejar a media Europa roturada por el comunismo. El maestro vienés había legado a la posteridad El mundo de ayer con el genocidio de fondo, despojado de biblioteca, sin sus manuscritos y las ediciones autógrafas que atesoraba en su mansión subastada. Agavillaba recuerdos en plena guerra, en la extranjera Petrópolis, sin el menor auxilio para la memoria. Zweig había visto morir Europa dos veces: consumida primero por las llamas de la Gran Guerra y humillada luego por el nazismo, que hizo de Austria una provincia del Tercer Reich. En esa herencia crepuscular germina la obra de Wiesenthal. Si






