Disonancia cognitiva
Posiblemente Xi Jinping sea, desde Mao Zedong, el dirigente comunista chino más tentado por la ambición. Esto significa dos cosas. La primera, que tiene grandes planes: por eso es ambicioso. La ambición –querer algo con vehemencia– no es, de suyo, una pasión insana. Que llegue a serlo depende de sus fines y, sobre todo, de los medios con que se despliega. La segunda –y este es el problema–, que los planes de Xi y su grupo dirigente se resumen en devolver a China el papel central que desempeñó durante siglos en el Este de Asia y del que, en la versión nacionalista que los comunistas comparten con sus antiguos enemigos del Kuomintang, fue desposeída por los tratados desiguales impuestos por las potencias coloniales. Ese siglo de humillaciones, insisten, se ha ido para nunca más tornar, cosa cierta de la que a continuación deducen que ha sonado la hora global de China.







