Del 11 al 17 de abril, la revista descansa por Semana Santa

Falacias y medios de comunicación

Quizá sea a causa de mi oficio (estadístico y demógrafo), pero siempre me ha interesado hurgar en las explicaciones que los medios publican, sobre todo cuando encierran grandes falacias. Causalidades inexistentes que no siempre son fáciles de desmontar, aunque otras veces resultan bastante obvias. En cualquier caso, lo que más me divierte es la facilidad con que caen en esas falacias algunos periodistas que tienden a comulgar con ruedas de molino, especialmente en aquellas que podríamos denominar «noticias médicas».

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Encuestas y contradicciones

Se sabe desde hace ya tiempo que los institutos dedicados a realizar predicciones económicas o políticas buscan, en primer lugar, influir en las opiniones públicas, y la forma que suele tomar esa pretensión recibe el nombre de «titular» (consistente en resumir en pocas palabras una información o una opinión). La hipótesis subyacente en cualquier «titular» suele ser doble: 1) el lector siempre tiene prisa y 2) el lector es un «simple» o tiene la cabeza en otras cosas, sin tiempo para dedicarse a saber qué es lo que pasa realmente.

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Una modesta proposición

Como todo lo que escribe Santiago Muñoz Machado, Cataluña y las demás Españas es un libro lleno de sentido y de buen hacer histórico y jurídico. Centrado en el problema catalán, el profesor Muñoz Machado arranca confesando la dificultad del empeño.

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Podemos: el síndrome de Sansón

Si queremos hablar de populismo, conviene aproximarse a una definición o, si se quiere, realizar un acotamiento de ese concepto político. Populista es –a mi juicio– quien habla como si él encarnara al pueblo. Por tanto, la primera característica del populista es la de ser un suplantador, pues el pueblo, es decir, la ciudadanía, es plural y variada, y cuando el pueblo actúa de forma homogénea y unánime, la mayor parte de las veces se convierte en populacho, en masa, en chusma.

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Enfermos de poder

Las taras que el abuso de poder produce en esas extrañas criaturas llamadas políticos desgranadas con inteligencia y sin misericordia por David Owen en En el poder y en la enfermedad.

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El pintor de historias

Eduardo Arroyo nació en Madrid, bajo las bombas, durante la guerra civil: «En Madrid, a las tres de la mañana del 26 de febrero de 1937, venía yo a este mundo. Tres días antes, un obús había entrado por uno de los balcones del cuarto piso del número diecinueve de la calle Argensola. Ante la amenaza de que ello volviera a ocurrir, mis padres se habían trasladado a un lugar aparentemente más seguro. Se mudaron al primero izquierda de la misma casa. Allí fue donde nací». Arroyo estudió en el Liceo Francés y luego se hizo periodista. En 1958, harto de Franco y de las moscas nacionales, tan pesadas, tomó el camino del exilio, se instaló en París y se

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