Valle-Inclán inédito y ejemplar


Con el alba. El Cuaderno de Francia (1916). Manuscrito inédito. 2 vols.
Ramón María del Valle-Inclán
Santiago de Compostela, Universidad de Santiago de Compostela, 2016
275 pp. 35 €

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Cuando se cumplían casi exactamente cien años de la fecha en la que fue escrito, veía la luz por vez primera un documento de primer orden en la bibliografía de don Ramón María del Valle-Inclán: El Cuaderno de Francia, un manuscrito rigurosamente inédito, en el que, a modo de «cuaderno de bitácora», Valle va registrando los datos de todo lo que le acontece durante su viaje a la Francia en guerra que realizó entre el 27 de abril de 1916 (salida de Madrid) y el 29 de junio del mismo año.

El Cuaderno de Francia, que ahora llega a las librerías, remite a un pequeño cuaderno de tapas de hule (9,5 x 14,5) con 166 páginas conservadas (se ha arrancado alguna y se han dejado otras en blanco), en el que Valle-Inclán, de su puño y letra, va recogiendo notas e impresiones de todo lo que ve y le parece relevante tanto en las trincheras del frente (durante los tres viajes que realiza al mismo: Los Vosgos y Alsacia, Châlons-en-Champagne y Reims) como en la retaguardia parisiense. El original de este manuscrito pertenece al legado Valle-Inclán Alsina (carpeta 59) y actualmente se custodia en la Universidad de Santiago de Compostela.

El viaje respondía a una invitación del Gobierno francés que el autor acepta comisionado por El Imparcial con el encargo de escribir, a partir de notas tomadas sobre el terreno, una crónica sobre la «Gran Guerra». Este encargo hay que situarlo, para su lectura, en el marco de la actividad desarrollada por el autor de Luces de bohemia a favor de la causa de los aliados y, más concretamente, a su calurosa y beligerante colaboración en el impulso de un manifiesto en el que los intelectuales españoles (un grupo muy relevante de ellos, al menosMargarita Santos Zas, la editora, da puntual cuenta de todos los firmantes de este manifiesto (p. 36, nota 32), entre los que destacan, además de relevantes «institucionistas» de la primera generación, nombres como los de Julio Cejador, Gregorio Marañón, Ramón Menéndez Pidal, José Ortega y Gasset, Adolfo Posada, Miguel de Unamuno, Manuel de Falla, Joaquín Turina, Ignacio Zuloaga, Santiago Rusiñol, Julio Romero de Torres, Hermenegildo Anglada Camarasa, Américo Castro, Manuel Azaña, Manuel Bartolomé Cossío, Azorín, Antonio Machado, Ramiro de Maeztu, Ramón Pérez de Ayala, Armando Palacio Valdés, Benito Pérez Galdós, Gregorio Martínez Sierra y, por supuesto, Valle.) toman partido a favor de la República francesa (El Imparcial, 5 de julio de 1915).

Las notas tomadas sobre el terreno (y registradas en el Cuaderno) darán lugar, primero, a varias entregas en El Imparcial con los títulos «Un día de guerra (Visión estelar). Parte primera. La Media Noche» (nueve entregas entre el 11 de octubre y el 18 de diciembre de 1916) y «Un día de guerra (Visión estelar). Segunda parte. En la luz del día» (cuatro entregas del 8 de enero al 26 de febrero de 1917). Posteriormente estas crónicas serán reelaboradas y publicadas en forma de libro con el título La Media Noche. Visión estelar de un momento de guerra (Madrid, Imprenta Clásica Española, 1917).

Situado el Cuaderno en la coyuntura genética a la que acabo de aludir, la importancia de los materiales a los que da acogida (rigurosamente inéditos hasta aquí) ha sido explicada por su editora de manera muy precisa: «la naturaleza de este Cuaderno es ambivalente: por una parte, su estatuto biográfico, el hecho de ser soporte de escritura privada […] le otorga autonomía respecto de la obra publicada; por otra, El Cuaderno de Francia añade, a su primordial valor testimonial, su capacidad de iluminar el trabajo del escritor en el proceso que conduce a la redacción final de La Media Noche» (p. 143).

Así, pues, El Cuaderno de Francia, que magistralmente edita ahora Margarita Santos Zas, es el punto de partida de una cadena genética que documentalmente consta (al menos hasta donde sabemos) de tres eslabones. Por comparación con la pintura, las «notas» de El Cuaderno de Francia son un modo de «apuntes del natural»En realidad, sólo metafóricamente podríamos hablar de «apuntes del natural» para referirnos a estas notas, pues, como muy bien hace constar la editora, dadas las limitaciones de Valle, no son notas tomadas sobre el terreno, sino, presumiblemente, esbozadas al final de cada jornada exprimiendo los recuerdos del día. que más tarde servirán al escritor como recordatorio de una escena, un suceso o un motivo que, en la redacción de la crónica, deberían adquirir formas y contornos más desarrollados y precisos.

El estudio preliminar

La edición de El Cuaderno de Francia va precedida de un estudio introductorio (vol. I) en el que Margarita Santos Zas va dando cuenta tanto de las características materiales del soporte como de las circunstancias que rodearon cada una de las etapas del viaje de Valle y que pautan el contenido del manuscrito. Dado que la totalidad del trabajo recogido en los dos volúmenes que reseño gravita sobre la edición de El Cuaderno de Francia, es lógico que el estudio preliminar encare sobre todo la contextualización de los materiales del cuaderno en el «contexto histórico con el que interacciona», que no es otro que el del viaje realizado por Valle-Inclán a Francia en las fechas y por el motivo que ya referí más arriba.

En una labor de documentación que tiene como fuentes principales la prensa (noticias y entrevistas en los periódicos de la época tanto españoles como franceses) y el epistolario de don Ramón María del Valle-Inclán, se analizan todos los extremos del viaje, desde la invitación del Gobierno francés, tramitada a través de Jacques Chaumié, al seguimiento de los encuentros en París con intelectuales y artistas tanto españoles como franceses (Barrès, Zuloaga, Palacio Valdés, etc.) o las visitas de las trincheras y campos de batalla en Los Vosgos y Alsacia (del 5 al 9 de mayo), en Châlons-en-Champagne (18 a 21 de mayo) y en la bombardeada Reims (30 y 31 de mayo).

El rigor en el análisis de la documentación existente permite a Margarita Santos Zas corregir ciertos errores en las notas de Valle (sobre todo, errores en la onomástica o en la toponimia) y en las ideas recibidas por la historiografía que se ha hecho eco del viaje. Por ejemplo, se prueba que no es cierto que en el viaje acompañasen a Valle ni Pedro Salinas, ni Pérez de Ayala, ni Corpus Barga. La ingente cantidad de notas que apoyan el estudio muestra, sin dejar espacio a la duda, la suficiencia de la documentación.

Pero no se trata sólo de un estudio bien documentado, sino de un estudio, además, riguroso y puntual, características que ejemplifica bien el hecho de que, no conforme con la documentación bibliográfica, la autora del estudio preliminar, en un afán de comprobar la exactitud de las distancias y de las fechas del diario, se tomara el trabajo de repetir los diferentes movimientos de Valle-Inclán anotados en el Cuaderno. Los tres mapas del territorio que sirve de escenario al viaje que se aportan en apéndice (tanto como la oportuna anotación del documento), ayudan, desde luego, a seguir con puntualidad los pasos del autor de La lámpara maravillosa en tierras francesas.

Y, junto a los valores mencionados, no sería justo mi juicio si no destacase también la finura crítica con que la editora acierta a situar, a partir de sus notasBien iluminadas por su lectura al hilo del texto de La Media Noche (1917), de la entrevista de Cipriano Rivas Cherif a Valle en el diario España; de las conocidas notas de Corpus Barga en El Liberal o de las de Manuel Ciges Aparicio en El Imparcial., el posicionamiento ideológico de Valle, su simpatía por el patriotismo que muestra el pueblo francés, la profunda impresión del barro y la tensión de las trincheras, el lamento ante la contemplación de las ruinas de Reims con su catedral amputada por las bombas, la contraposición del esprit francés a la barbarie teutona, la simpatía por Rodin y su obra, etc.

La edición

Para entender exactamente la triple edición (diplomática, facsimilar y «Texto para leer») con que se le ofrecen al lector los materiales del Cuaderno (vol. II), insistiré en la naturaleza inédita del manuscrito, porque los problemas que plantea la edición de un documento inédito poco tienen que ver con los que hay que afrontar al reeditar un texto previamente impreso con la autorización de quien lo escribió o al dar vida impresa a un original acabado.

Para materiales como los que se contienen en El Cuaderno de Francia (o como el 99% de los que se conservan en los archivos juanramonianosVéase, sobre todo, Javier Blasco y Francisco Silvera, «El Hilo del Laberinto; escritura y conciencia en inacabable metamórfosis», Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 685-686 (2007), pp. 7-44.), la ecdótica carece de respuesta, porque se trata sólo de apuntes, notas, bocetos, borradores, bosquejos, esbozos o copias más o menos acabadas, que reflejan estadios compositivos, movimientos hacia un texto que, como tal, nunca llegó a nacer. Al no haber llegado a existir nunca un texto fijado por el autor, es vana cualquier pretensión de «constituir» (objetivo de la crítica textual) algo inexistente, a pesar de lo cual son muchos los que, incapaces de resistirse a la tentación y al prestigio novelero del «inédito» (vanitas vanitatis…), han perseguido el dudoso honor de apadrinar el nacimiento de lo inexistente, perpetrando, en realidad, un crimen de lesa filología. Pero no me extenderé más sobre estos asuntos, remitiendo al lector interesado a mi libro Poética de la escritura. El taller del poeta: ensayo de crítica genética (Juan Ramón Jiménez, Francisco Pino y Claudio Rodríguez)Valladolid-Nueva York, Cátedra Miguel Delibes, 2011, especialmente pp 47-67 y 181-212..

Con esta edición, desde la filología y el sentido común, la editora de este Cuaderno (con excelente dominio de la crítica genética y la filología de autor) pone en pie un trabajo (riguroso con el material que se edita, al par que honesto con el lector al que se destina la edición) que debería servir de modelo para quienes en el futuro hayan de enfrentarse a documentos semejantes. Es un acierto, desde luego, poner en manos del lector una edición facsimilar del material que edita, permitiéndonos a los interesados disponer de un apógrafo fotográfico del original, de modo que podamos comprobar por nosotros mismos las variaciones en la caligrafía de Valle (a veces contenida y cuidada y, a veces, expandida y apresurada), las vacilaciones ortográficas en los nombres propios de persona o de lugar, los cambios de tinta o de instrumento de escritura, etc. Se trata, además, de una auténtica joyita bibliográfica para la que habrá que buscar un lugar destacado en la biblioteca de cada cual.

Pero el trabajo del editor no acaba –no puede acabar– ahí. Quedaría incompleto si esa edición facsimilar no se acompañase de otra edición diplomática (transcripción del original, con respeto absoluto de todas las particularidades ortográficas o de otro tipo del documento, incluyendo los errores evidentes). Finalmente, el proceso de recuperación filológica del documento se completa con lo que la editora llama edición «Para leer», que supone ya una interpretación del documento, lo que se refleja en la resolución de erratas, normalización de la puntuación, aceptando las tachaduras y adiciones, y respetando las supresiones, pero sin optar por una de las variantes de autor cuando este no tomó ninguna decisión definitiva al respecto.

Si bien no es preciso aclarar más qué es una edición facsimilar, quizá sí que convenga mostrar el diferente tratamiento que recibe un mismo pasaje en la edición diplomática y en la edición «para la lectura». Esta es la transcripción diplomática de la página 22v del cuaderno:

… altas de Francia. Son en la cima
de montañas cubiertas de nie-
ve. Algunos perros de alasca
vagan entorno de la barra-
ca donde chavola, borda don-
de el comandante de briga-
da coronel Gamelín tiene…

Y este es el texto que propone la editora en la edición «para leer»:


…altas de Francia. Son en la cima de montañas cubiertas de nieve. Algunos perros de Alaska vagan en torno de la barraca chabola borda donde el comandante de brigada coronel Gamelín tiene…

Como se ve, la editora regulariza la ortografía (Alaska, chabola, en torno), pero no resuelve las dudas de Valle entre barraca, chabola y borda. Hacer lo contrario hubiera supuesto arrogarse la editora una decisión que sólo puede corresponderle al autor.

Los buenos oficios de Margarita Santos Zas no se limitan a lo dicho hasta aquí. La anotación del texto (tanto en la edición diplomática como en la edición «para leer») es excelente y oportuna, con atención tanto al léxico, a los conceptos, a las referencias geográficas, históricas o culturales, como al significado de los usus scribendi que pueden deducirse de tachaduras, adiciones, alteraciones, sustituciones o supresiones que registra el documento. Las notas, en definitiva, ayudan a mostrar el valor del documento como eslabón en la génesis de textos como La Media Noche (1917), propuesta hipotética esbozada en el estudio preliminar.

El Valle del Cuaderno

Las páginas de El Cuaderno de Francia están fuertemente condicionadas, en el contenido, por la realidad de la Gran Guerra; y, en la forma, por la naturaleza de una escritura cuyo objetivo no es otro que el apunte rápido a modo de recordatorio (de un instante, de un personaje, de un paisaje, de una escena, de una impresión, de una anécdota registrada durante el viaje) para alimentar en un posterior desarrollo las crónicas encargadas por El Imparcial. Así, en la escritura de estas notas domina una sintaxis nerviosa, impresionista, con abundantes frases nominales, oraciones simples con predominio de enunciativas. Sirva de ejemplo una de las anotaciones que hace el 5 de mayo: «Tomamos el tren en la estación del Este. Partimos para Belfort. Son las 8 de la mañana. Ocupamos el vagón cuatro personas» (p. 154). El sincretismo de algunas descripciones resulta conmovedor y fuertemente expresivo: «El pueblo está rodeado de trincheras. Se habla en voz baja» (p. 157).

Por lo que al contenido se refiere, la realidad de un pueblo en guerra lo tiñe todo: las fábricas de armas, los relatos de los soldados en las tabernas, las descripciones de los personajes, las vivencias que se agolpan y se suceden con la incoherencia y velocidad de los sueños en una especie de estampa surrealista avant la lettre de la que Valle es perfectamente consciente: «Algunas veces llego a imaginarme que todo esto es un sueño y que la guerra no existe sino como una pesadilla. Acaba de darme la impresión de la pesadilla la acumulación de sucesos en un breve espacio de tiempo. El automóvil al desfilar por la carretera dejando atrás montes y valles, la rápida sucesión de los paisajes, acumula y junta las emociones como acontece en los sueños. […] La vieja italiana que nos sirve cerveza… los automóviles de la Cruz Roja en larga hilera, llenos de un silencio y dolor de muerte. La alegría de los tres alpinos que cuentan haber hecho prisionera una patrulla alemana. Los viejos territoriales que nos piden el santo y seña al cruzar algunos parajes. Las mujeres y los niños que trabajan los campos» (pp. 155-156).

Otra nota del 6 de mayo de 1916, en la que Valle se lamenta del fuerte dolor que le aqueja y que teme que no vaya a permitirle «ver las cosas con aquella fuerte y sincera emoción que hubiera tenido de hallarme en cabal salud» (p. 155), da cuenta de la actitud que preside las anotaciones del Cuaderno y que, desde luego, contamina el punto de vista de la escritura de estos apuntes. La avidez de sensaciones queda reflejada en el léxico (contemplar, ver, escuchar, observar), pero lo relevante es la «fuerte y sincera emoción» que focaliza y gobierna la mirada de Valle; una emoción que viene determinada por un temor al absurdo humano de la violencia («¿Veré matarse a los hombres?», p. 155) tanto como la clara adhesión a los valores que, según él, representa el bando aliado.

El Cuaderno está lleno de anécdotas extraordinariamente curiosas e ilustrativas de la avidez de Valle a que he hecho referencia más arriba. Tales anécdotas tienen que ver con las vivencias del propio Valle en sus tres visitas al frente, pero la mayoría de ellas se refieren a relatos oídos en la retaguardia. Porque esos días en Paris, entre viaje y viaje, no son días ociosos: con la etiqueta de «motivos», Valle toma nota sobre el «sueño» de un oficial, sobre ese matrimonio de ancianos que acude al hospital en busca del único hijo que, de tres, le ha dejado la guerra; sobre ese soldado «Pasalegre», que «come y canta» al ritmo que su ametralladora siembra la muerte; sobre ese profesor de liceo al que la guerra le enseña que esos finales de las tragedias, que antes le parecían «bárbaros y exagerados»”, no son sino «expresión timorata» de la vida, etc.

Lo oído y lo vivido, así, se combinan en un documento extraordinario por las anotaciones que contiene, pero sobre todo por la forma de tales anotaciones. En el frente o en la retaguardia, destacaré la admiración que despiertan en nuestro autor los soldados franceses, por su cortesía (general Nollet), su distinción (general Villaret), el respeto con que hablan del enemigo; cortesía, distinción y respeto que no siempre es fácil descubrir en el otro bando: así, la frase que Valle lee (y anota en su Cuaderno) en el libro que la escuela de St. Amarin tenía a disposición de los viajeros ilustres para que anotasen allí algún testimonio de su paso por el pueblo: «Pronto¬ –había escrito un oficial alemán un par de meses antes de la guerra– arrancaremos la última pluma al gallo galo» (p. 157).

Pero, quizá, lo más llamativo –desde el punto de vista literario¬– del Cuaderno sean la vibración de imágenes en las que el observador traduce su emoción ante el absurdo de la guerra: los fantasmales fuegos fatuos que las balas provocan en las trincheras al encender las ropas de los soldados; los Cristos de las iglesias que los soldados «indios» creen ladrones castigados; los obreros tiznados de las fábricas de armas que semejan modernos cíclopes; las estatuas amputadas de las catedrales bombardeadas; el «espeso bosque» ahora «calvo», por efecto del «cañoneo» como «si hubiese pasado el hacha de un leñador»"; las «osamentas arrebujadas entre harapos» que, en el horizonte que se ve desde las trincheras, «asoman, rompiendo el sudario de la nieve».

El Cuaderno de Francia, quiero insistir en lo ya dicho más arriba, es un documento extraordinariamente valioso por la información que contiene sobre los usos de escritura de Valle, así como por reflejar la fase genética y compositiva inicial de textos como los que inicialmente ven la luz en El Imparcial (1916-1917) con el título general de «Un día de guerra» y más tarde, reelaborados, en La Media Noche (Madrid, 1917). Pero su carácter inacabado lo convierte en un ante-texto, con opcionalidades que, si el editor resolviese, pervertirían su valor documental.

* * *

La edición de materiales del archivo de un escritor, por grande que resulte la tentación del inédito, nunca debería presentarse al lector como un nuevo texto, pues la conversión de un borrador en texto, por muy avanzado que sea el estadio compositivo al que pertenece, es privilegio exclusivo del autor.

Es verdad que, como afirma Margarita Santos Zas en un momento dado (p. 130), cada dosier requiere su propio tratamiento, pero su trabajo en la edición de este Cuaderno es ejemplar y, sin ninguna duda, debe convertirse en un modelo que muestre el camino que ha de seguirse para afrontar un campo de trabajo en el que hay muchísimo por hacer y, a la vista de lo que hasta aquí se ha hecho, muchísimo por rehacer.

Javier Blasco es catedrático de Literatura Española en la Universidad de Valladolid. Sus últimos libros son Cervantes, raro inventor (Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 2005), Juan Ramón Jiménez (Madrid, Residencia de Estudiantes, 2009) y Poética de la escritura. El taller del poeta: ensayo de crítica genética (Juan Ramón Jiménez, Francisco Pino y Claudio Rodríguez) (Valladolid y Nueva York, Cátedra Miguel Delibes, 2011), Poesía no escrita (Madrid, Visor, 2013), Lasciva est nobis pagina… Erotismo y literatura española en los Siglos de Oro (Vigo, Academia del Hispanismo, 2015) y la edición de Fray Melchor de la Serna, Arte de amor (Valladolid, Agilice Digital, 2016).
 

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