Teselas del mosaico gongorino

Escolios gongorinos. Biografía, anotaciones y defensas

Jesús Ponce Cárdenas

Madrid y Frankfurt, Iberoamericana Vervuert, 2023

Tanto como debe el creyente, por su bien, comulgar por Pascua Florida, debe el aficionado a la poesía leer al menos una vez al año la Fábula de Polifemo y Galatea. Yo he ido adoptando la costumbre de hacerlo en Navidad. En 2010 cayó en mis manos la edición de Jesús Ponce Cárdenas, que venía a sustituir a la vetusta de Alexander Parker, y desde entonces he perdido de vista el desastrado mamarracho de la cubierta de 1983, felizmente sustituido por El triunfo de Galatea que ennoblece los muros de la Farnesina del Trastévere. La lectura de los versos admirables de Góngora se ha enriquecido con un no menos admirable aparato crítico, rebosante de erudición, inteligencia y perspicacia, con el que Jesús Ponce ha sabido realzar la que es indiscutible obra maestra de la literatura del Siglo de Oro español. El acopio de datos, coincidencias y fuentes que aporta su edición pone de manifiesto algo que queda, en el caso de Góngora, demostrado con rotundidad: que en su progresión en el tiempo la tradición literaria viva funciona como una inmensa red en la que periódicamente algunas personas especialmente dotadas poseen el destino y el catalizador que les permite obtener una síntesis única de los infinitos materiales de propiedad colectiva entre los que se mueven junto a sus contemporáneos. La lectura reposada de las más de trescientas páginas de notas mediante las que Jesús Ponce ha rastreado la trama de la creatividad gongorina no anula sino que ensalza la soberanía de las sesenta y tres estrofas de que consta el texto gongorino, y reduce a escombros la preferencia por la lectura de los textos literarios desprovistos de aparato crítico, en tanto que de este emerge el lector inmejorablemente preparado para degustar aquel texto que lo exige y sobrenada. Y por supuesto demuestra, como sabe todo conocedor de la historia literaria y de la máquina de crear, que ninguna obra surge por partenogénesis en la mente de un genio, que la noción de genialidad adánica es un tópico que no resiste el más elemental análisis, y que en arte y literatura lo que cuenta no es la imposibilidad de ser único ni la trivialidad de ser el primero, sino la supremacía de ser el mejor. Y Góngora sigue siéndolo cuando se lo empareja con la multitud de fuentes en que pudo nutrirse.     

Jesús Ponce es profesor en la Universidad Complutense de Madrid, y un referente de ámbito internacional en las materias de su especialidad. Ha impartido conferencias y cursos sobre la cultura y las letras del Barroco en numerosas Universidades españolas, en las británicas de Cambridge y Oxford, la norteamericana de California-Davis, la Sorbona, las de Toulouse, Burdeos, Heidelberg y otras europeas. Tiene en su haber siete volúmenes sobre Góngora y el Barroco, y cinco sobre Lope de Vega, sin contar la coordinación de volúmenes colectivos y las ediciones de clásicos españoles. Se mueve con soltura en varios territorios que sabe integrar con ejemplar sabiduría: la filología española y la románica, la filología latina, la historiografía literaria, la preceptiva, la iconología y las artes todas. En ese terreno multidisciplinar, destaca un estudio señero aparecido en 2014 con el sello de la madrileña editorial Fragua: Écfrasis, visión y escritura.

Escolio es comentario, nota y glosa, y de ahí el título de este volumen recién aparecido, cuyo preliminar apunta la abundancia, única por su caudal en la historia de las letras españolas, de escolios a la poesía de Góngora, los principales conocidos y accesibles, los demás ignorados, perdidos, parcialmente conservados o inéditos. Una rica cosecha que Jesús Ponce nos invita a conocer y valorar, y que describe, localiza, interpreta y hasta en un caso (el de Francisco del Villar) edita. Tras situar el objeto de su estudio en el marco de los de Alfonso Reyes, Dámaso Alonso, Emilio Orozco, Antonio Vilanova, Robert Jammes, Roland Béhar o Mercedes Blanco, y contando con las aportaciones en el último medio siglo, Ponce deslinda las tres provincias entre las que esos escolios se distribuyen: la biografía, el comentario interpretativo y la defensa y apología. Soslayando lo conocido y básico (Pellicer de Salas, Salcedo Coronel, abad de Rute), su investigación atiende a otros eslabones de esa constelación: Hortensio Félix Paravicino, Martín Vázquez Siruela, Francisco del Villar, Manuel Serrano de Paz. Siendo la polémica gongorina una de las columnas vertebrales de la cultura de nuestro Siglo de Oro, la comunidad de defensores y comentadores de Góngora se revela como un verdadero cuerpo místico en el que se enfrentan no solo los detractores a los defensores sino estos últimos entre sí, a veces por nimiedades y cominerías dentro del fervor compartido.

El primer capítulo se ocupa de la breve biografía anónima, la primera de su especie, datada en 1628, conservada en el códice Chacón y obra de fray Hortensio Félix Paravicino, émulo de Góngora en el ámbito de la oratoria sagrada. Fray Hortensio dejó constancia, tras un sintético elogio de Córdoba, de la formación de Góngora, su pronto abandono de la poesía amorosa, el Polifemo y las Soledades, sus esperanzas cortesanas y la primera edición de sus obras. Ponce nos señala cómo soslayó o enmascaró cuestiones incómodas como el linaje converso de Góngora (¿quién no recuerda el «yo te untaré mis obras con tocino» de Quevedo?); la insuficiencia de sus estudios; sus poemas satíricos y burlescos; la oscuridad y acaso extravagancia de su estilo (lo que le reprochaban Lope en su soneto «A la nueva lengua», y Quevedo en su «Receta para hacer Soledades….»); su trayectoria poco brillante como eclesiástico y pretendiente cortesano; el conflicto de la primera edición de sus poemas con la Inquisición. Paravicino, en resumen, consideraba a Góngora el primer ingenio de España, en su logrado propósito de abandonar el éxito fácil para adentrarse en el hiperbarroquismo que llevó la lengua española a su mayor perfección posible, y denunció la injusticia y bajeza de los ataques sufridos por Góngora, semejantes a los que él mismo hubo de soportar.

Los capítulos 2 y 3 se dedican al anticuario e historiador Martín Vázquez Siruela, a quien cabe la poca honrosa aceptación, por patrioterismo local, de los llamados Plomos del Sacromonte, burda falsificación para amparo de moriscos, enaltecimiento de la Iglesia granadina como fundación apostólica digna del primado, y legitimación de la leyenda jacobea y compostelana. Vázquez Siruela tomó parte en la batalla entre progongorinos, que Ponce llama acertadamente, «de puertas adentro», discrepando de Pellicer en cuanto este puso reparos, aunque leves, a don Luis. Los escolios de Vázquez Siruela a las Soledades, el Polifemo y el Panegírico al duque de Lerma quedaron en forma de fichas manuscritas no integradas en un discurso seguido, un corpus fragmentario de difícil desciframiento contenido en el manuscrito 3.893 de la Biblioteca Nacional de Madrid, que incluye otros dos escritos de Vazquez Siruela: Discurso sobre el estilo de don Luis de Góngora y carácter legítimo de su poética, y Lista de autores que han comentado (…) las poesías de don Luis de Góngora.

Los capítulos 4 y 6 tratan de Francisco del Villar, gestor de justas poéticas, conmemoraciones y fiestas en su natal Andújar, cuyo interés en la astrología y la adivinación acabó en encontronazo con la Inquisición. Villar polemizó con Francisco Cascales sobre la oscuridad gongorina, y estuvo en contacto epistolar con Pellicer de Salas y presumiblemente con Salcedo Coronel. Obra de Villar en respuesta a Cascales son unos Fragmentos del compendio poético (Biblioteca Nacional de Madrid, manuscrito 2.529), que ensalzan a Góngora en todos los géneros literarios y en paridad con los grandes clásicos grecolatinos. Rastrea Ponce la identificación de Góngora con Marcial en autores del Siglo de Oro español como Bartolomé Jiménez Patón, Rodrigo Caro, Alonso de Salas Barbadillo y Diego de Saavedra Fajardo, y realza la originalidad de Villar al haber atendido a la obra menor de Góngora. A propósito de Villar señala Ponce que la sociología literaria de la época queda iluminada por la interacción entre los actores, de primera y segunda fila, de la polémica gongorina, que «permite ir identificando algunas de las redes que vincularon […] los diversos núcleos urbanos, las vías de difusión y circulación de manuscritos, los datos que intercambiaron estos eruditos, las alianzas y enconos que fueron surgiendo entre los propios apologistas» (página 136). La batalla gongorina consiste en un conjunto de textos que van desde la brevedad fragmentaria a la considerable extensión, anónimos, de autor patente o encubierto, fechados, fechables o de fecha incierta, impresos y manuscritos. En su totalidad y complejidad, según Mercedes Blanco tal como cita Ponce (136-137), es de «manejo incómodo» y exige un «ímprobo esfuerzo», incluso atendiendo solo a las obras impresas y bien editadas; no digamos las que lo han sido imperfectamente o las inéditas. En resumidas cuentas, ya que «resulta insustituible para entender lo que significaba la poesía en la España del siglo XVII», es necesario profundizar en la letra menuda de la polémica gongorina.

El manscrito 2.529 se titula Copia de unos capítulos de un libro manuscrito escrito por Don Francisco del Villar […] por los años de 1630. Contiene solo, como ese título indica, parte de la obra aludida, Compendio poético o Compendio retórico y poético, y así viene a ser propiamente Fragmentos del compendio poético que Villar escribiera. Para Ponce se data entre 1635 y1636, por su alusión a la muerte de Lope y a la Fama póstuma de Juan Pérez de Montalbán; de hecho, puede entenderse como una réplica a esa Fama póstuma. Los Fragmentos se limitan, en sus setenta y cuatro páginas, a dos de las «proposiciones» o capítulos del original perdido; su propósito es realzar a Góngora como autor supremo en todos los órdenes, en detrimento de Lope. Ponce concluye el capítulo (páginas 213 a 257) con la edición anotada del texto de Villar.

El capítulo 5 se dedica a Manuel Serrano de Paz, doctor en Medicina y catedrático de Matemáticas, autor de unos prolijos Comentarios a las Soledades conservados en la Real Academia Española. Ponce da cuenta de la presencia de Serrano de Paz y dos de sus hermanos en los funerales por Felipe IV celebrados por la Universidad de Oviedo, donde Manuel era catedrático, y de la intervención de los tres en el diseño y realización del conjunto alegórico, túmulo, emblemas jeroglíficos y epitafios, que presidió las exequias del rey difunto. El comentario gongorino llenó la vida entera de Serrano de Paz, y quedó inconcluso a su muerte. El estudio de sus más de dos mil páginas resulta arduo, señala Ponce, pero útil a propósito de determinados pasajes de la obra gongorina, y por ser posterior a Pellicer y Salcedo Coronel, cuyas aportaciones tiene en cuenta.

Quien se adentre en estos Escolios gongorinos encontrará en ellos territorios inexplorados y nuevos horizontes acerca de un episodio central en las letras de nuestro Siglo de Oro, y verá en acción a un maestro al que admirar y de quien aprender.

Guillermo Carnero es uno de los Nueve novísimos poetas españoles (1970) de José María Castellet. Ha recibido los Premios Nacionales de la Crítica y de Literatura, el Internacional de Poesía Loewe y el Fastenrath de la Real Academia Española.

Retrato de Góngora, por Jean de Courbes. Imagen de Wikimedia

Ficha técnica

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Recordamos a nuestros suscriptores que, con ocasión del regreso al papel de Revista de Libros, el día 10 de diciembre, a las 19.00h., en la Fundación Ramón Areces, la escritora Elvira Navarro, el periodista cultural Jesús García Calero y el filósofo Javier Moscoso dialogarán sobre cómo se transforman los géneros literarios y cambian los lectores; sobre cómo, en nuestros tiempos, las ficciones conviven con realidades, ya sea en la historia o en la literatura, o cómo el formato, ya sea digital o material, determina nuestra relación con los libros y sus críticos.

El mundo del libro, ese maravilloso invento que nos acompaña desde hace milenios, sufre en la actualidad transformaciones en su diseño, en su público y en sus propósitos. Así que, mientras aprendemos a leer en diagonal en los formatos digitales, seguimos pasando páginas, cuestionando premios y jurados, formando comunidades y asociaciones, y anunciando una y otra vez la muerte del papel que, afortunadamente, nunca llega a producirse.

Elvira Navarro es escritora de fama internacional. Su última obra publicada es La sangre está cayendo al patio.

Jesús García Calero es periodista, director de ABC Cultural.

Javier Moscoso, profesor de investigación del CSIC, es director de Revista de Libros.

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