Hoy, el cuadro Noctámbulos (Nighthawks) de Edward Hopper sería otro. Ese famoso bar nocturno de esquinas duras y luces frías ya no mostraría el silencio compartido de unos pocos solitarios, sino un grupo de figuras absortas en el resplandor de sus pantallas. Ninguna miraría a la otra; estarían juntas, pero cada una perdida en el pequeño rectángulo luminoso de su propio aislamiento. Aparentemente conectadas con miles o millones de personas en la distancia, pero ajenas a los pocos humanos que las rodean. Así comienza Soledad sin solitud, el último ensayo de Andrés Ortega Klein (Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2025), una reflexión de hondura sobre uno de los grandes temas de nuestro tiempo.
Ortega Klein, periodista y ensayista de larga trayectoria, conocido tanto por sus reflexiones sobre geopolítica y tecnología (La fuerza de los pocos, 2007; La imparable marcha de los robots, 2016) como por su labor como director del Departamento de Estudios del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, centra esta vez su mirada en el problema de la soledad. Y si bien uno podría creer, ingenuamente, que nos encontramos ante una cuestión menor o muy específica, nada podría ser menos cierto. A propósito de la soledad y sus implicaciones, el ensayo despliega una profunda reflexión sobre la actualidad, sobre el impacto de la tecnología, las tendencias políticas más recientes y algunos de los más antiguos problemas existenciales de la condición humana.






