Archivo Revista de Libros

Un debate sobre asuntos sanitarios

Decido apagar la televisión. Estoy siguiendo un supuesto debate sobre los cambios que está sufriendo nuestra sanidad y no tengo más remedio que apretar el botón rojo porque no puedo aguantar más la tortura. No hay varios opinantes, sino dos bandos que repiten a coro, y literalmente, frases acuñadas en no se sabe qué oscuras oficinas de relaciones públicas.

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Un misterio, o dos

Había sido uno de esos malditos vuelos transpacíficos que duran veintiséis y más horas y cuando llegué a mi hotel en Hanoi, sólo podía pensar en dejarme caer sobre la cama y cerrar los ojos y descansar, así fuera para siempre. Me acerqué a la ventana del dormitorio para echar las cortinas y, en la insegura luz de la noche, me pareció ver allá abajo, en un patio, un artefacto siniestro. Una guillotina.

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Marionetas

Las colonias holandesas llevan fama de haber sido las más devastadas por la rapacidad de sus ocupantes extranjeros. Al menos así lo cuentan en Indonesia. Tal vez sea cierto, aunque también recuerdan allí la rapiña y la brutalidad de la ocupación japonesa, por más que fuera mucho más corta. El 8 de diciembre de 1941, tras el ataque a Pearl Harbour, junto con Estados Unidos y Gran Bretaña, la reina Guillermina de Holanda y su Gobierno, en el exilio de Londres desde la invasión alemana del mayo anterior, declararon la guerra a Japón. En los primeros meses de 1942, las tropas japonesas ocuparon lo que los holandeses llamaban sus Indias Orientales (Oost-Indië) y permanecieron en ellas hasta la rendición del Mikado en agosto de 1945. Un informe posterior de Naciones Unidas cifraba en cuatro millones las bajas entre la población local de resultas de la ocupación.

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Mormandeces

Paedophilia es la palabra con que se abre el primer capítulo de este libro sobre Gian Lorenzo Bernini y su contexto romano, escrito por Franco Mormando. No debemos sorprendernos excesivamente pues, a lo largo de las siguientes páginas, vamos a encontrar a cada paso otras palabras como sodomyadulterybestialityrape, etc. Es difícil creer que este énfasis en la sexualidad, no sólo de Bernini, sino de la población romana en general –tanto en sus estamentos privilegiados, especialmente los miembros de la curia, como en las capas más populares– obedezca a cuestiones estrictamente objetivas, pues los datos que aporta el autor sobre este tema, como, por ejemplo, los maledicentes y anónimos avvisi, resultan de una más que dudosa fiabilidad si no están corroborados por otras fuentes, mientras que otros son fruto de sobreinterpretaciones de textos bien conocidos.

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Una nueva Ilíada

A la lista de traducciones españolas de la Ilíada de Homero publicadas se añade ahora la que F. Javier Pérez acaba de realizar para Abada con una edición del texto griego. El volumen está pulcramente editado, como los demás que forman parte de la colección «Clásicos de la literatura», entre los que se encuentran obras tan atractivas como el Fausto de Goethe y El archipiélago de Hölderlin, una evocación nostálgica de la Grecia clásica idealizada por el Romanticismo.

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Vietnam para los vietnamitas

El 30 de abril, Vietnam celebra lo que aquí en Saigón se define piadosamente como el Día de la Reunificación Nacional. Las calles se engalanan con banderas, gallardetes y luces de colores y la imagen del tío H? te mira desde todos los lados. Durante el día hay numerosos actos patrióticos y se inauguran obras públicas. En 2013 se organizó también un concurrido maratón popular. Por la noche, los saigoneses se echan a la calle en mayor número de lo habitual para reunirse en grupos y cenar juntos. Como el día siguiente, 1 de mayo, es también festivo, se acuestan tarde aprovechando una larga vacación que no suele ser frecuente en el país. Los vietnamitas, según el calendario laboral, trabajan, con perdón, como chinos.

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Ciudad de ángeles (III)

Hace unos años. 

Salgo de mi hotel y me dispongo a tomar un taxi para ir a la avenida Yaowarat con la esquina del soi (calle lateral) Texas. Pasan varios de diferentes colores. Uno rosa que va despacio, buscando carga, me mira de arriba abajo y acelera. Mala suerte, no le he gustado. Otro azul para y, cuando le enseño la tarjeta que me han escrito en tai en el hotel, empieza a hacer gestos de confusión y me impide subir, arranca y se da de naja. ¿Habrán escrito una mentada de madre? «No», me aclaran más tarde en recepción, «muchos taxistas están recién llegados del campo y no saben leer. O se niegan a cogerle sin más». Dejo pasar a un taxi verde y amarillo, porque ésos son los peores. Finalmente, en otro rosa, el taxista se aviene a llevarme y me deja subir, en un gesto de gran señor. Habla algo de inglés y cuando le comento lo difícil que es ser aceptado por sus colegas, me lo explica. «Su destino está muy lejos de aquí y, para llegar, hay que cruzar toda la zona central. A estas horas, la circulación está imposible, con unos tapones inigualables. Para llegar a Yaowarat me va a hacer falta una hora, la mayor parte estaré parado.

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¿Nos representan los partidos?

¿Nos representan los partidos? La pregunta se ha hecho popular, popularísima. Y la respuesta atronadora –apenas contrariada por algunos bisbiseos periféricos– es «no», o mejor, «NO», o subrayando aún más el tono de repulsa y condena, «NO». Los partidos no nos representan. Sociológicamente, esta casi unanimidad aloja un significado muy claro: la gente, en mayor proporción cuanto más joven, empieza a querer que se vayan los que están. Los que están no son sólo los que están en el Gobierno, sino los que están en la política. Este deseo, en sí mismo, es absurdo. No se pueden ir todos los políticos al mismo tiempo sin que venga lo que los fascistas denominaban un «antipolítico». En el caso de la Italia de la inmediata posguerra –me refiero a la Gran Guerra–, el antipolítico resultó ser un político puro: Mussolini. Este es el peligro, un peligro que el movimiento internacional de los indignados –sí, puede hablarse ya de una indignación transnacional– enturbia con visiones y esperanzas escatológicas. Recomiendo encarecidamente una larguísima entrevista que Beppe Grillo, el primer indignado que va a decidir de verdad el curso de las cosas en un país grande, concedió a una cadena sueca. Está en YouTube, y la puede seguir cualquiera. Beppe Grillo afirma en la entrevista que la democracia italiana se curará de sus males –que son, de acuerdo, profundos e intolerables– cuando todos los italianos estén dentro del Parlamento, literalmente todos.

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Amor de hombre

En China, a mediados de septiembre, se celebra el Día del Profesor y, con ese motivo, el departamento en el que enseño organiza una serie de actividades para sus miembros. Pueden ser una salida al campo, o una visita a la playa o, si hace mal tiempo, una tarde en un hotel en el que se organizan partidas de cartas o de mahjong. Imagino que también incluye tiempo para intercambio de cotilleos y para movidas de política académica, pero mi limitado conocimiento de la lengua me impide seguir esas sutilezas. Estas actividades de hermandad acaban siempre con un excelente banquete.

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Camboya, otra vez

Durante años me había resistido a volver a Camboya, pero la reciente visita de unos amigos cambió mi decisión. Los viajeros no conocían Phnom Penh e insistían en incluir la ciudad en un itinerario turístico que yo había limitado al sur de Vietnam. Me escudaba en que ellos ya conocían Siem Reap y el cercano Angkor y, con eso, habían visto todo lo que merece la pena verse en el país. No era verdad y yo lo sabía; mi contumacia se debía a que yo no quería volver allí. Pero Saigón está a tiro de piedra de la capital de Camboya y hay autobuses prácticamente a todas las horas del día. Sólo tardan un poco más que el avión y permiten hacerse una idea del paisaje camboyano. Fue la mía una resistencia inicialmente firme pero, a la postre, vencida, porque me sentía incapaz de dar una explicación razonable a mi empecinamiento; así que, por no sentar plaza de cabezota, me vi subido al autobús y resignado a trastear de nuevo con Phnom Penh, más una obligada extensión a Siem Reap.

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¿Sobrevivirá la democracia?

El asunto de los desahucios ha revelado un malestar social que no dejará de crecer mientras persevere el paro y vayan en aumento los que están a la quinta pregunta, o a la séptima o la novena, y no sigo con los numerales por no aburrirles. Esto cae de por sí, o, como se decía antes, son habas contadas. Pero existe un segundo aspecto, un poco más secreto, y muy importante también. Muchas de las especies que se han oído con motivo de los desahucios revelan importantes diferencias sobre lo que significa la democracia. A esta vacilación objetiva se puede contestar de dos maneras: o afirmando que muchos andan legos en materia democrática, o reconociendo que la propia idea de democracia está afectada de una indeterminación objetiva. La tesis que voy a defender aquí es, más bien, la segunda: es más sencillo proclamarse demócrata que comprender con precisión a qué se ha apuntado uno después de haber hecho esa proclamación. La dificultad no estriba en que los ciudadanos de a pie, por falta de conocimiento o de luces, no hayan conseguido apresar bien el concepto.

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