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Estimado Sr. Director: Daniel Raventós es un admirador de Robespierre. Creí que su cita del siniestro personaje para fundamentar El derecho a la existencia era una distracción. Ahora veo que no. Reconozco que el título de mi comentario incorporaba una broma ––un ardid retórico, dice Raventós–, pero no me parecía fuera de lugar, dado que un subsidio para todos es, literalmente, la propuesta que se discute. Que los trabajos sobre cómo financiar el SUG sean cada vez más sofisticados no resuelve ningún problema. Cualquier subsidio universal, incluso en variantes algo tramposas no tan universales, exige un gran incremento de la presión y del esfuerzo fiscal, con efectos bastante predecibles sobre el crecimiento económico a largo plazo. No entiendo cómo puede negarse que el SUG sería una medida colectivista, y, potencialmente, de las más extremas, tanto por sus implicaciones económicas, como por sus previsibles consecuencias en el mercado político. Si a Raventós le parece que afirmar esto es estar «embrollado» o «enredado», yo no se lo voy a explicar. En cuanto a los apoyos políticos que el SUG pueda, o no, recibir, el sentido de mi comentario –que se escribió hace ya unos cuantos meses– era, más bien, de alivio y no, como parece entender Raventós, de autoridad. En este sentido, las iniciativas que menciona en el ámbito catalán, francamente, no me parecen muy preocupantes. Sr. Director, puestos a ser republicanos y a justificar el SUG, me quedo con el argumento de Lola Flores que, ese sí, me parece sólido (y quien tenga curiosidad, que lea mi comentario). Atentamente,

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