Pormenores de un destrozo

Memorias de juventud

SOFÍA KOVALEVSKAIA

Traducción de Annette Chereck y Arturo Parada Herder, Barcelona, 1997

En un elegante salón de San Petersburgo, a principio de 1865, Dostoievski habla de su experiencia literaria con una distinguida dama y sus dos jóvenes hijas, y describe cómo uno de sus personajes, en un momento de plenitud vital, empieza a sentir una inquietud que le lleva, finalmente, a recordar que hace muchos años terminó una noche de juerga violando a una niña de diez años. «¡Tenga piedad de nosotras! ¡Hay niñas delante!», exclama la madre. Unas semanas después, Dostoievski es rechazado como pretendiente por la mayor de las hijas.

De este episodio, y de muchos más, se ha visto privado el lector de este libro. En efecto, sólo recoge cinco de los once capítulos del original. Para ser precisos, los seis primeros (salvo el cuarto), en total unas 60 páginas de las 150 de la edición inglesa abajo citada. Tal circunstancia no es explicada, ni siquiera mencionada. Tampoco se dice a partir de qué lengua se ha hecho la traducción.

La autora del libro, Sofía Kovalevskaia (o Kowalewska) (1850-1891) es una de las pocas mujeres cuyo nombre aparece en las historias de la matemática, precedida por la protomártir (laica) Hipatia, Maria Agnese y Sophie Germain y seguida en nuestro siglo por, entre otras, E. Noether.

Su biografía es atractiva por muchas razones, y no es de extrañar que se le hayan dedicado varios libros y hasta una película. Hija de un oficial del ejército ruso que se retira a cuidar sus amplias posesiones, Sofía y sus hermanos viven en algo así como un palacio con teatro, salón de baile y buena biblioteca, y son educados por preceptores e institutrices. Muestra un talento extraordinario para las matemáticas e inicia una lucha, finalmente victoriosa, para poder estudiar en la universidad y dedicarse a ellas, para lo que sigue la misma vía que otras pioneras: el matrimonio de conveniencia (en principio blanco) como única manera de irse de casa (y de Rusia). Va a Heidelberg, causa asombro, y se traslada a Berlín donde, visto que no se le permite asistir a las clases, uno de los más grandes matemáticos, Weierstrass, le da lecciones particulares. En un año realiza tres trabajos, cada uno de los cuales, según Weierstrass, sería una tesis doctoral, y tras una larga batalla legal consigue sostener una tesis in absentia en la Universidad de Gotinga, templo de la matemática alemana. En 1874 hace un intento fallido de instalarse en Rusia, vuelve a irse, y acaba obteniendo, gracias al apoyo del matemático sueco Mittag-Leffler, una cátedra en la Universidad de Estocolmo en 1884. Mientras tanto ha nacido una hija de su matrimonio, que se rompe; su marido termina suicidándose. Y, en plena madurez científica y personal muere de una neumonía mal diagnosticada.

Este libro de recuerdos de adolescencia fue publicado primero en sueco en 1889 y después en ruso. Hay una excelente edición en inglés (S. Kovalevskaia, A Russian Childhood, edición de B. Stillman, Nueva York, Springer, 1978) en la que además de un texto establecido críticamente a partir de las distintas versiones y eruditamente anotado, se incluyen un artículo autobiográfico de la autora, un apéndice sobre su obra científica, y una estupenda introducción de casi cincuenta páginas que sitúa el libro en el contexto de los jóvenes del 68 (de 1868) en San Petersburgo.

La poda realizada en el original es brutal en cantidad (tres quintas partes) pero, dadas las características del libro, lo es todavía más en calidad. Primero porque ya que se trata de la formación de una personalidad, el texto va iluminándose retrospectivamente a medida que avanza, por lo que las pocas páginas supervivientes no pueden sino esbozar líneas que sólo tomarán cuerpo más adelante. Pero además y sobre todo porque en el trozo suprimido está lo más llamativo, todo lo que se refiere a Dostoievski y su relación con la hermana mayor, Anyuta.

Esta última, alta y bella, inteligente y brillante, centro de todos los bailes y reuniones, se contagia del virus nihilista a través del hijo del pope local, que se ha salido del seminario para hacerse ferozmente progresista (¿les suena?), empieza a escribir a escondidas y consigue publicar dos cuentos (firmados con seudónimo) en la revista que dirige Dostoievski, La época. El drama estalla cuando la mala suerte hace que una carta de Dostoievski conteniendo, además de elogios literarios, el dinero pagado por los cuentos, caiga en manos de su padre en el momento en que se celebra, con un baile fastuoso, el cumpleaños de la madre. La impresión recibida es tal que no comparece ante sus invitados, mientras la madre y las hijas guardan las apariencias como pueden. Luego las aguas vuelven, al menos en parte, a su cauce, Dostoievski es recibido en los salones de la familia y…

Todo esto, y mucho más, hubiera podido disfrutar el lector de este libro. Y tal vez pueda hacerlo algún día si alguna de las colecciones que publican buenos libros sobre mujeres célebres quisiera deshacer el entuerto.

Ficha técnica

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