Del 11 al 17 de abril, la revista descansa por Semana Santa

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Recordarás, incomparable hermano, que la semana pasada resaltábamos en nuestra entrada «Una economía menguante» una contundente conclusión: la Productividad Total de los Factores (PTF) apenas ha aportado al crecimiento del PIB real en las últimas décadasDebemos comentar aquí que en la entrada precedente a la que se alude, en su párrafo décimo noveno se dice textualmente: De hecho, para encontrar un periodo en el que la media de la aportación de la PTF al crecimiento del PIB en ese periodo no sea nula o negativa hay que ir hacia atrás hasta… ¡1984! Pues bien, una equivocada lectura de las celdas del fichero Excel en el que se contienen estos cálculos nos llevó a poner el año de 1984 cuando en realidad se trata del año 1988. El periodo transcurrido en este régimen de aportación media nula de la PTF al crecimiento del PIB real es, por lo tanto, de treinta y tres años, no de casi cuatro décadas como equivocadamente también se dice en algún párrafo posterior de esa misma entrada. Pedimos disculpas a los lectores por este descuido.. Se dice pronto, pero cuesta algo más verlo reflejado en la realidad, porque todos tenemos la impresión, y hasta la evidencia anecdótica cotidiana, de que vivimos con más abundancia y calidad que la generación que nos precedió y que hoy hay un acceso masivo a bienes y servicios cuyas prestaciones, si acaso, solo las personas más pudientes podían permitirse entonces. Y si, como decimos, se hubiese producido este estancamiento, ¿a qué causas deberíamos atribuirlo y cómo hacer para resolverlo?

Porque, ciertamente, desde 1988 (léase la nota al pie del párrafo anterior), año al que habría que remontarse para registrar una contribución media positiva de la PTF al crecimiento del PIB real, la economía española ha experimentado un crecimiento claro del PIB real por habitante, que ha pasado de 1.5756 euros en aquel año (a precios de 2021) a 23.381 euros por habitante en 2021. Ello implica un ritmo anual de crecimiento real acumulativo del 1,20% al año.

Al tratarse del aumento del PIB por habitante, lo que es equivalente a decir la renta por habitante, hemos de concluir que la persona residente representativa (media, en sentido estadístico, y obviando los aspectos distributivos) ha visto considerablemente aumentada la cantidad efectiva de bienes y servicios a su alcance. Con el añadido de que estos bienes y servicios de los que disfruta en mayor medida son también sensiblemente mejores por las prestaciones que conllevan, de mucha mayor calidad.

Para reconciliar lo que la evocación de un pasado lejano nos dice con la evidencia estadística de que la PTF no está aportando al crecimiento español desde hace más de tres décadas, conviene explicar con detenimiento el papel del progreso tecnológico en la mejora del nivel de vida de los ciudadanos.

La PTF es la parte del crecimiento del PIB (en volumen) no explicada por la acumulación directa de capital y trabajo. Dicho de otra forma, la acumulación de trabajo y capital, en principio, hacen crecer el PIB y si, una vez descontado el crecimiento del PIB (en un periodo dado) exclusivamente debido a la acumulación de estos factores, nuestros datos registran aumentos netos del PIB atribuiremos este plus de crecimiento a un uso más eficiente y/o más intensivo de los recursos disponibles.

Un uso más eficiente o intensivo de recursos que de todas formas ya están aplicados a la producción de bienes y servicios, es ciertamente posible y puede atribuirse a diversas causas (recuérdese que ya hemos descontado la mera aplicación de más trabajo y más capital) generalmente resumidas en cuatro principales: (i) incorporación de progreso tecnológico al capital físico que utilizamos en la producción (instalaciones, equipos, herramientas, etc.), (ii) incorporación de conocimiento (capital humano) a los trabajadores que empleamos en combinación con el capital físico, (iii) un uso más intensivo o recurrente de ambos factores por razón del ciclo económico y (iv) reasignación de factores productivos desde sectores de baja productividad a sectores de alta productividad.

La PTF es pues una enorme simplificación de todos los elementos que hacen más productivos a los recursos básicos de capital y trabajo y se incrusta en ellos determinando un uso más eficiente de los mismos gracias al progreso tecnológico incorporado en los nuevos equipos y al capital humano incorporado en los «nuevos» trabajadores. Nuevos, con comillas, porque no solo está el caso de las nuevas hornadas de trabajadores mejor formados, sino también el de la formación continua, que tan escasamente se practica en España. A diferencia de lo que sucede con muchas instalaciones y equipos, que difícilmente aguantan un retrofitting con mejor tecnología, los trabajadores sí lo admiten, aunque esto se suele olvidar.

La PTF, por otra parte, se mide como un residuo. No tenemos un manual de medida exacto. Y su estimación, por otra parte, depende de cuan exactamente se midan los recursos de capital físico y mano de obra, en unidades homogéneas y comparables en el tiempo y entre geografías económicas (países, regiones) o funcionales (sectores productivos). Este problema no es menor y, por lo tanto, debemos tomar siempre la investigación aplicada en este campo cum grano salis confiando en el avance de los métodos de medida.

La PTF, por fin, abarca un conjunto muy amplio de factores. Ya hemos hablado de los elementos cíclicos, que son relativamente fáciles de identificar. Pero los elementos de verdadero progreso tecnológico no son tan sencillos de separar. Además, ¿cómo medir, por ejemplo, la calidad de la función gerencial que ordena los recursos productivos convencionales con mayor o menor acierto? ¿O cómo discernir el papel de la regulación sectorial y el grado de competencia en los diferentes mercados? ¿O la celeridad y acierto de la justicia laboral, mercantil o de propiedad industrial? Todo esto también, incomparable gemelo, forma parte de la PTF o se expresa a través de ella.

En este punto, requeriríamos un vasto conocimiento de la economía española y de todos estos elementos directos e indirectos para poder decirles, discretos lectores, por qué la PTF en España contribuye tan poco al crecimiento del PIB.

He aquí un listado alfabético de potenciales elementos cuya deficiencia podría estar detrás de este colapso de la productividad que nos acosa desde hace más de tres décadas antes de referirles algo de lo que se sabe al respecto:

  • Educación: profesional (dual) para los jóvenes antes de su entrada a la vida laboral
  • Escala: de las empresas y los sectores, si bien la digitalización está reduciendo sensiblemente la importancia del factor escala.
  • Fiscalidad: no se trata de no cargar impuestos sobre las actividades de I+D, sino, por ejemplo, de diseñarlos con criterio atendiendo a la máxima potencia del gasto en esta función con la idea de recuperar la recaudación en el futuro (diferimiento de la fiscalidad) cuando la base imponible sea mayor.
  • Formación: continua de los trabajadores en su puesto de trabajo
  • Gerencia: capacitada para tomar las decisiones correctas de cuándo y cómo incorporar nuevos trabajadores y nuevas generaciones de capital productivo, dando por amortizados los viejos equipos (en España se giran por demasiado tiempo equipos e instalaciones sobreamortizadas y obsoletas)
  • Infraestructuras: bien mantenidas, renovadas, públicas, pero con copagos graduados
  • Inversiones: en I+D, a coste reducido (en parte subvencionado), consorcios público-privados o sectoriales
  • Justicia: en procesos laborales, de propiedad industrial, mercantiles, contra la corrupción económica y la evasión fiscal, eficientes y rápidos
  • Personal: para la I+D, dotación adecuada de personal experto en materias técnicas y científicas, incluso personal intermedio
  • Regulaciones: de defensa de la competencia, de patentes, actuaciones ágiles y claras contra las concentraciones abusivas de poder de mercado

Sabemos que la aportación de la PTF al crecimiento del PIB explica el grueso de las diferencias observadas en el nivel de vida (PIB por habitante) entre países. Por la sencilla razón de que lo que queda del PIB después de remunerar al capital y al trabajo se utiliza para impulsar la I+D e incorporar más conocimiento y tecnología a los trabajadores y el capital productivo, respectivamente. Que es lo que, a la postre, hace crecer el PIB real muy por encima del crecimiento de la población, y que la renta por habitante sea también mayor.

Lo que observamos entre geografías homogéneas que, generalmente, tienen legislaciones, sistemas educativos o formativos, y hasta sistemas sanitarios diferentes, no se observa dentro de un país cualquiera, en el que las instituciones y los comportamientos suelen ser más homogéneos. Pero, por otra parte, cada sector, tiene especificidades tecnológicas y regulatorias, y mercados, que pueden ser muy diferentes dentro de un mismo país, por lo que también constatamos sectores mucho más productivos, más propensos a la I+D y con mejores remuneraciones por el tipo de recursos que usan que otros. En todos los países.

En lo que se refiere a España y a los terribles resultados sobre la PTF que comentábamos en la entrada anterior, es obvio que muchos de los posibles culpables de estos resultados se encuentran entre los comentados anteriormente. Sabemos, por ejemplo, que la reasignación masiva de trabajadores a sectores poco productivos, como la construcción o los servicios básicos (turismo) está detrás de una parte del colapso de la PTF desde 1985. También que, en muchos sectores, las regulaciones son ineficientes a la hora de defender la competencia, lo que seca los recursos para la I+D. O que la escasa agilidad y eficiencia de los procedimientos judiciales acaba por perjudicar a muchas compañías, especialmente las medianas. El elevado grado de endeudamiento de hogares y empresas durante el largo periodo de expansión previo a la crisis financiera tampoco ayudó al aumento de la PTF, sino todo lo contrario. Una explicación habitual, no soportada por los hechos, es que el gran aumento de la PTF que experimentó España en las décadas previas a 1975, cuando se produjo una profunda modernización de la economía, agotó, por así decirlo, el margen existente. Como que ya habíamos tocado techo. No se sostiene esta explicación, que solo se acopla bien a -pero no explica en absoluto- los hechos observados. La prueba contrafactual es que mientras la PTF colapsaba en España en las últimas décadas, países de nuestro entorno, bastante más desarrollados que el nuestro, han seguido abriendo márgenes de crecimiento de su PTF que les han permitido aumentar sin cesar la renta per cápita real de sus ciudadanos y reducir sus tasas de desempleo a niveles de pleno empleo, como veíamos en la entrada anterior del blog. Han debido hacer las cosas, sin duda, bastante mejor que nosotros.

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