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Entre el estancamiento y el deterioro relativo, los principales indicadores de productividad de la economía española muestran muy elocuentemente que algo nos estamos dejando en el camino.

¿No crees, incomparable gemelo, que, de seguir así, acabaremos enquistando los problemas carentes de recursos y capacidad para afrontar, como país y sociedad, las oleadas de cambio estructural en las que estamos inmersos?

Dos datos fundamentales

Primero, el PIB realNos apresuramos a explicar qué es eso de «el PIB real», sobre todo por lo de «real». Contra la acepción habitual de lo real como lo que existe, los economistas distinguimos entre «nominal» y «real» para referirnos a magnitudes económicas expresadas, respectivamente, a precios corrientes, de cada ejercicio o momento del tiempo, y a precios constantes. El PIB real, por lo tanto, a diferencia del PIB nominal, expresa el volumen de bienes y servicios finales producido en un periodo de tiempo cualquiera (año o trimestre) valorado a los precios medio de uno cualquiera de esos periodos (año base), como si los precios no hubieran cambiado. Esto nos permite hacer comparaciones ínter temporales de las que se extrae una evolución efectiva de las magnitudes que comparamos no contaminadas por la mera variación de los precios. Por definición, en el año base coinciden la valoración nominal y la real de cualquier magnitud económica (el PIB, el consumo privado o el consumo público, por ejemplo), pero en cualquier otro año de una serie temporal la distancia entre la magnitud nominal y la real vendrá dada por un índice de precios (número índice o deflactor) acumulado en el tiempo). por habitante (a precios constantes), una dudosa e ineludible medida de bienestar medio, solo ha crecido un 29,7% en el periodo 1995-2021, es decir, un ritmo acumulativo anual del 1,00%. Para valorar esta evolución podríamos observar que, en los EE. UU., por ejemplo, el PIB por habitante ha crecido un 1,96% acumulativo anual, el doble, cuando además partía de un nivel de PIB por habitante mucho mayor. En Irlanda, que sufrió a finales de 2010 un duro rescate financiero, el PIB por habitante ha crecido a una tasa acumulativa anual del… ¡4,55%! De resultas de esta portentosa evolución, el PIB por habitante en Irlanda era de 80.535 euros en 2021, que contrastan vivamente con los 23.381 euros en España.

Segundo, la productividad o PIB real por trabajador, también denominada la «productividad aparente del trabajo», solo ha crecido un 7,9% en el periodo, es decir, un ritmo acumulativo anual del 0,29%. Verdaderamente insignificante. Puesto que esta medida de la productividad del trabajo incorpora también la productividad del capital ya que al ser el cociente entre el PIB y el empleo acapara también el producto atribuible a otros factores que hayan contribuido al PIB en cada ejercicio, esta bajísima tasa de crecimiento de la productividad del trabajo no augura nada bueno (vid infra). Como contraste, se constata que en Irlanda, en el mismo periodo, la productividad aparente del trabajo ha crecido un 155,75%, es decir, un ritmo acumulativo anual del 3,68%.

Estos datos y otros comparativos sobre los que volvemos ahora mismo se muestran en el cuadro siguienteEstos datos proceden de la Base de Datos AMECO, de la DG ECFIN de la Comisión de la UE. Se trata de una completísima base de datos macroeconómicos para todos los Países de la UE desde 1960 hasta el último año disponible (2021 en la actualidad) + dos años de previsiones. Se añaden también datos de países candidatos y de terceros países. Puede consultarse la base de datos AMECO en: https://ec.europa.eu/info/business-economy-euro/indicators-statistics/economic-databases/macro-economic-database-ameco/ameco-database_en#database.

Llevamos décadas comparando nuestro desempeño con el de la Unión Europea. Pues bien, es con la Zona del Euro con la que debemos compararnos, es decir, con los países de la moneda única, entre los que se encuentran algunos de los más avanzados del mundo, a los que decimos que nos gustaría parecernos.

En 1995, nuestro PIB real por habitante era un 72,75% del PIB real por habitante en la Zona del Euro. Pero en 2021 era incluso inferior, después de décadas de haberse beneficiado España de ayudas estructurales y sociales masivas procedentes de la Unión Europea, era 1 punto porcentual menor. No hemos avanzado nada en casi tres décadas. Mejor dicho, no hemos recortado distancia en este indicador respecto a la UE.

En materia de productividad aparente del trabajo, el indicador ha pasado del 95,77% en 1995, una buena posición casi a la par, al 85,74%. Un retroceso de 10 puntos porcentuales, ¡nada menos!

¿Dos décadas y media perdidas?

Entre 1995, cuando recién salíamos de una recesión que años antes había disparado las tasas de desempleo hasta el 24% en España, y 2021, apenas dejadas atrás cinco fuertes olas de la pandemia de la Covid-19, se han dado muchos desarrollos de naturaleza económica que los datos puntuales del cuadro anterior ocultan. Naturalmente, la economía española ha tenido un desempeño muy variado en estas casi tres décadas. En el gráfico siguiente se muestra la evolución de la tasa de crecimiento ínter anual del PIB real (línea continua). En esta ocasión entre 1965 y 2021, cinco décadas y media.

Hasta la crisis del petróleo (1975-1985), España crecía a tasas asiáticas alrededor y por encima del 6%, fruto de las reformas adoptadas a finales de los años 50 del siglo pasado que liberalizaron la economía.

Durante aquella crisis, el PIB creció sensiblemente menos, aunque nunca experimentó caídas significativas a pesar del ascenso del desempleo y la inflación, particularmente elevada a finales de los años setenta. La segunda mitad de los años ochenta, a pesar de la dura reconversión industrial, el crecimiento económico se mantuvo vigoroso gracias al saneamiento de la reconversión y la entrada en la entonces Comunidad Económica Europea, aunque ya no se volvería al patrón de la modernización de los años sesenta y primeros setenta. A principios de los noventa, la economía española experimentó una fuerte recesión de la actividad y el empleo, fruto del recalentamiento previo y primeros episodios de crecimiento apalancado, cuyo remate fueron los gastos excesivos de la Expo 92, las Olimpiadas de Barcelona y la expansión de la inversión pública (AVE).

En 1995, la economía española estaba ya en condiciones de crecer de nuevo, crecimiento que se vio acelerado y sostenido durante más de una década especialmente espoleado por la disciplina del euro y los bajos tipos de interés del endeudamiento público y privado. La crisis financiera internacional, desatada en 2008, se expresó en España a través del estallido de una descomunal burbuja inmobiliaria que, años después, requeriría el rescate del sector financiero español (cajas de ahorros), y pasó por dos profundas recesiones en 2009 y 2012-2014. No habiéndose rebasado todavía en 2020 todos los niveles previos a la gran recesión de 2009, la Covid-19, aún por superar definitivamente en la actualidad, vuelve a complicar la situación económica con una recesión de intensidad nunca experimentada antes en la que el PIB desciende en 2020 por encima de un 10%. Finaliza, como es bien sabido, 2021 con una fuerte dislocación de las cadenas globales de suministro y los mercados energéticos y una aceleración inflacionaria que presagian un escenario de «estancamiento con inflación» y, ya entrado 2022, Rusia invade Ucrania el 24 de febrero dislocando aún más las cadenas de suministro globales de producciones alimentarias básicas y materias primas energéticas, lo que, para todos los países occidentales, representa una fuerte aceleración de la inflación y la desaceleración de la actividad económica en vías de recuperación de la Covid-19.

Pueden aducirse pues numerosas causas para explicar los magros resultados cosechados por la economía española en estas dos décadas y media que, básicamente, se dividen en una primera mitad de crecimiento inflado por la deuda y una segunda mitad de recesión y estancamiento causado por el estallido de la burbuja, a la que se suma la pandemia.

Pero el caso, incomparable gemelo, es que estos mismos factores han acompañado a la mayor parte de las economías occidentales y no occidentales y, no obstante, algunas de estas se han desempeñado mucho mejor que la española. El caso de Irlanda, afectada además por un rescate financiero en 2010, es clamoroso. También encontramos casos de magnífico desempeño en los EE. UU. y los Países Bajos.

Progreso Tecnológico nulo

El gráfico anterior cuenta también otras historias complementarias a las del crecimiento del PIB. Junto a la línea continua que muestra la evolución de las tasas de crecimiento interanual del PIB real, se muestra para cada año una descomposición de las tres fuentes básicas de las que procede el crecimiento del PIB: la acumulación trabajo (más brazos), la acumulación de capital (más máquinas) y la acumulación de tecnología o «progreso tecnológico».

De estos tres nacederos que nutren el PIB real, el trabajo y el capital se estiman por métodos directos y con una simple regla de atribución (sus participaciones respectivas en la renta nacional) se puede identificar qué parte del crecimiento de cada año corresponde al uso estricto de estos factores productivos en ese año (puede haber trabajadores o capital ocioso en cada momento). Puesto que sabemos lo que ha crecido el PIB (por ejemplo, un 3%) y lo que han crecido el trabajo y el capital, una vez corregidas sus tasas de crecimiento respectivas por ese factor de atribución antes mencionado (por ejemplo, un 1% cada uno), podemos deducir que la aportación del progreso tecnológico al crecimiento del PIB ha sido también de 1 punto porcentual, resultante de restar al 3% en que ha crecido el PIB real, el 1% en que han crecido tanto el trabajo como el capital una vez corregidos por su participación en la renta nacional.

En esta descomposición, el progreso tecnológico no gira en el vacío. Es decir, no está desvinculado de la acumulación de trabajo y capital aplicados a la producción y cada vez más ambos factores incorporan mayores dosis de este progreso técnico que impacta en el PIB a medida que se renueva el trabajo y el capital aplicado a la producción. Por esto al progreso técnico se le denomina también en esta descomposición «Productividad Total de los Factores», o PTF.

El gráfico anterior nos dice claramente que la PTF, el motor detrás del aumento de la renta por habitante y de la productividad aparente del trabajo, tiene altibajos con el ciclo, aunque conviene verla en periodos largos, como medias del periodo. Lo que es evidente en el gráfico, no obstante, es que la PTF dejó de crecer a tasas elevadas a mediados de los años setenta del siglo pasado y que, desde 1995, ha tenido numerosos episodios de crecimiento muy reducido o, incluso, de descenso.

El agotamiento del ciclo de la PTF es un fenómeno que caracteriza a la economía española desde hace décadas. De hecho, para encontrar un periodo en el que la media de la aportación de la PTF al crecimiento del PIB en ese periodo no sea nula o negativa hay que ir hacia atrás hasta… ¡1984!

Incomparable gemelo, en este punto en el que casi cuatro décadas en las que la aportación de la PTF, es decir, el progreso tecnológico, al crecimiento del PIB presenta una media de exactamente cero, hay que preguntarse sobre qué hemos hecho y qué han hecho los demás.

Pues lo que ha hecho la economía española es incorporar millones de trabajadores a su fuerza laboral e importantes masas de capital. Todo ello está recibiendo su remuneración, faltaría más. Por eso el PIB ha crecido. Pero este crecimiento parece que tiene muy poco contenido de progreso tecnológico que esté verdaderamente estimulando la productividad y la renta por habitante. En otras palabras, Incomparable, no ha mejorado nuestra renta per cápita real pero tenemos más gente trabajando, más viviendas secundarias y más rotondas que nunca. Algo es algo.

Los países de los que antes hablábamos han tenido un desempeño bastante mejor que España en estas materias. Puede verse en el cuadro y gráfico siguientes la misma descomposición de factores de crecimiento del PIB real que se acaba de describir para España referida al periodo 1995-2021 dividido a su vez en dos subperiodos separados por la gran recesión.

En todo este periodo, y en cada uno de los dos subperiodos, la aportación de la PTF (progreso tecnológico) al crecimiento del PIB ha sido negativa. En todos los demás países seleccionados la aportación ha sido positiva, bien a menudo por encima de un 0,5% anual.

En el subperiodo de fuerte expansión económica experimentado en todo el mundo, entre 1995 y 2008 (con una breve recesión en algunos países en 2002), España creció a ritmos elevados (alrededor del 3,5% real), Irlanda destacó creciendo a una media del 6% y los Países Bajos tampoco lo hicieron nada mal. Este crecimiento se basó en España en una gran creación de empleo y una fuerte acumulación de capital que, sin embargo, consistió en activos inmobiliarios no directamente productivos. Países como Irlanda y los Países Bajos también experimentaron procesos de fuerte crecimiento del empleo y acumulación de capital. La PTF, en Irlanda y los Países Bajos avanzó con rapidez, especialmente en Irlanda en donde contribuyó al crecimiento del PIB real en una buena mitad de la gigantesca tasa de crecimiento observada.

En el subperiodo 2009-2021 las cosas cambiaron radicalmente. El crecimiento del PIB real fue sensiblemente más bajo de forma generalizada, con la excepción de Irlanda, en donde fue incluso más intenso que en el subperiodo previo, alcanzándose una tasa acumulativa media del 6,73%. De estos 6,73 puntos porcentuales de crecimiento del PIB, la PTF aportó 5,74 puntos. Algo a priori inconcebible para un país que en 2010 sufrió un rescate financiero. Los EE. UU. tuvieron también un desempeño espectacular con la PTF aportando 2,21 puntos porcentuales al crecimiento del PIB. Alemania sorprendió con un desempeño tan bueno como el que experimentó en el subperiodo precedente, que en dicho subperiodo de prosperidad generalizada se podía calificar de mediocre pero que tras la gran recesión resultó ciertamente muy bueno; incluso destacó en la aportación que la PTF hizo al crecimiento del PIB, con 0,67 puntos porcentuales, casi la mitad del crecimiento del PIB. España, por fin, dejó de crear empleo neto en este segundo subperiodo y la aportación de la PTF al muy magro crecimiento del PIB en este subperiodo (una mera duodécima parte del crecimiento en el primer subperiodo) volvió a ser negativa.

En el gráfico siguiente se puede visualizar la impresión que causan estos desempeños. Destacan el «milagro del tigre celta» que, pese a la intervención ha vuelto por sus fueros, la fortaleza de la economía americana, la inusitada buena respuesta de la economía alemana tras la gran recesión y el descalabro de la productividad de la economía española, un gigante con pies de barro en la década gloriosa del ladrillo.

Coda

Todo lo que se cuenta en esta entrada es bien sabido de los buenos economistas españoles. En las clases de macroeconomía de los buenos departamentos de economía de las universidades españolas, los alumnos, de la mano de sus profesores, saben utilizar las técnicas elementales que se necesitan para obtener los resultados que se muestran en los cuadros y gráficos anteriores.

Cualquier buen docente y macroeconomista podría explicar todo esto en menos de dos tardes a los responsables políticos que lo deseasen. Los altos cargos de los ministerios económicos también saben hacer estos cálculos y algunos están hartos de hacer este tipo de ejercicios, incluso más sofisticados. Saben todos que no estamos creciendo, menos aún con calidad. Saben todos que en estas condiciones es imposible financiar un Estado de Bienestar que supera con mucho, en ambición al menos, al de países más avanzados que nosotros, que sí están creciendo basados en el progreso tecnológico.

Hemos escrito esta entrada con el ineludible aparato de datos y razonamientos, porque puede que no sea, su lectura, asequible a todo tipo de lectores. A los que pedimos paciencia y perseverancia para proceder a su lectura y agradecemos hayan llegado hasta esta coda. Nos abruma, ¿no es así, incomparable gemelo?, lo que estos datos nos dicen, porque no es bueno y porque lleva produciéndose durante décadas como si no sirviese de nada que a un gobierno de tal signo le suceda otro del signo contrario. Como si las advertencias y los desvelos de tantos y tan grandes macroeconomistas, economistas laborales, economistas de la educación, de las pensiones, de la salud, como han trabajado, enseñado y publicado en los últimos cuarenta años en España no hubieran servido para nada. Qué, obviamente, no han servido. Porque nuestra economía, la economía española, es una economía menguante.


[1] Nos apresuramos a explicar qué es eso de «el PIB real», sobre todo por lo de «real». Contra la acepción habitual de lo real como lo que existe, los economistas distinguimos entre «nominal» y «real» para referirnos a magnitudes económicas expresadas, respectivamente, a precios corrientes, de cada ejercicio o momento del tiempo, y a precios constantes. El PIB real, por lo tanto, a diferencia del PIB nominal, expresa el volumen de bienes y servicios finales producido en un periodo de tiempo cualquiera (año o trimestre) valorado a los precios medio de uno cualquiera de esos periodos (año base), como si los precios no hubieran cambiado. Esto nos permite hacer comparaciones ínter temporales de las que se extrae una evolución efectiva de las magnitudes que comparamos no contaminadas por la mera variación de los precios. Por definición, en el año base coinciden la valoración nominal y la real de cualquier magnitud económica (el PIB, el consumo privado o el consumo público, por ejemplo), pero en cualquier otro año de una serie temporal la distancia entre la magnitud nominal y la real vendrá dada por un índice de precios (número índice o deflactor) acumulado en el tiempo).

[2] Estos datos proceden de la Base de Datos AMECO, de la DG ECFIN de la Comisión de la UE. Se trata de una completísima base de datos macroeconómicos para todos los Países de la UE desde 1960 hasta el último año disponible (2021 en la actualidad) + dos años de previsiones. Se añaden también datos de países candidatos y de terceros países. Puede consultarse la base de datos AMECO en: https://ec.europa.eu/info/business-economy-euro/indicators-statistics/economic-databases/macro-economic-database-ameco/ameco-database_en#database

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