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Al gato que escribe los poemas de Antonio Ferres 

Los perros y los gatos no sólo se llevan mal en su coexistencia doméstica, sino que han venido confrontándose en otros foros. Así, por ejemplo, en Internet vienen ganando los gatos, pero los perros los eclipsaron en su día cuando se decidió que el del perro sería el cuarto genoma animal en ser secuenciado, después del humano, el del ratón y el de la rata. Algunos descontentos han propalado la idea de que esa injusticia se perpetró arbitrariamente por los poderes fácticos. Con mucho retraso, el conocimiento del genoma felino está intentando equipararse al del canino. Esto se refleja en editoriales y artículos que han aparecido en Nature y otras revistas, de las que entresaco algunas ideas curiosas.

Las diferencias entre perros y gatos han quedado bien sintetizadas por el periodista inglés Christopher Hitchens: «Los propietarios de perros habrán notado que, si provees a éstos de alimento y agua y cobijo y afecto, pensarán que eres dios, mientras que los propietarios de gatos están obligados a darse cuenta de que, si les provees de alimento y agua y cobijo y afecto, serán ellos los que pensarán que son dios». A la hora de distinguir entre los citados propietarios, hay quien defiende que, mientras los de los perros son más disciplinados y más dispuestos a caminar, los de los gatos son más neuróticos y más extravertidos, una tesis sin mayor fundamento, aunque es cierto que los propietarios de perros sufren siete veces más accidentes con sus mascotas que los de gatos con las suyas, algo que les es imputable en parte.
El interés científico del genoma del gato no es muy distinto del que existía en el caso del perro, ya que ambas especies tienen enfermedades genéticas en común con la humana, cuyo estudio puede verse facilitado por la genómica comparativa. Luego hay cuestiones evolutivas relevantes, tales como las relaciones de este felino con especies próximas. Una cuestión puntual de cierto interés será tratar de establecer las bases genéticas de las diferencias de comportamiento entre gatos salvajes y domésticos. ¿Por qué los primeros te atacan a traición mientras los segundos se te tienden en los brazos? ¿Por qué se pelean los perros y los gatos? ¿Cuáles son los genes concretos, en uno y otro genoma, responsables de este notable comportamiento? En hogares en los que se desee que convivan pacíficamente ambas especies, parece que para conseguirlo debe empezarse por el gato y establecer la convivencia cuando son jóvenes.

El retraso de la elucidación del genoma felino con respecto al canino ha tenido una consecuencia no esperada: por lo que costó este último, pueden secuenciarse miles de genomas felinos individuales. De hecho, parece que ahora cualquiera puede contribuir al proyecto científico con el encargo de la secuenciación del genoma de su propio gato mediante la aportación de la modesta cantidad de siete mil quinientos dólares. Pronto podría darse la nada atractiva posibilidad de poder encargar una mascota con las exactas características físicas y de comportamiento que se deseen: gris perla, pelo rizado, agresividad selectiva… El tiempo dirá.

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