Los encantos de lo previsible


NATURALEZA INFIEL
Cristina Grande
RBA, Barcelona
142 pp. 16,50 €

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No es infrecuente que una primera novela, y ésta lo es, delegue la narración en el discurso del personaje para que en primera persona cuente su pequeña historia y la memoria de su aprendizaje existencial y de su educación sentimental, como si la fuerza del instinto empujara a quienes se estrenan en la novela a realizar un recuento de su vida privada (que esté fundamentado en hechos reales importa poco en literatura). Es lo que desde hace ya tiempo se conoce como novela de iniciación o de aprendizaje, que, en muchos casos, deriva de suponer que su peripecia es más interesante o simplemente distinta de las otras.
Naturaleza infiel tiene una virtud: se lee con suma facilidad y consigue mantener el interés a lo largo de su recorrido. Para lograrlo, Cristina Grande (oscense de 1962) recurre a una escritura correcta (que no es poco hoy día), a una estructura narrativa dotada de la suficiente ligereza (la novela se construye de modo fragmentario y sus pequeños capítulos pueden considerarse secuencias narrativas ajenas al orden temporal sucesivo y, por tanto, intercambiables), y a una forma de narrar ágil, sin digresiones ni pausas, que se ciñe con firmeza a lo sustancial de las anécdotas.
Pero tiene dos defectos evidentes. El primero atañe al asunto. Naturaleza infiel, pese a sus devaneos tremendistas o morbosos, en especial cuando se introduce en el submundo de las drogas o en los espacios límite del sexo que pueden atraer a bastantes lectores, narra una historia familiar de medio pelo, un poco folletinesca y nada sorprendente en todos y cada uno de sus miembros, que tal vez sólo interese a quienes suelen leer argumentos cercanos en los que gustan ver reflejadas sus propias vidas.
El segundo se refiere al lenguaje. Cristina Grande, en su afán por acercarse a los lectores, prefiere lo habitual a lo imprevisible, de modo que, por un lado, abusa de referencias culturales, del cine o de la música, demasiado tópicas, ya desde la primera página, y, por otro, utiliza de manera sistemática un lenguaje cotidiano, igualmente tópico en frases y modismos, que perjudican en gran medida al carácter y al nivel exigibles en literatura.

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