Nada nuevo

Grillo

JORGE MACHADO

En 1996, a los veintidós años, publicó José Machado A dos ruedas , su primera novela, un relato fragmentario y mediocre que intentaba expresar la desorientación de su personaje mediante una estructura de road movie y un tipo de discurso muy contaminado por el rock. Las confluencias entre autor y personaje eran evidentes y la novela se sumó a la moda de entonces, una narrativa escrita por gente muy joven que, bajo el marbete del realismo, aunque en su caso con aires vanguardistas, y desde una perspectiva claramente costumbrista, reflejaba desasosiegos juveniles o peripecias urbanas.

Han pasado siete años, y tanto autor como personaje, aunque hayan cambiado algunas circunstancias, permanecen en el mismo punto de partida y dentro del mismo territorio de desorientación existencial. Arturo Setanta, que se hace llamar «Grillo», es, como José Machado, un escritor de veintisiete años que publicó su primera novela en 1996 y en el presente está escribiendo, a trancas y barrancas, la segunda. Grillo plantea, así, un contrapunto entre el pasado y el presente para reconstruir la franja temporal que transcurre entre las dos novelas, y que, con forma de peculiar odisea urbana, va alternando el relato del dolce far niente actual de Arturo, de sus andanzas nocturnas y sus excesos alcohólicos o eróticos carentes de objetivos o sentidos existenciales, con el de otros períodos de su vida que, teniendo en cuenta lo anterior, resultan inverosímiles por sus productivos resultados profesionales.

Este juego de confluencias entre autor y personaje se ajusta a un modelo de narración autobiográfica o iniciática que sigue teniendo como meta, al igual que en su primera novela, el testimonio asfixiante de la desorientación del ser humano o, en todo caso, la premeditada actitud de quien, como los viejos románticos, se sitúa al margen de lo establecido o se enfrenta tenaz a los esquemas sociales habituales. La trama adquiere ese sentido, sin duda, cuando el personaje narrador cuenta sus desatinos actuales, cuando recuerda las delirantes relaciones familiares con su abuelo y sus padres o la indeleble obsesión amorosa hacia la mujer que le ha abandonado, y cuando confirma, en definitiva, sus propósitos sistemáticos de no tener ni perseguir un lugar fijo en el mundo.

Ahora bien, la literatura no se crea sólo con buenas intenciones, por lo que a esta novela pueden ponérsele varias objeciones. Por ejemplo, no es nueva a estas alturas de la narrativa, al menos desde hace un siglo, la creación de un personaje cuyo interior confuso y desvariado entra en conflicto con la realidad. José Machado repite un cliché que viene de lejos con la presunción de escribir, como dice su personaje, su «propia página –una página más, decimos nosotros– de la gran tragedia del hombre contemporáneo» (pág. 165). Tampoco es nueva la confesión metaliteraria de un narrador que cuenta sus penalidades de escritor «maldito» por su falta de armonía con las circunstancias y su incompatibilidad con los demás.

Aun así, hay que reconocer, ya que la configuración estética de los tópicos depende de su tratamiento literario y no de su contenido específico, que el autor manifiesta una capacidad notable para contar la historia y desarrollar los motivos que la conforman. Pero es en la configuración estética de los tópicos, precisamente, donde reside el punto más débil de la novela. Está aceptado, en general, que uno de los rasgos que definen al lenguaje literario es su carácter innovador. Pues bien, el discurso literario de Grillo no lo es, aunque se pretenda con el empleo frecuente de estructuras lingüísticas heterogéneas y de apariencia caótica.

El narrador, con un propósito de innovación y provocación, mezcla diversos registros lingüísticos, dentro de un abanico que va desde el nivel culto con intenciones experimentalistas hasta el más coloquial y vulgar. Sin embargo, no parece probable que en nuestro tiempo sean innovadores algunos juegos vanguardistas, léxicos o gráficos, que fueron sorprendentes hace casi un siglo, ni que exacerben al lector de hoy las sucesivas expresiones malsonantes que, a imitación del llamado «realismo sucio» o, lo que es peor, del lenguaje callejero cinematográfico o televisivo, abastecen las páginas de esta novela.

Grillo es, por tanto, y aunque ha sido galardonada con el último Premio Lengua de Trapo, una novela engañosa, simplemente porque pretende ser original e innovadora en aquello, como se ha visto, en que no lo es: su único atisbo de modernidad, tanto en la historia y los motivos temáticos como en el discurso literario, está representado por lo que tiene, como otras novelas de hoy, de reflejo de la actualidad cotidiana, un reflejo propio del costumbrismo más habitual y al mismo tiempo más rancio que, pese a las objeciones, y sobre todo por su cercanía al lector, sigue siendo muy comercial.

Ficha técnica

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