Manuel Rivas: El pueblo de la noche


O pobo da noite Antoloxía poética, El pueblo de la noche Antología poética
MANUEL RIVAS
Edicións Xerais, Vigo, 1996, Trad. de Dolores Vilavedra
Alfaguara, Madrid, 1997

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Los comienzos poéticos de Manuel Rivas se remontan a los tiempos en que en Madrid, donde estudiaba periodismo, formó parte del equipo que confeccionaba la revista artesanal Loia (1977). Con Rivas integraban dicho equipo los hermanos Pereiro, el más joven, Lois, ha muerto no hace mucho de muerte especialmente venenosa dejando detrás un libro para el futuro, Poesía últimade amor e enfermidade (1995), Xan Guisán y Fermín Bouza. Desde estos inicios, la primera entrega individual de Rivas, Libro de Entroido, data de 1980, el autor gallego ha venido demostrando un importante impulso lírico en paralelo a otras manifestaciones literarias suyas más populares: narrativa, periodismo. La selección de la antología poética de O pobo da noite (ya traducida al castellano), hecha por el propio Rivas y prologada por Xesús González Gómez, recoge muestras de un quinteto de libros publicados entre 1980 y 1995. La lista se abre y cierra con los volúmenes ya citados; de ella cabría destacar el título del cuarto, Ningún cisne (1989) por significativo. En efecto en la poesía gallega publicada en la década de los ochenta, tediosamente culturalista, estetizante hasta la arterioesclerosis, Manuel Rivas vino a significar una puerta abierta al campo con una poética fresca, natural, vivaz, lo que no quiere decir ausente de referencias culturales. Pues como sabe el lector de Rivas, este escritor coruñés del 57 trufa su discurso con citas y muletillas tomadas prestadas de otros autores, que no terminan de caerle mal a una dicción tan espontánea. Esta característica, la de la espontaneidad, es la que salta a la vista (en una primera lectura) ante la poesía de Manuel Rivas. Ahora, una espontaneidad reelaborada por siglos de tradición literaria a la que Rivas no es ajeno. Así detrás de la sencillez y naturalidad rivasianas están una sólida preparación cultural, un cuidado minucioso a la hora de engarzar el léxico, un fingido desprecio por la métrica que si aquí es ajena a las alquimias hoy habituales mima la estructura versolibérrima. Todo esto es la poesía de Manuel Rivas, un sí no es de la experiencia pero reflejada ésta con el suficiente pudor como para que resulte épico-lírica y en absoluto exhibicionista. Por otra parte y puesto que los libros que la componen se entremezclan entre sí formando un cuerpo único podríamos considerar la obra de Rivas como un «artefacto». De este modo, en una cata a ciegas, sería factible ir del Rivas antiguo al moderno sin apenas apreciar matices. Sello de artista se llama, tal vez, esta figura.

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