La escritura como venganza

PAPELES DE RECIENVENIDO Y CONTINUACIÓN DE LA NADA

Macedonio Fernández

Barataria, La Puebla de Cazalla

284 pp. 15 €

Precedido por un retrato ampuloso de Ramón Gómez de la Serna, y epilogado con sobriedad fúnebre por Jorge Luis Borges, este libro de Macedonio Fernández va más que sobrado de encuadernación. Y es, como casi toda la obra de este autor, un conjunto de textos marcados por el ingenio, la sorpresa y un juego de lenguaje.

Macedonio Fernández (Buenos Aires, 1874-1952) llegó a los lectores de Borges como si se tratara de su bastón de ciego. Sin Borges no lo habríamos conocido. Se trataba del padre literario, de un predecesor, del modelo a imitar. Era el hombre que cultivó todos los géneros y la negación de los mismos géneros. Ninguna forma literaria parecía satisfacerlo. De manera que no tuvo más remedio que crear sus propias fórmulas de escritura (y de pensamiento), que en cierto modo serían intransferibles. Claro que Borges, sutil cleptómano de escritores, usurpó algunas invenciones de su admirado Fernández y lo hizo con enorme cautela para ahuyentar los riesgos del plagio. ¿Acaso Borges necesitaba plagiar a alguien que no fuera al mismo Borges?

Macedonio Fernández reventó el corsé literario de su tiempo en Argentina e inventó, entre otras cosas, sus biografías imposibles e improbables. Un ejemplo será su propia, divertida y anárquica autobiografía. Incrédulo, insolente, escéptico e irónico, hará «cuanto esté en su mano y otras extremidades» para que «todo lo que afirma de sí el autobiografiado sea lo que no es y quiso ser».

En un texto titulado Página involuntaria traza el paralelismo entre Einstein y él mismo, Macedonio Fernández, sustentando ese parentesco en un hecho tan disparatado como la invención de un peine con un solo diente o púa, texto que con la máxima seriedad provoca la carcajada del lector. «Como Einstein no acostumbra a peinarse, y yo lo hacía con mi peine de un solo diente, exclusivamente, dado que el uso de este peine mío deja las cosas en la cabeza como las encuentra (lo que es un respetar y se parece enteramente al sistema de la Instrucción Pública de dejar todo como antes), nos parecíamos de cabeza, con la diferencia de que él no usaba peine alguno pero usaba la cabeza, y yo usaba el peine de un solo diente pero no la otra cosa».

Es justo que Jorge Luis Borges reconozca en la despedida dedicada a Fernández que «yo por aquellos años lo imité, hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio. Yo sentía: Macedonio es la metafísica, es la literatura. Quienes lo precedieron pueden resplandecer en la historia, pero eran borradores de Macedonio, versiones imperfectas y previas. No imitar ese canon hubiera sido una negligencia increíble». Para Borges, el mejor estilo de su maestro no era el que expresaba por escrito, sino el discurso oral. Macedonio hablando superaba al de la página escrita. Claro que un autor oral es siempre presa fácil de la fabulación, el equívoco y la manipulación interesada.

Por eso es oportuno que Barataria ofrezca hoy, contra las modas y demandas de un mercado obediente a su engañosa publicidad, un libro de Macedonio Fernández que no esperábamos. Un libro que recoge los Papeles de Recienvenido y la insuperable Continuación de la Nada. Juntos, componen un volumen que nos permite disfrutar de un lenguaje que no ha sido vendido ni prestado, una voz que es original, conmueve, inspira y alerta al lector hastiado de lugares comunes, éxitos efímeros de ventas y repeticiones insulsas.

«Hasta casi los setenta años –escribe en Pose n.º 5– nunca admití dinero por colaboraciones o libros míos porque no puedo escribir bajo compromiso. Cuando algo tengo escrito, soy yo que pido me lo publiquen. Y de todos modos mis lectores caben en un colectivo [autobús] y se bajan en la primera esquina». En este juego incesante de alusiones e intercambios Borges-Fernández, será el sarcástico Macedonio quien nos confesará la deuda contraída con Borges: «Comencé a ser yo el autor de lo mejor que él [Borges] había producido. Fui un talento de facto, por arrollamiento, por usurpación de la obra de él». Pedro de Olazábal señala en una carta que «Macedonio Fernández no nació desnudo. Para mí que nació desollado». Y su estrecha relación con Ramón Gómez de la Serna permitió que hablaran largo y tendido sobre infinidad de asuntos, entre ellos la Guerra Civil española: «Nunca ha estado más desprestigiada la muerte», dijo Macedonio indignado.

Unas tras otras, son memorables las páginas de Continuación de la Nada, un texto en el que Macedonio delira sabiamente: «Amo y cultivo la nada insolemne, no me refiero a la nada voluminosa en páginas de tanto discurso y memorias. Sería deplorable que el lector se extraviara en lo existente cuando yo le prometo como único arte pasearlo en las espesuras de la nada». Y más adelante: «Cuando lo serio va con lo solemne, es que lo serio no va: lo mío no va solemne porque no es estéril: por fin tendréis la Nada». Cuando lo suyo parece estéril, banal, pintoresco o sencillamente raro, debemos leer dos veces la frase que bailotea ante nuestros ojos. Fue envuelta en otra frase que la protege como una segunda piel: «No leer es algo así como un mutismo pasivo; escribir es el verdadero modo de no leer y de vengarse de haber leído tanto».

Ficha técnica

3 '
0

Compartir

También de interés.

Recordamos a nuestros suscriptores que, con ocasión del regreso al papel de Revista de Libros, el día 10 de diciembre, a las 19.00h., en la Fundación Ramón Areces, la escritora Elvira Navarro, el periodista cultural Jesús García Calero y el filósofo Javier Moscoso dialogarán sobre cómo se transforman los géneros literarios y cambian los lectores; sobre cómo, en nuestros tiempos, las ficciones conviven con realidades, ya sea en la historia o en la literatura, o cómo el formato, ya sea digital o material, determina nuestra relación con los libros y sus críticos.

El mundo del libro, ese maravilloso invento que nos acompaña desde hace milenios, sufre en la actualidad transformaciones en su diseño, en su público y en sus propósitos. Así que, mientras aprendemos a leer en diagonal en los formatos digitales, seguimos pasando páginas, cuestionando premios y jurados, formando comunidades y asociaciones, y anunciando una y otra vez la muerte del papel que, afortunadamente, nunca llega a producirse.

Elvira Navarro es escritora de fama internacional. Su última obra publicada es La sangre está cayendo al patio.

Jesús García Calero es periodista, director de ABC Cultural.

Javier Moscoso, profesor de investigación del CSIC, es director de Revista de Libros.

Premio a la mejor contribución, reseña o ensayo, para menores de 35 años.

Con objeto de fomentar y poner en valor la escritura y la lectura crítica entre jóvenes talentos, y con la colaboración de la Fundació Banc Sabadell, Revista de Libros convoca el premio «Nuevas voces» destinado a reconocer reseñas y breves ensayos publicados en nuestras páginas. El premio, de carácter anual, tendrá una dotación económica de 1.000 euros, que se entregarán en un acto institucional en octubre de este año.