El nacionalismo es el opio del pueblo
El estúpido tiene al menos dos ventajas innegables sobre nosotros. La primera, que la estupidez en general nunca descansa. La segunda, más concreta, aunque estrechamente vinculada con la anterior, es que el idiota es inasequible al desaliento, rara vez se da por vencido. Una discusión con un estúpido recalcitrante es una batalla perdida de antemano y no exactamente por el hecho elemental de que no atienda a razones sino porque le motiva una contumacia invencible.






