Imágenes operativas. De la representación visual al cálculo y la automatización
Jussi Parikka
Trad. de Maximiliano Gonnet
Buenos Aires, La Caja Negra, 2025
368 págs.
Jussi Parikka, un profesor finlandés de estética y tecnología, ahora profesor y visitante de universidades de primera línea, forma parte activa de lo que podríamos llamar ya una revolución metafísica en los estudios visuales. Algo muy similar a lo que fue la performatividad del lenguaje de Austin y Searle a Derrida y Judith Butler. Ahora más profundo el cambio pues afecta a la parte de la sensibilidad humana más comprehensiva en la interacción cuerpo-cultura-mundo. De las viejas disputas sobre qué quieren y qué muestran las imágenes a la perentoria cuestión de qué hacen las imágenes y cómo hacemos las imágenes. En ciencia, en tecnología, en el ámbito militar y de la guerra, en medicina, en la vida cotidiana, la producción de imágenes no es menos importante en términos materiales de infraestructuras, energía, movilización de recursos humanos y financieros que los de cualesquiera otros dominios de la producción.
¿Cómo haremos visible lo invisible de la producción de imágenes? Me hice muy amigo del gran astrónomo de espectrografía estelar Carlos Jaseck en su jubilación en Salamanca, donde colaboramos en cursos de astronomía y cultura. Me contaba que sus alumnos le entregaban montones de fotografías espectrales para que detectara las estrellas de procedencia. Muchas eran falsas y obtenidas de los ordenadores. Se asombraban de que él nunca fallaba en dejarlas a un lado. Su cerebro captaba los patrones con la misma habilidad que los algoritmos. Parikka nos relata el complejísimo proceso de obtención de la imagen de un agujero negro en 2019, que conllevó una movilización descomunal de recursos humanos, de algoritmos, de datos (350 terabytes diarios que tenían que ser almacenados, procesados y sincronizados). Las nuevas guerras en las que la construcción de imágenes para uso de drones y misiles de alta precisión han transformado el mundo ingenuo de lo visible en complejas formas de, como indica Parikka, «gestionar la vida sobre la Tierra».
Las prácticas tecnológicas plantean qué es una imagen. Quizás, observa, los códigos QR nos desvelen hasta qué punto la intermediación de prácticas, técnicas, usos, bucles informacionales y materiales rehacen en un continuo interminable la ciudad, la Tierra misma. Parikka se inspira y usa los montajes e instalaciones del gran cineasta del nuevo cine alemán Harun Farocki, quien en una entrevista respondía que debemos «considerar el cine como parte de una historia de otras técnicas y tecnologías de vigilancia, medición, cálculo y automatización».
Me atrevo a reafirmar mi juicio de que nos encontramos ante un libro que no solamente supone un giro en los estudios visuales, sino también en las teorizaciones de la cultura material y la filosofía de la técnica.










