Mónica Ojeda
Chamanes eléctricos en la fiesta del sol
Barcelona, Random House, 2024
280 págs.
«La visión del mundo sub specie aeterni consiste en verlo como un todo. Un todo limitado. El sentir el mundo como un todo limitado es lo místico» afirma Wittgenstein en el Tractatus lógico-philosophicus (6.45). Cada cultura y cada tiempo crea sus propias técnicas para trascender la miseria de los días y alcanzar el estado de reconciliación con el mundo como un todo, de sentirse parte de un flujo más profundo de la vida que el que ofrece una realidad a veces aburrida y a veces peligrosa y amenazante. Entre esas técnicas incorporadas a los rituales descuellan la música y la danza colectivas, la confluencia de las melodías, las voces y los cuerpos en movimiento, en audiotopos sagrados, a veces templos, a veces, como en esta novela, los alrededores del Chimborazo, a donde acuden los varios personajes a la fiesta del Inti Raymi. Voces diversas que gravitan alrededor de Noa, la joven que busca a su padre en una foresta y busca disolverse en ese todo, rodeada de los diablumas y otros seres míticos que son convocados en una fiesta de danza y música en la que se mezclan estilos, ritmos y cadencias de tierras y tiempos cercanos y lejanos.
La ecuatoriana Mónica Ojeda (1988) se ha convertido en una de las grandes representantes de la literatura en español a través de sus relatos en los que la violencia, el terror y el misterio son acercados al lector de forma oblicua, como si lo fantástico no fuese otra cosa que una sombra proyectada por la violencia cotidiana: «El país entero sufría de sismos, pero Guayaquil era peligrosa y la gente moría a diario por otras razones. Niños empuñaban armas mientras nosotras descubríamos lo que era sentirse bien con alguien distinto a uno mismo, alguien con quien hablar de lo que daba vergüenza, como la masturbación o los dolores privados. Nos reíamos, bailábamos Bomba Estéreo y Dengue Dengue Dengue! y nos contábamos la verdad: que solo conocíamos la violencia de la naturaleza y de los hombres, pero que anhelábamos la alegría y el disfrute. Una vida menos regida por la muerte». Dos jóvenes Noa y Nicole se alejan de la oscuridad de la ciudad para alcanzar la iluminación bajo el volcán. El relato es absorbente, alucinante, alucinógeno, con un compás en el que resuenan las músicas rituales de la fiesta. Un año después de este libro, Oliver Laxe trataba con una aproximación cercana el viaje al fondo de los infiernos en su película Sirat, que comparte muchos elementos con el relato de Ojeda. Un libro necesario para leer en los tiempos oscuros.






